El precio de la muerte

Cuánto vale la vida de una persona? La Covid-19 obliga a plantearnos esta cuestión. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, dijo: “No vamos a poner un precio a la vida humana”. Y esta postura es compartida por la mayoría de políticos a este lado del Atlántico. Pero muchas voces recuerdan que contener la epidemia a todo coste, pagarle el billete de vuelta a la parca, nos puede salir demasiado caro. El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, emulando a Clint Eastwood, sostiene que muchos abuelos como él estarían dispuestos a sacrificarse para no dañar la economía de sus nietos.

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Esta semana, The Economist esboza un ejercicio no de macro, sino de macabro-economía. Si en EE UU se dejara que el coronavirus siguiera su curso natural, causaría un daño limitado a la economía, pero mataría a un millón de norteamericanos. Aplicando el precio oficial de una vida, ajustada por la edad de la víctima, evitar esas muertes tendría un valor aproximado de 60.000 dólares para cada hogar norteamericano. Estirando esta lógica monetaria, alguien podría plantear que, si el coste para la economía de las medidas de contención del virus excede los 60.000 dólares por familia, entonces mejor dejar que actúe la mano invisible de la guadaña.

Por suerte, este razonamiento es rechazado frontalmente en nuestro país. Y no es fácil, porque los españoles estamos entre los europeos más pesimistas sobre la recuperación económica. Sabemos que la salida será dura, por la intensidad de la pandemia y por las peculiaridades de una economía dependiente del turismo, y con una acerada dualidad en el mercado laboral.

Sin embargo, aun criticando a todos los políticos que no son de nuestra cuerda, apoyamos tanto la filosofía como la sustancia de las medidas adoptadas. Según una encuesta de Metroscopia, siete de cada diez españoles creen que la prioridad es controlar ante todo la epidemia del coronavirus, cueste lo que cueste y tenga las consecuencias que tenga sobre el empleo y las empresas. Y solo dos de cada diez consideran prioritario evitar la quiebra de autónomos y pequeñas y medianas empresas y el hundimiento de la economía española, aunque la epidemia dure un poco más. Las medidas de cierre, con la suspensión de todas las actividades no esenciales, reciben un apoyo casi unánime. Por suerte, aquí, ni por un buen puñado de dólares, la muerte tiene un precio. @VictorLapuente

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