La caída del turismo amenaza con el cierre al 40% del comercio del Born

Una chica pasa ante uno de los comercios cerrados en el Born.
Una chica pasa ante uno de los comercios cerrados en el Born.Gianluca Battista

En el Born hay estos días casi más persianas bajadas que turistas. Los anuncios de las agencias inmobiliarias cuelgan en prácticamente cada calle ofreciendo locales en venta o en alquiler, negocios que han caído con la epidemia del coronavirus. Los comercios de este barrio de Barcelona que han cerrado desde marzo llegan al 25%, y podrían ser hasta un 40% a finales de año, según la Asociación de Comerciantes de La Ribera y el Born (Born Comerç). Los que continúan en pie sobreviven estas semanas con un descenso de la facturación de entre el 40% y el 90%, lo que amenaza su futuro.

En la plaza de les Olles, Ciro improvisa como guía del hundimiento del Born. Ciro es el encargado del restaurante italiano Gravin. Enfrente tiene dos negocios que dijeron adiós, y resume los motivos: uno es la mítica tienda de material de pesca Casa Calicó, fundada en 1850 y que se mudó en 2017 al Poblenou por un incremento inasumible del alquiler; la otra era Fit Flop, zapatería que ha cerrado con el coronavirus.

“En los últimos años hemos ido dependiendo más y más del turismo extranjero mientras que el tejido vecinal iba disminuyendo”, explica Jordi Tomàs, propietario de la tienda de ropa The Outlet. Tomàs ha experimentado desde marzo una pérdida de ingresos de entre el 70% y el 88%. Su objetivo es capear el temporal gracias a la comprensión de los proveedores y del propietario de su local, que le ha hecho una quita, aplazando un 50% del alquiler hasta finales de año.

Tomàs critica las complicaciones burocráticas para acceder a los aplazamientos de las cuotas de Hacienda y a las ayudas para autónomos. Cree que tiene margen para sobrevivir hasta marzo de 2021 pero, por si acaso, explica Tomàs, ha pedido cita para informarse en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) sobre cómo puede cerrar la tienda avanzando su jubilación. Le han dado hora para dentro de dos meses.

Juan Carlos Arriaga, presidente de Born Comerç, advierte que si la situación no mejora para otoño, otro 10% o 15% de comercios, también de restauración, pueden finalizar la actividad una vez liquiden sus existencias. Arriaga identifica que la crisis se agrava en los negocios del centro del barrio, con descensos de ingresos de hasta el 80%. En las calles limítrofes, en cambio, la reducción es de media menor al 50%.

Ejemplos de ello son la bisutería de diseño de Carme Anglada, en la calle Rec, que está sufriendo una disminución de ventas del 90%, y el negocio de cafés selectos para llevar Coffee Casa, en la calle Carders, más alejado del meollo del Born, donde han perdido un 40% de clientes, los visitantes internacionales. Anglada dice que el Born está “mucho más impactado” que otros barrios por la pérdida del turismo, y admite tener dudas sobre la posibilidad de mantener abierto su establecimiento.

Una razón importante para la diferencia entre el interior del Born y su área perimetral, según Arriaga, es la movilidad, porque el exterior del barrio es más fácilmente accesible. Tanto Born Comerç como Barcelona Oberta, la asociación que reúne los ejes comerciales turísticos de la ciudad, critican las limitaciones para los coches que ha introducido el Ayuntamiento durante la pandemia. Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta, asegura que estos cambios no deberían aplicarse en un momento de emergencia económica. “¿Qué queremos? Que Barcelona sea cosmopolita o que sea una ciudad neorural, como parece querer la alcaldesa Ada Colau?”, añade Arriaga.

Pérdida de población local

Arriaga también indica que la restauración en la zona perimetral del Born tiene más espacio para terrazas, frente al 80% del resto del barrio, que es peatonal y de calles estrechas. El presidente de Born Comerç asegura que el Ayuntamiento solo ha respondido al 20% de las solicitudes para ampliar el espacio de las terrazas en el distrito de Ciutat Vella. Los empresarios consultados coinciden en que en las últimas dos semanas ha empeorado la tendencia por las nuevas restricciones de la Generalitat y por las recomendaciones poco concretas sobre el confinamiento voluntario en el área metropolitana.

Para Jordi Tomàs, la situación es “un desastre”, y en ello también ha sido clave el hecho de que se hayan perdido residentes en el Born, sustituidos por alojamientos turísticos y pisos compartidos de estudiantes. Faltan clientes residenciales que podrían ahora, en parte, sacarles las castañas del fuego. Vecinos como Elizabeth Carratt, canadiense que vive en la zona. Carratt valora que en los dos años que lleva en el barrio, no lo había visto tan tranquilo, y asegura que estos días es más asidua a sus establecimientos favoritos, “para intentar ayudar”. Arriaga subraya que el tejido comercial del Born es de pequeñas empresas, más vulnerables que las grandes cadenas y multinacionales, ausentes en esta área porque los locales disponibles son pequeños.

“Vivir aquí es caro y hacer vida de barrio es difícil. Según lo que quiera comprar, una libreta, por ejemplo, me tengo que ir a la calle Princesa. Esto es guirilandia y el turismo nacional también está dejando de venir porque ve el Born como algo artificial”. Las estadísticas del Ayuntamiento de 2018 indican que el 12,2% de los comercios del Born están especializados en turismo, frente al 9,4% de media en Barcelona. El encarecimiento del metro cuadrado residencial en el Born entre 2013 y 2020, según el Consistorio, ha sido del 36%, igual que en el conjunto de la ciudad.

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