España como laboratorio

¿Saben aquel que dice que un equipo japonés y uno español hacen una regata, y los japoneses llegan a la meta dos horas antes, porque su embarcación tenía un jefe de equipo y 10 remeros, y la española, 10 jefes y un remero? Pues no es verdad. En nuestras Administraciones abundan los brazos y escasean los jefes: gestores profesionales con autonomía para tomar decisiones. Y la crisis de la covid-19 ha acentuado esta carestía: el poder de decisión se ha concentrado en un solo órgano de un solo nivel administrativo, el central.

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Un supercerebro en Madrid puede establecer los criterios de desescalada para todo el territorio. Esta estructura jerárquica es fabulosa cuando tenemos claro qué hacer. Por ejemplo, si nos enfrentamos a un ejército invasor. Pero no existe consenso científico sobre cómo organizar el desconfinamiento por una epidemia como el coronavirus. Distintos expertos tienen hipótesis divergentes sobre cómo deben salir los niños a la calle, reabrir los negocios, etcétera. Lo que no poseen son laboratorios para comprobar sus teorías.

Es ahí donde deberían entran las Administraciones, proporcionando el terreno de prueba para contrastar qué fórmulas son más efectivas en la doble lucha por oxigenar la economía (y la salud mental) y, al mismo tiempo, asfixiar al virus. Si el Gobierno opta por imponer unos únicos criterios de relajación del encierro, no podremos saber si una desescalada más rápida, o más lenta, es mejor. Es como si toda España tomara la misma pastilla roja, pero ¿y si la azul o la verde son más efectivas? Sólo podemos conocer los efectos de una medida si la comparamos con otras. El Gobierno debe facilitar soluciones distintas, pero no en lugares diferentes, como se pretende, sino en sitios parecidos. Los números generados en cada territorio guiarán a los expertos.

Porque la ciencia no es consenso, sino la sistematización del disenso. Para que los expertos ayuden al Estado, el Estado debe primero ayudar a los expertos favoreciendo la organización, a nivel autonómico y local, de un banco de pruebas de políticas con pequeñas variaciones. En lugar de dictar la desescalada, el Gobierno debe observarla metódicamente. Ni aunque La Moncloa reuniera a los mejores científicos del mundo, la lucha contra el coronavirus podría avanzar sin los datos del pueblo más pequeño de Burgos.

Experimenten con nosotros, pero bien. @VictorLapuente

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