Plan para África

Mientras la pandemia del coronavirus está teniendo efectos devastadores en los países más desarrollados, la extensión del contagio a África, continente que en su conjunto presenta pobres infraestructuras sanitarias y sistemas débiles de bienestar social, puede ser catastrófica. Aunque con retraso respecto a otras zonas del mundo, el coronavirus ya se expande por la mayoría de los países africanos, en disposición de sufrir un embate que será muchísimo más duro que en otros Estados del planeta que, al menos, cuentan con recursos económicos y mecanismos humanos para mitigar la situación. Los países más pobres del continente son los que están más expuestos.

Es cierto que algunas de estas naciones, por su experiencia pasada luchando contra otras peligrosas epidemias —entre ellas el ébola—, han mostrado mayor capacidad de reacción que el mundo más desarrollado en la implementación de medidas como el confinamiento o el cierre de fronteras. Y su población no ha necesitado de una labor pedagógica para comprender el nivel de la amenaza. Paradójicamente, sus debilitados sistemas sanitarios están más preparados que los de los países más ricos para detectar alarmas y recomendar medidas como protocolos en aeropuertos y fronteras, un aspecto fundamental a la hora de frenar el avance de los contagios. Otro factor positivo es que la población africana tiene una media de edad sorprendentemente joven: apenas 18 años.

Pero esto no significa que no sea imprescindible una acción urgente y efectiva para ayudar al conocido con toda justicia como “el continente olvidado”. En primer lugar, para combatir la expansión del virus. Es necesaria una respuesta coordinada por la Organización Mundial de la Salud —organismo que no levanta recelos políticos y con demostrada experiencia en la zona— que facilite una estrategia común contra el avance de la enfermedad a la que ningún país puede pretender combatir en solitario.

En segundo término, es preciso introducir en la agenda la ayuda a unas economías que ya comenzaron a sufrir los efectos de la pandemia cuando estaba restringida al interior de China dada su gran dependencia de las importaciones del gigante asiático. Una prueba evidente de esto es que antes que el sistema sanitario, en algunos países ya ha comenzado a colapsar el comercio y la cadena de abastecimiento. En Ghana los precios de los bienes importados de China, incluyendo los alimentos, ya han experimentado un aumento en su precio del 100%. Una situación insostenible en el tiempo.

La pandemia es global y su combate también debe serlo. El que nadie se quede atrás incluye a aquellos millones de personas del planeta que han sido sistemáticamente olvidados por los más favorecidos.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Leave a Reply