NBA, una nueva dimensión

Vuelve la NBA, pero no la de toda la vida, sino una versión inédita que abre otra dimensión en el deporte mundial. Ninguna otra competición, ni el fútbol con su próxima versión exprés de la Champions o el baloncesto español con su visto y no visto con 33 partidos y 14 días en Valencia, ni las otras grandes ligas del deporte estadounidense, se ha atrevido a concebir, fabricar y utilizar la burbuja con la que la NBA está decidida a salvaguardar sus esencias, competición y espectáculo a tope. Todo eso, sin público, esquivando los viajes y fechas tradicionales y con la amenaza latente de una pandemia que castiga estos días especialmente a Florida.

Allí, en Orlando, se encuentra el complejo deportivo de la ESPN en Disney World, el lugar elegido para deconstruir lo que podría ser una distopía deportiva. Serán necesarios dos meses y medio, además de las tres semanas que llevan ya allí entrenándose y disputando amistosos los 22 equipos llamados a liquidar 88 partidos de la fase regular. Quedaban 259 por jugarse cuando enfilaba su tramo final y se suspendió de manera fulminante el 11 de marzo, en el momento en que se conoció, durante los prolegómenos del duelo entre Utah y Oklahoma City, que Rudy Gobert había dado positivo. Tras la fase regular, a partir del 17 de agosto y hasta el 13 de octubre, se disputarán los playoffs más atípicos, pero siempre al mejor de siete encuentros.

“Es 2020. Nada es normal en 2020. Nada parece como es y quién sabe si alguna vez volverá a ser como era”, afirma LeBron James, un jugador siempre en la cima, ahora con los Lakers, el equipo al que pretende llevar al título para ponerlo en pie de igualdad con los 17 que otorgan a los Celtics la mínima ventaja en el recuento histórico.

LeBron, a los 35 años, asume un reto más: su cuarto anillo, tras los dos que obtuvo con Miami y el que logró con Cleveland, con el mérito añadido de que sumaría 10 finales y 14 presencias en los playoffs en 17 temporadas. A raíz del debate sobre la concesión del premio MVP al mejor de la temporada, ha presumido de su capacidad para situar a los Lakers al frente de la Conferencia Oeste, con una sustancial ventaja sobre los Clippers. “Creo que he mostrado lo que soy capaz de hacer”, dijo al rebatir a los que dudaban que dominara en el Oeste como lo hizo con Cleveland y Miami.

En el microclima de las tres canchas de juego habilitadas en Disney World, la temporada restaurará sus parámetros, con algunos matices, con ocho equipos menos, por ejemplo. Continuará la pugna entre los Lakers y los Clippers, entre LeBron y Kawhi Leonard, empeñado en sumar un tercer anillo con su tercer equipo diferente, tras los que obtuvo con San Antonio y Toronto. Proseguirá la cruzada de Milwaukee, por segundo año consecutivo al frente en el Este y con Giannis Antetokounmpo decidido a desquitarse de la derrota en la final de Conferencia del año pasado ante los Raptors. El desafío para el equipo canadiense de Marc Gasol y Serge Ibaka es seguir haciendo historia tras el anillo logrado hace 13 meses y demostrar que entre Lowry, Siakam, Norman y VanVleet son capaces de mantener el tono como si Leonard no se hubiera ido.

Un puñado de equipos se debate por abrirse un hueco en las finales. Houston, con Harden y Westbrook al mando, lleva al extremo su tendencia al small ball y a desdeñar al pívot. Denver y Utah llevan tiempo llamando a la puerta de algo grande, al igual que los Celtics, Miami, Indiana o Philadelphia en el Este. La formidable temporada de Doncic con Dallas y la estelar irrupción de Zion Williamson con Nueva Orleans son de tal magnitud que captarán el interés lleguen adonde lleguen. El último en asomar, con Denver, es Bol Bol, el hijo del legendario Manute. Mide 2,18 metros, tiene 20 años y mucho camino todavía por recorrer.

Controles exhaustivos

La NBA no ha reparado en gastos. La inversión organizativa asciende a 125 millones de euros durante los 100 días de vigencia de la burbuja. Ha establecido un plan en el que prima la seguridad sanitaria, con test diarios a todos los componentes de las plantillas, además de un exhaustivo control de las 1.500 personas que convivirán en la burbuja. El protocolo fue acordado con la potente Asociación de Jugadores (NBPA) y ha sido especificado en un memorando de 113 páginas.

Las incidencias han sido de toda índole durante las primeras semanas. Pero los positivos y las salidas de guion han afectado a jugadores que estaban fuera de la burbuja en esos momentos. Jokic, Westbrook y Ricky Rubio dieron positivo antes de viajar a Orlando. Varios jugadores han abandonado la burbuja para resolver asuntos personales. El caso de Lou Williams, obligado a pasar una cuarentena de 10 días tras aprovechar el permiso para acercarse a un club de estriptis en Atlanta, demuestra el rigor en las directrices implementadas por la NBA. Si un jugador da positivo en la burbuja, deberá pasar 14 días fuera de ella en aislamiento y cualquier persona que haya estado en contacto con él será sometida a exhaustivas pruebas. “No nos queda más remedio que aprender a vivir con este virus. En este momento, no hay opciones sin riesgo”, admite Adam Silver, el comisionado de la NBA.

Algunos han renunciado a jugar en la burbuja. El caso más destacado es el de Avery Bradley, escolta de los Lakers. Tiene tres hijos y el mayor, Liam, sufre afecciones de tipo respiratorio. En lugar de Bradley, los Lakers han incorporado al excompañero de LeBron en Cleveland, JR Smith, de 34 años.

Reivindicación de los jugadores

Los jugadores se prodigaron durante la ola de protestas contra la violencia racial que se extendió en Estados Unidos a raíz de la muerte de George Floyd, el 25 de mayo. Fueron muchos los que acudieron a las manifestaciones. Jaylen Brown, jugador de los Celtics, viajó 15 horas en automóvil desde Boston hasta Atlanta a tal efecto. El sindicato de jugadores y la Liga llegaron a un acuerdo para establecer unos parámetros que canalicen las protestas en la reanudación del torneo. Sobre el parquet de las tres canchas en que se disputarán los partidos se ha escrito Black Lives Matter, el nombre del movimiento que aglutina las protestas antirracistas.

Los jugadores han podido elegir entre un abanico de lemas que podrán lucir en sus camisetas. Marc Gasol y Ricky Rubio optaron por Justice, Antetokounmpo por Equality, Doncic por Enakopravnost (igualdad en esloveno), Westbrook por Black Lives Matter, Ibaka por Respectez Biso (Respetadnos, en dialecto francés). Lebron, Harden y Leonard no llevarán ningún lema. Algunas informaciones aseguran que los jugadores acordaron que se arrollidarán cuando suene el himno. Las normas de la NBA no lo permiten. El comisionado Adam Silver explicó la semana pasada: “Entiendo el papel de la protesta. Lidiaremos con esa situación cuando se presente”.

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