Muere Nicolás López, uno de los últimos testigos de la Batalla del Ebro

A la Batalla del Ebro se le escapa la memoria. La contienda más cruel de la Guerra Civil se queda sin testigos. Nicolás López López, uno de los últimos supervivientes que constan de aquellos trágicos hechos, murió el 2 de abril en una residencia de Barcelona. Tenía 102 años. Era natural de Serón, un municipio de la provincia de Almería, pero siendo niño recaló en Barcelona, donde pasó la mayor parte de su vida. El deceso de Nicolás López, recogido por La Voz de Almería, supone el cierre de otro capítulo en la novela negra que fue la Batalla del Ebro, un combate a pecho descubierto en el lecho del río que se cobró 20.000 muertes.

Nicolás López apenas había llegado a la mayoría de edad cuando se produjo la sublevación militar de 1936. Fue movilizado por el Ejército Popular de la República junto a su hermano Antonio. Sus dos hijas, Emilia y Fina, cuentan que se había mostrado siempre reservado en lo que respetaba a sus años en el frente, por expreso deseo de Primi, su esposa, fallecida el pasado septiembre. Nicolás López sí había aceptado recientemente participar en un proyecto educativo sobre el final de la Guerra Civil, que se impulsa desde el Instituto Turaniana de Roquetas de Mar. En esos contactos para preparar encuentros con testimonios del conflicto bélico, el centenario soldado republicano repasó las penurias y adversidades que tuvieron que soportar aquellos que, el verano de 1938, batallaban por tomar el control de la parte baja del Ebro.

El fallecimiento de Nicolás López coincide en el tiempo con el de Rafael Gómez Nieto, el último superviviente de La Nueve, la compañía de soldados republicanos que entró como avanzadilla en París para liberar la ciudad de los nazis. También de origen almeriense, Rafael Gómez Nieto, de 99 años, falleció el pasado fin de semana en Estrasburgo (Francia). Estaba ingresado en una residencia para la tercera edad y su fallecimiento se produjo tras un empeoramiento de su estado de salud por culpa de una infección por coronavirus.

Rafael Gómez había nacido en Adra (Almería) en 1921, pero de adolescente se trasladó a Cataluña junto a su familia. Se instalaron en Badalona. Poco después fue movilizado con la Quinta del Biberón. Estuvo en la Batalla del Ebro y, al acabar la guerra, se refugió en Francia, donde estuvo confinado en el campo de internamiento de Saint-Cyprien. Con papeles falsos viajó a Argelia, donde se alistó al Ejército francés y en 1943 se sumó a La Nueve, una columna formada casi íntegramente por unos 150 republicanos españoles, bajo mando francés.

En un comunicado de duelo emitido por El Elíseo tras el fallecimiento de Rafael Gómez, se reconoce a esos bravos soldados como “obstinados de la libertad, decididos a desalojar las opresiones de todas partes, en las tierras de su cuna española, bajo el sol de África o bajo el cielo de París”. La nota, firmada por el presidente de la República Emmanuel Macron, recoge que Gómez representaba el arrojo de aquellos que “tras haber tomado las armas contra Franco, lucharon contra Hitler, tras haberse batido contra el fascismo, combatieron el nazismo”.

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