Atletismo de supervivencia

Orlando Ortega, antes de la salida de una serie de los 110m vallas del Mundial de Atletismo de 2019.
Orlando Ortega, antes de la salida de una serie de los 110m vallas del Mundial de Atletismo de 2019.Lavandeira jr / EFE

En la pista, dos atletas; en las gradas, media docena de periodistas, varios federativos y concejales y algunos de los más grandes exatletas españoles, como Beitia, Cacho, Reina y Castrejana. El atletismo volvió el jueves pasado al tartán verde de Vallehermoso, en Madrid, y enseñó la cara de su nueva normalidad, que no es muy alentadora.

Orlando Ortega, el subcampeón olímpico de 110m vallas se enfrenta a un chaval, Nacho Sáez, madrileño de 18 años, una de los buenos que vienen. Calles cuatro y seis, una libre por medio para mantener las distancias. La carrera es lisa y a 150 metros, una distancia inusual para ambos, pero la elige Ortega porque después de un par de meses entrenando sobre un rodillo en su casa de Valencia, y otros dos a solas en una pista no tiene mucho sentido correr en su distancia, y no obtener una buena marca, en su primera carrera con clavos desde los campeonatos de España en pista cubierta de marzo. “Estaba ansioso ya por seguir compitiendo, ya hemos arrancado…”, dice Ortega, que quería con la carrera devolverle el favor al gimnasio GoFit, que le prestó la cinta para entrenarse durante el confinamiento en vísperas de volar a Chipre, sonde vive su entrenador. Su tiempo fue de 15,57s, que habría sido récord de España si en la prueba hubieran participado al menos tres atletas. “No venía con ningún tiempo en la cabeza, solo venía ya a empezar, a tener la sensación de tocar una pista, de competir, de ponerme los clavos de nuevo. Son cosas que me tienen muy motivado, y realmente lo único que quiero es seguir”, dice Orlando (La Habana, 28 años).

Ortega propone que basta ya de lamentarse por lo que ha pasado y que cada uno debe asumir que es un año atípico, que hay que intentar hacerlo lo mejor posible y que hay que tener la cabeza en los Juegos Olímpicos, estén a uno, dos o tres años vista. En la grada, José Hidalgo, el presidente de la asociación de federaciones españolas proclama la necesidad de reinventarse, de hacer algo, de crear, porque esto, dice, catastrofista, “puede durar seis meses o seis años”.

La imaginación para reinventar el atletismo de la federación internacional (la WA), y de los organizadores de los mítines de la Diamond League que no han cancelado sus reuniones, se transforma en alarde tecnológico que despierta tan grandes titulares como pequeño interés deportivo.

Paralelamente al regreso de Ortega en Vallehermoso, el mismo jueves, los organizadores de Zúrich ponen en marcha los Inspiratio Games: 30 atletas compitiendo en solitario en las pistas de siete estadios diferentes en dos continentes. Hay un 150m femenino que disputan Allyson Felix en California, Shaunae Miller en Florida y Mujinga Kambundji en Zúrich. La tecnología logra que en las pantallas televisivas parece que compitan cara a cara. O lo intenta al menos, lo que se prueba imposible en el 200m masculino, que disputan Lyles en Florida, Lemaitre en Suiza y Martina en Holanda: el norteamericano gana con una claridad y con un tiempo (18,90s) imposibles. Al instante se descubre que se equivocó de línea de salida y que corrió 200 yardas (185m) y no 200m.

Pero este tipo de exhibiciones de videojuego solo alimentan, en todo caso, a las figuras mundiales, y lo reconoce Ortega: solo hay sitio para ellos, y tampoco son muy alimenticias. “No soy de los que me fijo mucho en esos temas, a mí lo que me gusta es correr”, dice el plusmarquista nacional de 110m vallas que intentará disputar tres o cuatro competiciones como mucho, la cuarta parte de lo habitual. “Obviamente, este es mi trabajo, vivo de esto, es la realidad, pero intento no preocuparme. Ha sucedido lo que ha sucedido, lamentablemente”.

De las 15 reuniones de Diamond League (la Champions del atletismo) previstas para 2020, finalmente, solo cuatro, Mónaco, Estocolmo, Bruselas y Roma, han confirmado su celebración, y en formato reducido y con limitaciones. El siguiente nivel de mítines también se ha reducido, y algunos, como Tokio o Kingston (Jamaica) solo admiten a atletas nacionales.

Y lo que se va a disputar al natural, como la Diamond League de Mónaco (14 de agosto) tampoco es más abierto ni más rentable económicamente. “Las condiciones son imposibles”, señala Miguel Mostaza, mánager de atletas. “Solo los PCR y pruebas serológicas de la covid-19 que hay que hacerse antes de cada mitin suponen 150 euros. Los organizadores solo pagan viajes y hoteles a los mejores, medallistas de oro olímpicos o mundiales o plusmarquistas mundiales. Los demás deben pelear por los premios, que han reducido al 50%. Antes, el octavo cobraba 1.000 dólares, ahora, el quinto son 800…”

Aun así, Mostaza ha inscrito al obstaculista Fernando Carro, que perderá dinero por participar, como también verá reducidos los ingresos del patrocinio de su marca de zapatillas, que, pese a que las ventas de calzado para correr se han disparado con la pandemia, sigue tarifando según el número de competiciones en que sus atletas las luzcan. “Es la excepción”, dice el agente. “Necesita competir como sea y donde sea”. Pablo Torrijos (plusmarquista nacional de triple, 17,18m) ha buscado rincones imposibles, y ruinosos, para saltar un verano que debería haber sido, tras un invierno magnífico, el de su establecimiento definitivo en la elite. “Este fin de semana competirá en un control federativo en Osterode, una pequeña ciudad de Alemania, donde admiten un cinco por ciento de extranjeros, el 1 de agosto se irá a Trieste, en Italia, y el 19 a Hungría. En España no se hace nada”, dice Alberto Armas, su mánager y agente también de Bruno Hortelano, el plusmarquista nacional de 100m (10,06s), 200m (20,04s) y 400m (44,69s), que se encuentra en lista de espera en Mónaco y arde por volver a calzarse los clavos tras un 2019 en el que las lesiones no le permitieron más que correr un 400m en Madrid

Otros grandes atletas españoles, como el saltador Eusebio Cáceres o la triplista Ana Peleteiro, han decidido cerrar ya la temporada, sin competir ningún día al aire libre para preparar mejor los Juegos de Tokio. En España solo hay previsto celebrar tres reuniones con atletas extranjeros (Castellón, Tenerife y Los Corrales de Buelna en Cantabria) en lo que queda de verano (y están en el aire) hasta los Nacionales del 12 de septiembre, lo que no justifica el esfuerzo de seguir entrenándose para muchos atletas, que, además, saben que hasta diciembre nada puntúa para el ranking de clasificación olímpica. Los mejores, al menos, cuentan con beca.

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