Felipe Reyes, de hierro y corcho

Durante el instante que transcurre desde que el balón es repelido por el aro hasta que es capturado por unas manos ávidas, el baloncesto se convierte en un voraz ejercicio de supervivencia. El rebote es la materialización de la perseverancia y Felipe Reyes (Córdoba, 40 años), una oda al tesón. “Su ambición es innata y no la perderá nunca. Por eso sigue ahí 22 temporadas después. Cuando, con 50 años, juegue con los veteranos seguirá ganando todos los rebotes”, cuenta su hermano Alfonso Reyes.

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“El secreto es amar el baloncesto. Desde que comencé a jugar con 10 años siempre ha sido mi pasión y lo sigue siendo. Quiero seguir dejándome la piel en cada entrenamiento y en cada partido”, explicó el viernes Felipe tras firmar su renovación hasta 2021. Para entonces, el capitán del Real Madrid tendrá 41 años y estará a un palmo de alcanzar a los plusmarquistas más longevos de la Liga ACB, como Joan Creus, Andre Turner, Larry Lewis y Mike Higgins, que jugaron con 42, los mismos que tiene ahora Albert Oliver. La frontera definitiva la marcó en 2011 Darryl Middleton, que vistió la camiseta del Valencia con 44.

En el Madrid nadie ha resistido la carrera ante Felipe. Solo el pionero Juan Castellví (Filipinas, 1895), que participó en la fundación del baloncesto madridista en 1931 y permaneció en la sección hasta 1934, llegó a vestir de blanco con 39 años. La misma edad que alcanzaron en el equipo de fútbol el mítico Ferenc Puskas y el guardameta Miguel Ángel.

“Felipe es un jugador que ha caracterizado una época. Dentro de una generación con muchos superhéroes, supo hacerse un hueco importantísimo en la historia del deporte de este país con dos herramientas que todo el mundo tiene a su disposición, pero pocos han utilizado como él: trabajo y carácter”, explica el seleccionador, Sergio Scariolo, cuando reflexiona sobre uno de los pilares de la edad oro del baloncesto español. “Ha sido capaz de llevar su competitividad y su dureza al extremo. Ha aguantado momentos de dolor físico importantes y así ha llegado a los límites a los que un deportista puede llegar”, añade Scariolo. Una capacidad de resiliencia forjada en la huella de la infancia. “Lo pasó mal en el Estudiantes porque tuvo muchos problemas físicos y algún entrenador le dijo que jamás llegaría a ser profesional, que no tenía calidad. Su etapa de formación no fue nada fácil y eso le hizo curtirse para siempre ante la adversidad”, repasa Alfonso.

El gran viaje comenzó en 1998. “Fue muy especial ver crecer a aquella generación de los júniors de oro en el Europeo sub-18 de Varna y en el Mundial sub-19 de Lisboa. Allí había mucho talento y mucho futuro. Pero nunca piensas que, tanto tiempo después, Pau y Felipe iban a estar aquí aún”, prosigue Alfonso. “Es de los que cree realmente que todo se puede alcanzar y que de todo lo malo se puede salir”, suma Pepu Hernández, el entrenador que hizo debutar a Felipe en la ACB, en octubre de 1998 con el Estudiantes, y con el que se proclamó campeón del mundo en 2006. “Ha sido capaz de adaptarse a todos los entrenadores, a todos los compañeros, a la tremenda competencia que ha tenido cada temporada. Siempre ha estado dispuesto a demostrar su valía otra vez. Es una mezcla de hierro y corcho, por su dureza y porque nunca se ha hundido. Ser el único en jugar con 40 años en el Madrid no es una casualidad. Los récords siempre son la consecuencia”, completa Pepu.

“Ya tenemos aquí a Felipe”, sentenció Lolo Sainz el 9 de agosto de 2004 en la sala de prensa del Bernabéu cuando presentó al pívot de 2,04m y 24 años. “Desde que regresé al club sentía que tenía que hacer algo importante para atraer de nuevo a la afición. Uno de los fichajes que se me había metido en la cabeza era el de Felipe”, expresó Lolo aquel día junto a su gran anhelo. Firmó por cinco temporadas. La próxima cumplirá 17 cursos vestido de blanco. Una cifra con la que supera los 16 cursos de blanco que alcanzaron Wayne Brabender y Clifford Luyk, iguala las 17 campañas de Juan Antonio Corbalán y Fernando Romay y se queda a solo una de las 18 de Rafael Rullán. Felipe es el jugador con más partidos en la historia de liga española (809) y de la Euroliga (352). Con el Madrid suma 1.029 partidos y 22 títulos.

El hijo de Alfonso, militar y topógrafo jienense, y Mari Lola, maestra de escuela sevillana, el menor de cuatro hermanos varones, integró para siempre los valores que vio en casa. “Le metíamos mucha caña con los estudios. Y él me decía ‘joder Alfonso, es que tú tienes mucha fuerza de voluntad’ y yo pensaba, es al revés. Esa capacidad la tienes tú que llevas tantos años en la élite del deporte. Yo no hubiera aguantado muchas cosas que él ha aguantado. El desgaste, el tener que demostrar mucho más que otros… Esa es su grandeza”, retoma Alfonso. “Ejerce un liderazgo útil. Siempre suma, desde el inicio o desde el banquillo, incluso cuando no juega. Es útil desde su liderazgo espiritual, por veteranía. Fue veterano muy pronto y por eso no envejece. Es un personaje imprescindible”, recalca Pepu. “Ha sabido evolucionar constantemente y ha hecho del rebote ofensivo un arte, una cualidad que ha decidido partidos. Ha interpretado el rol de pívot pequeño a la perfección, pero no yendo al triple como han hecho muchos, sino exprimiendo al máximo sus recursos”, refrenda Scariolo.

“Cuando me paro a pensar en el tiempo que llevo jugando al baloncesto y en jugar con 40 años en un club tan exigente como el Madrid siento un orgullo muy grande. Eso es lo que me motiva para seguir trabajando y luchando”, cierra Felipe al repasar su historia interminable.

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