El arranque del partido de Puigdemont agita el tablero electoral catalán

El jefe de filas del PSC, Miquel Iceta, el pasado sábado en un acto con diputados
El jefe de filas del PSC, Miquel Iceta, el pasado sábado en un acto con diputados / Europa Press

Nadie sabe cuándo serán exactamente las elecciones en Cataluña pero el ambiente electoral lleva meses en el aire. La refundada Junts per Catalunya, ahora manejada por el expresident Puigdemont, es entendida por el resto de partidos como el prolegómeno de la fumata blanca que en algún momento tendrá que salir del Palau de la Generalitat en forma de cita electoral. La incertidumbre por los rebrotes marca el calendario, pero ya empiezan a moverse las fichas del tablero de cara a una votación que, tras el sentimentalismo del 21-D (las elecciones convocadas por Mariano Rajoy bajo el artículo 155), ayudará a aclarar el panorama político.

Los próximos comicios, de entrada, incluirán un aumento considerable del número de partidos que se presenten. La primera incógnita es cuán grave será la fragmentación del espacio que antiguamente ocupaba Convergència. El pasado sábado, durante la asamblea de refundación de Junts, quedó claro que si bien el propio Puigdemont no cerraba las puertas a nadie, las posturas entre el nuevo partido y la dirección del PDeCAT continúan alejadas.

El principal desencuentro es la propuesta política: Junts quiere ser un partido de amplio espectro mientras que el PDeCAT defiende su herencia en el centroderecha. Los neoconvergentes celebrarán el jueves un Consejo Nacional, máximo órgano entre congresos, para intentar clarificar los pasos a seguir. El presidente del PDeCAT, David Bonvehí, insiste en que su formación “concurrirá de alguna manera” a las próximas elecciones.

En las últimas catalanas, el independentismo obtuvo más de 2.079.000 votos y ahora tendría más pretendientes para captar ese voto. ¿Los planes para mantenerlos? Junts tendrá al expresident huido de la justicia como principal reclamo y puede vender que “suma”, al atraer a su órbita a pequeñas formaciones como Demòcrates (los democristianos independentistas que estaban con ERC), Reagrupament (que tenía un acuerdo con el PDeCAT) y una parte de los anticapitalistas, Poble Lliure. La CUP, a los que las encuestas les dan más escaños que los tres actuales, aprobaron en marzo la propuesta política con la que concurrirán.

El ‘revival’ de CiU

Si el PDeCAT se presenta en solitario tiene las subvenciones por su representación política actual, los derechos electorales y candidatos con un gancho aún por valorar como la consejera de Empresa, Àngels Chacón, o el alcalde de Igualada, Marc Castellls, que ganó relevancia durante la pandemia. Tampoco se descarta una alianza de los herederos de Convergència con el Partit Nacionalista de Catalunya (PNC), liderados por Marta Pascal y aún sin un tíquet electoral claro. Sin embargo, el PNC aún no quiere saber nada de alianzas y ha puesto en el congelador sus contactos tanto con Bonvehí como con otros exUnió, Units per Avançar. Ese cierto revival de CiU se encuentra, por lo pronto, con algunas dificultades para cuajar, como las discrepancias sobre un referéndum a la escocesa o no.

Esquerra, por su parte, llega a la batalla por la hegemonía del independentismo con nuevo socio electoral. Tras el divorcio controlado con los democristianos independentistas, que casi desde el minuto uno compraron las tesis de Puigdemont (“Los que se han movido son otros”, defienden desde Demòcrates), la fórmula con Soberanistes (una escisión de los comunes) ha funcionado tanto en el Congreso de los Diputados como en el Ayuntamiento de Barcelona y con mucha seguridad se repetirá para las catalanas. Pere Aragonès no es oficialmente el candidato pero sí lo hace de manera oficiosa y la maquinaria del partido está dedicada a reforzar su imagen de hombre de gestión. La falta de la foto de una nueva reunión de la mesa de diálogo complica su relato de la negociación, pieza fundamental para su campaña contra Junts, que sigue sin cabeza de cartel.

El Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) también aspira a ganar. Miquel Iceta se ha ofrecido a ser el cabeza de lista de unas elecciones en las que ya no tendrá a Units per Avançar como socio. La aportación de Units al PSC (que logró más de 600.000 votos en el 21-D) fue mínima y los socialistas esperan que la figura del ministro Salvador Illa sirva de gancho para una campaña en la que los sondeos parecen serles favorables. También confían en que vuelva gran parte del voto que se fue entonces a Ciudadanos. “Si no ganamos nosotros habrá cuatro años más de lo mismo, cuatro años más de retroceso”, dijo Iceta el pasado sábado, en una reunión interparlamentaria.

Tras un mandato convulso, Jéssica Albiach se ha consolidado como líder de Catalunya en Comú-Podem. El primer puesto le corresponde a Noelia Bail, la exsecretaria general destituida por Pablo Iglesias y que se impuso a las primarias a Conchi Abellán, la candidata oficialista. En cualquier caso, el paso de la coalición lo marca Ada Colau y eso minimiza el conflicto eterno. Los herederos de la antigua Iniciativa per Catalunya (ICV), tras someterse a un concurso de acreedores que le llevará a la liquidación, tal y como le sucedió a Convergència y a Unió, han impulsado el partido Izquierda Verde, aunque no prevén moverse de la confluencia de los comunes.

El resultado en el País Vasco aleja una coalición PP-C’s

Vencedor contra todo pronóstico en los comicios de 2017, con más de un millón de votos, Ciudadanos está intentando aplicar en Cataluña ahora su estrategia de partido de centro y moderado. Sus dirigentes rechazan que el viraje responda al pésimo resultado de las últimas citas electorales ni a su desplome en las encuestas en Cataluña. Su objetivo es liderar una alianza constitucionalista con el PP y han lanzado guiños a los socialistas.

El pacto a tres se antoja casi imposible pero la alianza a dos también está llena de dudas. El experimento en el País Vasco fue un fracaso: el PP logró en las elecciones de 2016 nueve escaños y ahora con Ciudadanos, seis. Sobre la mesa está acotar la coalición a las demarcaciones donde les cuesta más obtener representación, Girona y Lleida. La confección de las listas también se antoja complicada pues ambas formaciones se consideran al alza y reivindican ser cabeza de lista. Ciudadanos ya proclamó candidata a Lorena Roldán. Algunas encuestas incluso le dan escaños a Vox.

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