Sincronizadas por videollamada

El equipo español de natación sincronizada, entrenándose en su casa.El equipo español de natación sincronizada, entrenándose en su casa.

No era un día cualquiera. La Covid-19 empezaba a expandirse sin control. Sin embargo, parecía una tarde cualquiera: posturas, saltos, rutinas. De repente, empezó a escucharse por los altavoces un mensaje. El centro cerraba y todos tenían que abandonar las instalaciones. Se miraron unas a otros, sorprendidos. Y no acabaron de entender que aquello iba en serio hasta que irrumpió en la sala un responsable de mantenimiento. Sí, el CAR iba a cerrar en breve. Por precaución. Y para evitar que se extendieran los contagios. Tenían que salir de la piscina a la de ya.

A los 15 integrantes del equipo nacional de natación artística —13 mujeres y dos hombres— el desalojo del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, en plena escalada de la crisis sanitaria en España, los pilló dentro del agua. Nada raro si se piensa en las horas que pasan a remojo. Se secaron, dejaron la piscina atrás, se cambiaron de ropa en la residencia y se volvieron a reunir. Pasaron la noche juntos antes de volver a sus respectivas casas. Aquella fue la noche en que la seleccionadora nacional, Mayuko Fujiki, ideó el plan de acción que los sigue manteniendo conectados, en forma y motivados.

Aunque no haya competición a la vista y el mundo parezca haberse parado, continúan trabajando. Sus rutinas no entienden de confinamiento. Los Juegos de Tokio, en 2021, siguen en el horizonte, aunque este ahora quede un poquito más lejos de alcanzar.

“Aquello fue un viernes, hace exactamente dos semanas y tres días”, dice Txell Mas, capitana del equipo, como si fuera la única confinada que tiene el calendario en la cabeza. Pero no es la única, porque todas sus compañeras y compañeros siguen desde aquel viernes exactamente las mismas sesiones de preparación y entrenamiento que ella. Y con un programa tan ocupado —la seleccionadora y el preparador físico les dieron trabajo desde el primer día— es imposible no saber en qué día estás. “Mantenemos los horarios y nos entrenamos igual, solo que no podemos hacerlo dentro de la piscina”, explica Meritxell, que se despierta cada día a las 7.30; a las 9 se conecta a Zoom, una de las aplicaciones más usadas estos días, para hacer una videoconferencia con sus compañeros: hacen el calentamiento “juntos”; de 10 a 12, ya sin cámara, todos hacen trabajo físico en sus respectivas casas; y de 12 a 13 vuelven a conectarse para repasar el equipo técnico, rutinas que no pueden hacer en la piscina, pero para las que ya han encontrado un aparejo que les ayuda a trabajar boca abajo: el Feet Up, una especie de taburete muy utilizado en yoga e ideal para hacer posturas invertidas. “Así podemos estar con todo el cuerpo vertical, es la mejor manera para conseguir una postura similar a la que tenemos dentro del agua”.

A las cuatro de la tarde se enciende otra vez el Zoom. Toca repasar el otro equipo técnico. No todo son facilidades: por videoconferencia tanto la voz como la imagen va con cierto retraso. Y eso no favorece esa sincronía que define sus movimientos. “Pero, vamos encontrando las formas y las soluciones. Intentamos tirar mucho de creatividad”, señala la capitana.

Al terminar con la parte técnica, más gimnasio y estiramientos, a veces, también yoga o una clase de Zumba. La semana pasada conectaron con Bill May, del dúo mixto de EE UU, experimentado nadador y miembro del Cirque du Soleil, compañía con la que participa en el espectáculo O en Las Vegas. May les impartió una clase de ejercicios de core. “Esta semana repetimos”.

Relevo generacional

La catalana, estudiante de Psicología en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), está pasando estos días confinada en su piso de Palamós junto con la madrileña Blanca Toledano, que fue la única del equipo que no regresó a su casa. “Sus padres son sanitarios y prefirieron que se quedara aquí, para que no corriera tantos riesgos”, explica Mas, que aprovecha su terraza para entrenarse al aire libre.

“Obviamente, en el CAR teníamos muchas horas de agua, pero estamos trabajando muchísimo. A mí me falta tiempo para la universidad, para poner lavadoras… Aunque creo que es importante estar ocupado, no tener mucho tiempo libre para pensar. Tener tantos entrenos me va muy bien. Es bueno tener unos horarios y una rutina, si no el cuerpo pierde el ritmo. A mí se me pasan las semanas volando”.

Explica la capitana que el equipo ha asumido con gran madurez el aplazamiento de los Juegos. “No es que se hayan cancelado, solo se atrasan un año. No tenemos todo el trabajo perdido. Tenemos un año más para mejorar y poder perfeccionar o retocar nuestras rutinas. Al principio se hizo duro, pero cuando volvamos al agua seguiremos preparándonos”.

Tienen, señala, un objetivo muy claro, que pasa en primer lugar por la clasificación. Y que contempla superar el relevo generacional —Mas es la última integrante de aquel equipo que se subió a todos los podios y que deslumbró en los Mundiales de Natación en Barcelona en 2013— con el apoyo, desde la distancia, de Ona Carbonell, que aunque está embarazada se conecta a menudo, al igual que hacía antes de que se decretara el Estado de alarma, cuando se pasaba por el CAR a visitarlas y ayudarlas en lo que necesitaran.

Un objetivo que cumplirán bajo el liderazgo de Mayu, la seleccionadora, que las mantiene motivadas con charlas sorpresa como las que han tenido con la nadadora estadounidense Janet Evans, con cuatro oros olímpicos en su palmarés; o con el velocista español Bruno Hortelano. “Son gente con experiencia o que está viviendo una situación parecida a la nuestra, puedes aprender mucho de cada uno de ellos”, indica Mas. Para el encuentro con el actor y director Santiago Segura, montaron una fiesta de disfraces. Virtual, claro.

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