Pablo Isla decide dar un paso al frente

El presidente de Inditex, Pablo Isla, durante la junta general de accionistas 2020 de la compañía, el 17 de julio.
El presidente de Inditex, Pablo Isla, durante la junta general de accionistas 2020 de la compañía, el 17 de julio.

Hace unos años, cuando el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), formado por líderes de grandes empresas, buscaba un relevo para sustituir a César Alierta en la presidencia, todos los dedos apuntaron a Pablo Isla como el idóneo. El presidente de Inditex reunía las mejores condiciones (era uno de los más jóvenes, había dado muestras sobradas de liderazgo y, lo más importante, no suscitaba rencillas), pero faltaba la clave: no estaba dispuesto a asumir la responsabilidad. El CEC, que había nacido para apoyar la internacionalización de las empresas y apoyar al Gobierno en la gran recesión ante una patronal que consideraban inactiva, indagó otras opciones sin éxito. Agonizó un tiempo y acabó disolviéndose en 2017.

Ha tenido que llegar otra crisis para que, de repente, aquel ejecutivo haya decidido dar un paso al frente y, aun sin estar en ninguna organización, tomar el relevo de una generación que está en retirada por razones vegetativas. A sus 56 años y al mando de un imperio empresarial que ha sufrido el latigazo de la crisis directamente, se ha presentado el momento apropiado para saltar a la palestra después de muchos años prefiriendo quedarse observando desde la barrera. Un cambio drástico, quizá muy meditado o quizá surgido por las circunstancias, que se reflejó recientemente en la cumbre empresarial organizada por la CEOE, que él inauguró y clausuró.

Isla, en esa cumbre, se desmarcó de su pasado, más caracterizado por la opacidad, pese a la empatía general que entraña su figura en la presentación de resultados y a encuentros informales off the record. Incluso ha dado entrevistas y ofrecido lecciones magistrales a universitarios, en contra de lo que ha sido su costumbre de mantener un perfil bajo. Su activa presencia y la de la mayor parte de los principales empresarios han servido, además, para relajar las distantes relaciones entre la patronal y las grandes empresas. Seguramente, en ello ha tenido mucho que ver la sintonía entre Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, con él y con empresarios que hasta hace muy poco no tenían problemas en reconocer públicamente que la organización no les representaba.

Ahora es otra cosa e Isla y Garamendi lo significaron en un acto final en el que el presidente de Inditex se erigió en portavoz empresarial y planteó un decálogo con las claves para la reconstrucción, para cuyo cumplimiento reclamó consenso político entre el Gobierno y los partidos políticos.

Para Pablo Isla Álvarez de Tejera es el comienzo de un nuevo ciclo, que se da como muy bienvenido. Hasta ahora se había refugiado en una educada discreción, que seguramente aprendió de su padre, José María Isla, que fue presidente de varias empresas públicas como La Lactaria Española o Grupo de Empresas Álvarez (GEA) y alto directivo de Renfe. Como sus tres hermanos, estudió con los jesuitas y allí conoció a su mujer, María de la Vega, con la que tiene tres hijos. Estudió Derecho en la Complutense y se hizo abogado del Estado con el número uno de su promoción.

Tras unos primeros pasos en el oficio, con 28 años fichó por el Banco Popular. Era el año de los fastos, 1992, y cuatro después, cuando el PP llegó a La Moncloa, fue requerido para llevar la Dirección General del Patrimonio del Estado, donde tenía a su mando un ramillete de empresas como Telefónica y Tabacalera. Se familiarizó con ellas, aunque no estuvo mucho. Dos años después, Luis Vals le reclamó para volver al banco como secretario general. Pero también por poco tiempo. En 2000 aceptó la oferta de sustituir en Altadis (antigua Tabacalera) a Alierta, su mentor, que pasaba a presidir Telefónica tras la abrupta salida de Juan Villalonga.

Un dominó que le llevó a estar cinco años a ritmo cubano y a saborear los puros habanos, a los que se acostumbró. Porque en 2005 un cazatalentos le incluyó en una terna de candidatos de la que Amancio Ortega debía elegir al sustituto de José María Castellano como primer ejecutivo de Inditex. El carismático fundador de Zara optó por él. Y no se arrepintió. El entendimiento fue total desde el principio. Isla tomó sus bártulos y se trasladó a A Coruña, se integró con su familia en la atmósfera de Arteixo, que solo deja en vacaciones de verano y en Navidad, y se ganó la confianza del patriarca Ortega, que le nombró presidente en 2011 y se ha hecho más rico. Para él, además, se acabaron los saltos, aunque hay quien asegura que no faltaron posibilidades, como la de presidir Telefónica en sustitución (otra vez) de Alierta.

LOS CORROS

Semana de ajetreo para Sánchez Galán. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, comenzó la semana colocándose (la empresa, se entiende) como líder de capitalización del Ibex 35; continuó elevando la oferta por la australiana Infigen, casi al tiempo que presentaba unos resultados muy afectados por la pandemia que ha salvado gracias a la venta de Gamesa; estuvo en la presentación del plan de modernización de la FP con Pedro Sánchez y ha rematado con el fichaje para su consejo asesor internacional de Félix Sanz Roldán, el exdirector del CNI, al que se supone podrá consultar también en materia de espionaje por la supuesta relación contractual con el comisario José Manuel Villarejo.

El reclamo turístico de la tapa. El nuevo secretario de Estado de Turismo, Fernando Valdés, se ha estrenado ensalzando algo tan español como la tapa. “La tapa y el tapeo son elementos diferenciadores de nuestra gastronomía, definen nuestra forma de entender la vida”, dijo con motivo de la celebración del Día Mundial de la Tapa. Valdés, además, ha subrayado el compromiso del Gobierno por seguir acompañando al sector en esta etapa de reconstrucción económica en la que la hostelería y restauración “están preparados para ofrecer garantías de seguridad al turista, tanto nacional como internacional”.

Avance eléctrico de Elecnor en Finlandia. Elecnor sigue haciendo camino. Ahora acaba de entrar en Finlandia, donde ha logrado un contrato para tender una línea eléctrica de 59 kilómetros en la llamada Línea Forestal entre las localidades de Petäjävesi y Pyhänselkä. La construcción de esta nueva infraestructura, cuya finalización se estima para septiembre de 2022, por parte de la firma que dirige Rafael Martín de Bustamante supone un gran reto a nivel técnico, ya que los trabajos se realizarán en condiciones extremas. En total, la Línea Forestal tendrá una longitud aproximada de 310 kilómetros.

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