François Pinault, el último mecenas de la Serenísima

Nacido en una familia de campesinos en Trévérien, un pequeño pueblo de la Bretaña francesa hace 83 años, François Pinault es uno de los hombres más ricos del planeta. En la versión corta del origen de su inmenso patrimonio, se puede decir que empezó en el mundo de los negocios comprando y vendiendo leña de los bosques de su comarca, un escenario que agrandó rápidamente importando maderas de Canadá y Escandinavia. Logró vender esa empresa a principios de los setenta por una cantidad que superaba 50 veces su valor inicial. Después se fue haciendo con firmas como Printemps, Conforama o Fnac hasta coronarse como el auténtico emperador del negocio del lujo (Gucci, Yves Saint Laurent, Alexander McQueen, Balenciaga, Bottega Veneta). La familia, representada por el grupo Artemis, posee además un equipo de fútbol (Stade Rennais), un teatro (Marigny), un semanario (Le Point), una casa de subastas (Christie’s) y dos museos en Venecia: el Palazzo Grassi (adquirido a los Agnelli) y la Punta della Dogana. Y por si fuera poco, todo está casi listo para que la rama artística siga creciendo en 2021 con un nuevo espacio en la Bolsa de Comercio de París. Nada menos.

La aproximación del patriarca de los Pinault al mundo del arte comenzó a partir de su matrimonio con Maryvonne Campbell. Su segunda esposa, aficionada a las antigüedades, le introdujo en el ámbito de las subastas. Consiguió que acabara comprando Christie’s, pero el empresario debió de considerar que el campo del arte antiguo estaba agotado y prefirió sumergirse en el arte contemporáneo. Su retirada de la primera línea de la gestión empresarial en 2003 y la entrega del cetro a su hijo François-Henri Pinault le ha venido muy bien a artistas y galeristas, que han tratado con un magnate que presume de no tener intermediarios y que se han beneficiado de formar parte de una colección con más de 3.000 piezas de los siglos XX y XXI.

'Say Goodbay. Self Portrait. Alexandria, 2009', obra de Youssef Nabil.
‘Say Goodbay. Self Portrait. Alexandria, 2009’, obra de Youssef Nabil. CORTESÍA DEL ARTISTA / COLECCIÓN PINAULT

La colección, que brotó en torno a un mondrian adquirido en 1991, es todo un catálogo de los grandes nombres que forzosamente figuran en muchos de los blockbusters en manos de multimillonarios, pero también ha fomentado la creación in situ de muchos jóvenes artistas con pocas exposiciones en sus currículos e incluso nula presencia en el mercado. Entre los fondos de su propiedad se mezclan los nombres de Pablo Picasso, Kandinsky o Jackson Pollock junto a Jeff Koons, Sigmar Polke, Cindy Sherman, Cy Twombly, Takashi Murakami, Richard Prince, Paul McCarthy o Thomas Schütte. Y junto a todas estas celebridades, hay artistas jóvenes a los que se invita a intervenir en cualquiera de los dos museos en cualquiera de los soportes imaginables.

En los museos de François Pinault el concepto de exposición permanente se ha sustituido por el de proyectos en los que el comisario crea una historia sobre fondos del propietario y piezas específicas y a veces efímeras. Nada está pensado para permanecer eternamente, de manera que el multimillonario presta habitualmente a instituciones internacionales y, a su vez, él completa su programa expositivo con obras ajenas.

Pasado el confinamiento, el Palazzo Grassi y la Punta della Dogana han reabierto sus puertas el segundo fin de semana de julio con exposiciones fieles a la línea que han mantenido desde que se inauguraron. En la Dogana se puede ver Sin título, 2020. Tres perspectivas sobre el arte del presente. Comisariada por Caroline Bourgeois, Muna El Fituri y el artista Thomas Houseago, es una reflexión sobre la colección con obras de 60 artistas incluidos en ella. Eduardo Chillida, Magdalena Abakanowicz, Nairy Baghramian, Garry Barker, Maria Bartuszová, Lee Bontecou, Marcel Broodthaers, Stanley Brouwn o Teresa Burga.

En el Palazzo Grassi, el protagonista principal es Cartier-Bresson en el primer piso del edificio. Bajo el título de El gran juego, se exhiben 385 imágenes que el artista consideraba como las más significativas de su trayectoria. Cinco invitados de relumbrón han elegido sus 50 imágenes favoritas: los peculiares comisarios son la fotógrafa Annie Leibovitz, el director Wim Wenders, el escritor Javier Cercas, la comisaria y directora del departamento de Grabados y Fotografía de la Biblioteca Nacional de Francia, Sylvie Aubenas, y el propio coleccionista, François Pinault.

La oferta de arte realizado por jóvenes ocupa la planta principal del palacio con una monográfica dedicada al artista Youssef Nabil (El Cairo, 1972), titulada Once Upon a Dream, comisariada por Matthieu Humery y Jean-Jacques Aillagon.

En un tercer espacio situado junto al Grassi, conocido como El Teatrino, se celebra desde 2013 un amplio programa cultural y educativo, organizado en colaboración con instituciones y universidades de la propia Venecia y de países extranjeros.

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