Fabio Quartararo, encantador y egoísta, “como los campeones”

Fabio Quartararo, en el circuito de Jerez este fin de semana.
Fabio Quartararo, en el circuito de Jerez este fin de semana.AFP7 vía Europa Press / EL PAÍS

Hace dos años Razlan Razali, máximo responsable del equipo Petronas, no sabía quién era Fabio Quartararo (Niza, 21 años). Hoy el nombre del chico que pretende destronar a Marc Márquez en MotoGP, merced a sus dos victorias consecutivas al inicio del campeonato, está en boca de todos. “Razlan no sabía si era italiano o español”, recuerda risueño Johan Stigefelt, director del equipo satélite de Yamaha, que tuvo que explicarle al jefe que no, que el chico era francés, pero que tenía un gran talento. Fue el ex piloto sueco el que convenció al mandamás del equipo de que tenían que apostar por la juventud del de Niza, que entonces tenía todavía 19 años y no pasaba por su mejor momento.

Venía de una mala experiencia con el equipo de Sito Pons, en Moto2 —”Todos quieren resultados, pero los hay que saben plantearlo de una manera más correcta”, explicaba Fabio hace unos meses—, cuando empezó a remontar en las filas del Speed Up. Ganó en Montmeló y subió al podio en Assen. En Sachsenring, donde se disputaba la siguiente carrera, firmó el contrato que le permitiría debutar en MotoGP. Era 2018, un año después de cambiar de representante y de decidir marcharse a vivir a Andorra, donde reside desde entonces. Hacía solo tres temporadas que se había estrenado en el Mundial con una etiqueta de esas que pesan como una losa. Quartararo, “el nuevo Márquez”, decían, dos veces ganador del Campeonato de España de Velocidad (CEV) con 14 y 15 años porque a esa edad no le quedaba más opción que seguir exhibiéndose en los circuitos españoles, debutó en Moto3 en la primera carrera del año 2015, en Qatar, pese a no tener aún 16 años y como una concesión especial.

Los siguientes tres años fueron un martirio: malas decisiones, demasiadas expectativas y menos resultados de los esperados. “Pasé años muy complicados, pero me sirvieron para coger experiencia”, confesaba él mismo. Aunque sigue siendo un crío, un chaval al que le gusta el rap y que está siempre pendiente de poner la mejor cara para postear una foto en Instagram, un deportista precoz que gusta de celebrar sus triunfos homenajeando a sus ídolos, futbolistas como Dybala o Mbappé, y a quien le entusiasma jugar a la Play con Lewis Hamilton, Quartararo ha madurado como deportista.

“Desde el primer día vimos a un piloto calmado, preciso en sus comentarios técnicos. Al llegar a la primera carrera de 2019 nos dimos cuenta de que además de rápido, no cometía errores y no se caía demasiado”, recuerda Stigefelt. Su estilo, opina el sueco, se parece al de Jorge Lorenzo también con la M1: “Viéndolo parece que llevar la Yamaha sea fácil, pero no lo es. La manera en que ganó la segunda carrera en Jerez, ya desde la salida, magnífica, me recordó mucho a Lorenzo”. “Así se pilota la Yamaha. Es el que más se parece a mí”, le bendecía el mallorquín hace una semana, tras su primer triunfo también en Jerez.

Sus dos primeras victorias en MotoGP, enmarcado además en un equipo privado, las ha logrado el francés sin tener que llegar a la última vuelta con Márquez pegado a su colín —primero por caída y luego por lesión—, como pasó más de una vez el curso pasado. “Con Marc será más difícil ganar, pero lo guapo es que alguien te lleve a tu límite. Si estoy aquí es porque el año pasado Marc me llevó muchas veces a mi límite”, concedía este domingo.

Tan al límite que se le vio derramar alguna lágrima tras perder un cuerpo a cuerpo con el campeón del mundo. Pero Quartararo es mucho más metódico y controla mucho mejor sus emociones. Sus visitas al psicólogo le han ayudado a ello. “Me es útil cuando mi cabeza tiene pensamientos negativos. Me ha enseñado ejercicios de autocontrol que me han servido mucho porque antes, cuando algo no me salía bien, me enfadaba muchísimo”.

Cuesta imaginárselo tan enfadado. “Siempre sonríe. Es encantador. Y tiene los pies en el suelo. No se cree ninguna estrella, sabe de donde viene. Es inteligente, competitivo y, a veces, egoísta, como todos los campeones”, le define Stigefelt.

El chico que llegó a España con siete años en la furgoneta de su padre porque en Francia no había suficiente competencia para hacerle crecer es este 2020 el rival al que todos miran en MotoGP. Enrolado en un equipo que, bromean sus integrantes, parece la ONU de tantas nacionalidades como hay representadas, Quartararo se siente por fin acogido por una estructura muy familiar que lo único que le pidió cuando llegó fue que disfrutara con la Yamaha. “La mejor moto para aprender en MotoGP”, decía Wilco Zeelenberg, holandés, y director deportivo del equipo.

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