El Sevilla se aferra a la Champions a costa el Leganés

El Sevilla cumplió con rigor profesional con la tarea oscura que le ocupó en su visita al más desdichado de los campos de LaLiga. Sin otro exceso que el de Navas en el 0-2, defendió el cuarto puesto y hundió a Leganés. Incapaz de ganar un partido desde la reanudación en pandemia, el Lega parece condenado a Segunda.

Hay partidos que galopan y partidos que se arrastran. En la tarde sofocante del sur madrileño, animado por el canto somnoliento de las cigarras, el partido comenzó arrastrándose. El Leganés solo mostraba orden y empeño. Con poca movilidad en el ataque, el Sevilla solo vibraba cuando lanzaba en largo a En-Nesyri y Ocampos. En esos instantes la tuvo En-Nesyri, que remató a bocajarro —y fuera— un centro tenso de Navas. La respuesta local fueron dos tiros de Mesa desde fuera del área, aplaudidos con fervor por la bancada de los suplentes como si así los muchachos se dieran ánimos.

“¡Espalda, espalda…!”, gritaba Aguirre, pidiendo prudencia a sus extremos. La trabazón parecía asegurada cuando a la salida de un córner Oliver se hizo cargo de un rechace para enviarlo a la red. Ahí comenzó a desatarse el nudo del partido. Después de la pausa de hidratación, donde Aguirre advirtió de que tenían que aprovechar el saque de banda ofensivo señalado antes de la interrupción, sus jugadores le respondieron con la mejor ocasión que fueron capaces de generar. La cabeceó Guerrero y la salvó Vaclick.

El Leganés se revolvía cuando Navas hizo la jugada del partido. Escondió la pelota, la mostró, despegó y frenó, y por el camino quedaron Silva, Bustinza y Recio. El lateral culminó su hazaña dándole la pelota a Oliver para que metiera el segundo. El alarido que profirió el portero mientras se incorporaba bien pudo darlo si le arrancaban una muela con un tenedor. Fue el grito de la caída al pozo de la clasificación. Lo que restó se pareció mucho más a un entrenamiento. Munir lo aprovechó para lucirse en el 3-0.

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