Una nueva normalidad, pero con perspectiva de género

Las mujeres en todo el mundo son uno de los grupos más afectados por el impacto económico y social que trajo y nos dejará la pandemia.

En el caso de México, las mujeres están entre los más expuestos y afectados por la covid-19, ya que representan el 70% de personal dedicado a salud y servicios.

Así lo expuso Mónica Flores, presidenta de Manpower para Latinoamérica en un conversatorio virtual organizado por la Comisión para la Igualdad de Género del Senado de la República.

“Estamos sobrerepresentadas en los puestos de riesgo en salud en el área de enfermería, limpieza de hospitales y en aquellos puestos que están más impactados por esta pandemia, es decir, en servicios turísticos y comerciales”, señaló.

Por su parte, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) publicó en marzo pasado el informe “COVID-19: Un enfoque de género”, el cual destaca que los brotes de enfermedad afectan a hombres y mujeres de manera diferente, y que las pandemias empeoran las desigualdades a las que ya se enfrentan mujeres y niñas.

Cinco nuevos pasos hacia la igualdad de género

La Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres), al considerar tal panorama, invita a los gobiernos del mundo a tomar cinco medidas específicas para mitigar los efectos económicos y sociales con los que la emergencia sanitaria ha afectado a todas las mujeres:

1. En primer lugar, deben asegurar que las necesidades de médicas y enfermeras estén realmente contempladas y satisfechas en cada ámbito de su desempeño profesional. Y no hablan sólo de trajes, guantes y mascarillas.

“Como mínimo, significa asegurar que productos de higiene menstrual se encuentren disponibles para las proveedoras de cuidados y personal de primera intervención. Deben formar parte del equipo de protección personal”, comenta Anita Bhatia, directora adjunta de ONU Mujeres.

Adicionalmente, el estudio “COVID-19: Un enfoque de género” señala que se debería prestar especial atención a cómo su entorno de trabajo puede exponerlas a la discriminación, así como a su salud sexual y reproductiva y sus necesidades psicosociales como trabajadoras sanitarias de primera línea.

2. Asegurar que las líneas directas y los servicios dedicados a las víctimas de violencia doméstica se consideren servicios esenciales. Ello implica que se mantengan siempre abiertos y que los organismos de seguridad estén conscientes de lo importante que es responder con prontitud y eficiencia a las víctimas.

3. Los apoyos y medidas de estímulo que ofrezcan los gobiernos deben incluir medidas de protección social que reflejen las circunstancias especiales de las mujeres. ¿Qué implica esto? Conceder bajas por enfermedad y/o pagadas a quienes no puedan acudir a su puesto de trabajo debido al cuidado de niños o personas mayores en casa, por ejemplo. Y vaya que existen estas circunstancias especiales en un país como el nuestro.

4. Los líderes al frente de la contingencia sanitaria a en cada país deben encontrar la forma de incluir a mujeres en la toma de decisiones de respuesta y recuperación. “Incluir voces de mujeres en la toma de decisiones, tanto a nivel local como municipal o nacional, dará mejores resultados”, señala ONU Mujeres y pone como ejemplo la forma en que la respuesta al ébola se benefició de la inclusión de diversos grupos de mujeres.

5 Por último, se recomienda a los gobiernos prestar especial atención a lo que ocurre en los hogares y llamar a hacer un reparto igualitario de la carga de cuidados entre hombres y mujeres. Es una gran oportunidad para “desestereotipar” los roles de género que están presentes en muchos hogares alrededor del mundo.

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