Lecciones de la gripe de 1918: las ciudades que adelantaron el distanciamiento social crecieron más tras la pandemia

En tiempos inauditos, “inexperimentados” -el brillante término acuñado por el filósofo español Emilio Lledó para referirse a estos meses víricos-, conviene más que nunca echar la vista atrás, hasta uno de los pocos precedentes en los que podemos encontrar algo de luz sobre los efectos económicos de una pandemia: la mal llamada gripe española de 1918. Todas las precauciones son pocas: el mundo y la economía ha cambiado, y mucho, desde entonces. Pero la epidemia de gripe de principios del siglo pasado, según estiman los investigadores Sergio Correia, Stephan Luck y Emil Verner, también deja algunas lecciones válidas para afrontar el choque económico del coronavirus. Entre ellas, que las ciudades que primero tomaron medidas de distanciamiento social y fueron más agresivas en su aplicación “no solo no tuvieron un desempeño peor, sino que crecieron más rápido cuando la pandemia pasó”. Y que “las intervenciones no farmacológicas [entre ellas, el cierre de colegios, teatros e iglesias; la prohibición de reuniones públicas y funerales; la puesta en cuarentena de los casos sospechosos y la restricción en los horarios de apertura de negocios] no solo redujeron la mortalidad: también mitigaron las consecuencias económicas adversas de la pandemia”, cierran los investigadores, los dos primeros de la Reserva Federal de EE UU y de la Reserva Federal de Nueva York y el tercero, del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

“Las intervenciones no farmacológicas pueden tener réditos económicos, más allá de la reducción en la mortalidad”, concluyen los tres investigadores en el estudio, publicado el jueves pasado y del que primero se ha hecho eco Bloomberg. La experiencia “sugiere” que las urbes que aplicaron mayores medidas de distanciamiento social “también crecieron más en el medio plazo”, lo que les lleva a concluir que la pandemia “deprimió la economía, pero las intervenciones de salud pública no”. Con todo, el estudio subraya las diferencias a la hora de trazar paralelismos entre aquel episodio de gripe y el coronavirus: el entorno económico estaba marcado por el final de la Primera Guerra Mundial y aquella enfermedad resultó ser mucho más mortal que el Covid-19, especialmente para los trabajadores jóvenes, lo que lleva pensar en un choque económico mayor en aquella ocasión que hoy. Por otro lado, la economía está hoy infinitamente más interconectada, con cadenas de suministro trasnacionales y el peso del sector servicios y de las tecnologías de la información es mucho mayor, “factores que no se pueden capturar en el análisis”, como reconocen sus autores.

La pandemia de gripe de principios del siglo XX, que se extendió entre enero de 1918 y diciembre de 1920 y que llegó a medio mundo, infectando a 500 millones de personas (la tercera parte de la población mundial de la época) y matando a 50 millones, provocó una reducción media del 18% en la producción industrial a escala estatal, con las zonas más expuestas sufriendo también un mayor volumen de quiebras de empresas y hogares. “Ese patrón”, destaca el estudio —titulado de forma contundente: Las pandemias deprimen la economía, las intervenciones de salud pública no—, “es consistente con la idea de que las pandemias deprimen la actividad económica a través de reducciones tanto de oferta como de demanda. E, importante, las caídas en el producto son persistentes: las áreas más afectadas permanecieron deprimidas en relación con las áreas menos expuestas hasta 1923”.

¿Por qué las medidas de restricción se asocian con una mejor salida de la economía del hoyo? Es cierto, apuntan Correia, Luck y Verner, que estas “constriñen la actividad económica”. “Pero en una pandemia la actividad económica también se ve reducida sin ellas, dado que los hogares reducen el consumo y la oferta de trabajo para evitar ser contagiados. Por lo que estas medidas pueden solventar problemas de coordinación asociados con la lucha contra la transmisión de la enfermedad y mitigar la disrupción económica vinculada a la pandemia”. Según sus cifras, una reacción 10 días antes de la llegada de la gripe aumentó el empleo manufacturero en alrededor del un 5% en el periodo posterior a la enfermedad. Y la extensión de las medidas de distanciamiento social durante 50 días más incrementó esa tasa de empleo industrial en un 6,5%.

La “evidencia anecdótica”, subraya la investigación, sugiere ciertos paralelismos entre los resultados obtenidos del estudio de la epidemia de gripe y el brote de Covid-19 registrado en este tramo inicial de 2020: los países que han aplicado medidas de distanciamiento social en una fase temprana de la pandemia, como Taiwán o Singapur, “no solo han limitado el crecimiento de la infección: también parecen haber mitigado la peor disrupción económica causada por la pandemia”.

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