Paliar el sobrepeso alimentando la responsabilidad

Entre la colección de postales que nos ha dejado el confinamiento tienen serie propia las expresiones de incomodidad de los políticos. Sentirse observado en espera de algún tipo de respuesta frente a un escenario de colapso requiere mucho temple. La “gran crisis de nuestras vidas”, como la definió Pedro Sánchez, ha sido algo así como un test de diagnóstico rápido para evidenciar la bajeza e integridad de cada uno de nosotros. Es lo que tienen los momentos decisivos, que sacan a relucir nuestra genuina versión, así, en crudo, sin revestimiento alguno.

Ahí quedan las imágenes de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, defendiendo los menús ofrecidos por varias cadenas de comida rápida a los alumnos con derecho a beca de comedor, para finalmente dar marcha atrás. El cierre de los colegios debido al estado de alarma desencadenó una respuesta de urgencia para que ningún estudiante de familias perceptoras de la renta mínima de inserción se quedara sin comer. La controversia excedió la arena política cuando, en lugar de destacar la premura y la transitoriedad de la medida, la presidenta colocó el debate en la idoneidad de los menús ofrecidos. “Les apuesto lo que quieran a que el niño primero se comería la pizza y ya contra su voluntad la ensalada”, llegó a declarar. El inconveniente no es tanto el nivel de satisfacción de los chicos, que no hay duda de que será favorable a la pizza en virtud de los componentes que convierten en irresistible el fast food, sino en el mensaje que desde un organismo público se ofrece, elevando al rango de alimento lo que no lo es. Desde un punto de vista nutricional, hasta los piensos para mascotas están más equilibrados que las pizzas, fritos, bolitas rebozadas, hamburguesas de pollo o sándwich de jamón y queso que componen los combos.

Un reciente estudio de la Universidad de Western Ontario (Canadá) advierte que los cerebros de los adolescentes, debido a su inmadurez, son más sensibles a las propiedades gratificantes de la comida rica en calorías, alto contenido en azúcares y sal. El hecho de que estén en un periodo de desarrollo dificulta la resistencia a este tipo de productos poco saludables a causa de su frágil capacidad de autorregulación, a la que se suma el elevado grado de recompensa que produce la comida con grasa, dulzor y sal, debido a que los adolescentes poseen un mayor número de receptores de dopamina. El estudio avisa de que todo esto hace a los jóvenes especialmente propensos a comer mal, lo que a su vez puede derivar en cambios negativos en su cerebro. En consecuencia, se reitera en la relevancia de orientar desde el principio sus comportamientos nutricionales hacia hábitos saludables. De acuerdo con esto, sería conveniente dotarles de la información y opciones idóneas para facilitar la consecución de un estilo de vida saludable a largo plazo. Y no exclusivamente para sortear evidencias como las que indican que en España el 40% de los menores sufren en este momento un sobrepeso o una obesidad que comprometen su bienestar y anticipan una futura sobrecarga en el sistema nacional de salud.

En estas últimas semanas se ha podido ver en muchas pescaderías cotizar el kilo de boquerones frescos solo unos céntimos más que lo que vale una pizza industrial ultraprocesada en un supermercado. Dicho de otro modo, cuatro raciones de proteínas de gran valor biológico equiparadas en precio a dos de una elaboración rebosante de queso y tomate industrial, con azúcar añadido y embutidos de baja calidad. Lo cual hace pensar que, lamentablemente, el paréntesis del confinamiento no se ha aprovechado para cocinar más y alimentarse mejor, sino, como determinan los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, para combatir el estrés y el aburrimiento con snacks, dulces, comida a domicilio y alcohol, que han dejado una secuela de varios kilos de más. 

El plato: Bonito Escabechado

Ingredientes

(para cuatro personas)

Para el escabeche:

160 gramos de aceite de oliva.

150 gramos de zanahoria.

160 gramos de cebolla.

250 mililitros de vino blanco.

175 mililitros de vinagre de manzana.

1 rama de tomillo.

1 rama de romero.

1 hoja de laurel.

1 cucharada sopera de sal.

1 cucharada sopera de pimienta.

Para el bonito embotado:

250 gramos de bonito.

El jugo del escabeche.

20 gramos de sal.

1 litro de agua.

5 gramos de pimienta negra.

10 gramos de orégano seco.

10 gramos de tomillo seco.

10 gramos de perejil seco.

Elaboración

Escabeche:

Sofreír en el aceite las verduras lavadas, ­peladas y cortadas en dados junto a las hierbas aromáticas. Cuando estén doradas, añadir el vinagre y el vino, y dejar cocinar a fuego lento durante 45 minutos. Dejar reposar durante 24 horas y colar los sólidos para ­quedarnos el jugo.

El bonito embotado:

Cortar el bonito en trozos grandes. Hacer una salmuera mezclando el agua con la sal y sumergir los trozos durante media hora. Secar y colocar en botes esterilizados previamente, disponer el jugo de escabeche dentro y cerrar. En una olla con agua y un paño en el fondo, hervir a fuego suave durante 60 minutos. Dejar reposar en el agua hasta que enfríe y guardar en refrigeración. Se podrá consumir durante los tres meses siguientes.

Acabado y presentación

Mezclar las especias, sacar un lomo de bonito y pasarlo por ellas. Cortar y consumir como prefiramos. En este caso sugerimos en una tostada de pan de cristal.

Aporte nutricional

Los pescados azules aportan entre 120 y 180 kilocalorías por cada 100 gramos de producto. Tienen un elevado contenido en proteínas de alto valor biológico. Presentan vitaminas del grupo B y vitaminas A y D, y minerales como hierro y calcio. Constituyen la principal fuente alimentaria de yodo junto con la sal yodada. El yodo resulta fundamental para el buen funcionamiento hormonal, especialmente de las hormonas tiroideas.

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