Sánchez emplaza a un acuerdo en España como en la UE y Casado exige que se olvide de sus socios

“España debe entenderse con España”. Pedro Sánchez ha emplazado a los demás partidos a lograr un pacto similar al que se ha alcanzado en Bruselas por el que España recibirá 140.000 millones de euros para la reconstrucción tras la covid-19. El presidente ha explicado el acuerdo europeo este miércoles en el Congreso y ha pedido “que sirva de acicate y ejemplo” para aprovechar la oportunidad y rediseñar un futuro para el país más digital, moderno y sostenible. “Si España quiere, España puede”, acabó.

El líder del PP, Pablo Casado, no recogió ese guante y recriminó a Sánchez haber tenido un papel menor en el pacto europeo. También le exigió que se olvide de las políticas que proponen sus socios de Unidas Podemos y los partidos nacionalistas. Casado habló de “rescate”, como hizo el líder de Vox, Santiago Abascal, que aprovechó el momento para retar a la oposición y en particular al PP a sumarse a una moción de censura que el partido ultra presentará en septiembre.

“Nadie entendería que nos hayamos podido entender Gobiernos tan diferentes en Europa, nadie entendería que no nos entendiéramos en España. Espero que este acuerdo europeo histórico sirva de ejemplo, como un acicate y nos ponga a todos ante el espejo”, afirmó Pedro Sánchez en su intervención para detallar los últimos consejos europeos celebrados durante lo peor de la pandemia. Los mensajes del presidente se ciñeron a relatar lo complejo y difícil del pacto alcanzado por unanimidad entre los 27 socios de la UE para destacar que ese escenario debería trasladarse ahora a nivel nacional: “Si en Europa se puede, en España se debe”.

El jefe del Ejecutivo no se olvidó de resaltar las propuestas propugnadas por España y su Gobierno en estos meses y en especial el plan Marshall que planteó desde el 23 de marzo, su importante dotación económica y, sobre todo, la emisión de deuda común, algo no visto en la UE hasta ahora. Sánchez definió su actitud en esas conversaciones durante cinco días al límite en Bruselas como “dialogante, constructiva, ambiciosa y firme”. En ese contexto quiso resaltar que la aportación que llegaría a España en distintos fondos, unos 140.000 millones de euros en los próximos seis años, debería servir para transformar el país “con pilares más sostenibles, para ser más fuertes y competitivos”.

Tanto a la llegada al pleno, como luego durante varios pasajes de su alocución, el grupo socialista y el de Unidas Podemos, que sostiene al Gobierno, animaron al presidente con varias salvas de aplausos. Los diputados del PSOE, además, acudieron al hemiciclo de manera generalizada y su bancada no preservó ni la distancia de seguridad ni el acuerdo pactado en la Mesa del Congreso para que los grupos limitaran su presencia física al 50%. Fue ese un reproche que le lanzaron el PP y Ciudadanos y que la presidenta, la socialista Meritxell Batet, resolvió con el simple recordatorio de que el uso de las mascarillas debería ser obligatorio. El PP, a pesar de su queja, también se saltó esas normas varias veces en distintos plenos durante el estado de alarma.

El líder del PP, Pablo Casado, comenzó su respuesta al presidente por ese ángulo crítico para reprochar con dureza al Ejecutivo y sus bancadas esos aplausos recientes y les acusó de vivir en una “realidad paralela”. Casado pidió más “humildad y menos arrogancia” y subrayó que ante el virus no se está al final de nada. El dirigente popular volvió a repetir que España sigue siendo el país con la situación “más descontrolada” de la UE, con los ministerios desbordados o desaparecidos y, sobre todo, con unos socios en el Gobierno que son lo contrario de lo que emana de los acuerdos europeos.

Casado aceptó que está satisfecho por el pacto firmado en Bruselas, pero se lo atribuyó a las líderes del PPE y la Comisión Europea. Tildó el acuerdo de “rescate en toda regla” y recogió la equiparación con el Plan Marshall usada por Sánchez para recordar que aquellas ayudas a Europa tras la guerra mundial se acordaron “para evitar a los comunismos, no para patrocinarlos”. El presidente popular reiteró que la actitud y disposición del PP a partir de ahora será de lealtad pero emplazó por su parte al presidente a “elegir entre España y sus socios, entre la estabilidad o los extremos”.

Más tarde, en las réplicas, el presidente reprochó al PP que persistan en su actitud de “socavar la legitimidad democrática del Gobierno” con posiciones de “patriotas de los recortes y recetas equivocadas” y fue ahí cuando auguró que esa estrategia de oposición no tendrá éxito: “Prepárense para una legislatura larga y fructífera”. Sánchez lamentó no haber dispuesto ante las negociaciones en Bruselas ni de respaldo ni de aportaciones del PP sino todo lo contrario y acusó a esa formación de tener una postura “errática e incomprensible” y de intrigar con informes que ponían en solfa el nivel de la democracia española.

Casado, en su contestación, endureció aún más las críticas a la nueva normalidad en la que situó a Sánchez y reiteró su idea de que el Gobierno sigue sin hacer nada para prepararse ante más rebrotes o una segunda gran ola de la pandemia y no les hace caso en nada a sus propuestas de reformas de las leyes ordinarias existentes para evitar futuros estados de alarma. Y acabó interrogando retóricamente a Sánchez sobre para quién será esta una legislatura aprovechable: “¿Para los que atosigan al rey emérito, para los que buscan la independencia de Cataluña, para los 53 etarras acercados a prisiones vascas, para los fallecidos o para los siete millones de parados?”.

Vox aprovechó su presencia en el Congreso como tercera fuerza política de la Cámara, con 52 diputados, para cuestionar toda la gestión del Gobierno frente a la pandemia, para hablar también de “rescate europeo”, para atacar a Sánchez y sobre todo, de nuevo, a su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. Su líder, Santiago Abascal, avanzó así que su formación presentará en septiembre una moción de censura contra Sánchez, condenada al fracaso por falta de apoyos y que va tan dirigida al PP que solo mencionó a Casado para recabar sus votos por “responsabilidad”. La decisión de postergar esa moción para septiembre provocó la ironía del presidente cuando le planteó a Abascal si lo hacía así para poder tomarse vacaciones ahora en agosto. En su segunda intervención, Abascal precisó que la moción no se presentaba contra Casado, como le reprocharon varios oradores, sino “contra Rufián, el gobierno comunista, los separatistas y para salvar a España” y que la fijaba en septiembre para dar tiempo a otros grupos y portavoces a llamarle en verano para sumarse a esa disposición que Vox, indicó, no quiere liderar. La moción de censura requiere de mayoría absoluta para prosperar y la indicada por el partido ultra no parece tener la posibilidad de acercarse a ese tope de 176 escaños.

Desde Podemos, como es habitual, intervinieron varios portavoces para, por un lado, solidarizarse con los políticos catalanes presos a los que se ha revocado su situación de libertad condicional y pedir ahí más valentía y determinación al presidente sobre el conflicto catalán, y en el caso de su principal representante en la Cámara, Pablo Echenique, para advertir a Sánchez contra sus deseos de aplicar la llamada “geometría variable” en futuros pactos políticos, esencialmente para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.

El lamento o aviso sobre la intención de abrir los futuros pactos en el país a casi todas las bandas políticas fue recogido también por el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, que sobre los fondos europeos alertó de que tienen “truco” y de que serán “restrictivos” y no “progresistas” si para su confección y control se aplica el freno de los neoliberales que gobiernan en otros países europeos, los llamados frugales del norte. Rufián adelantó ahí que de cara a los Presupuestos no será lo mismo pactarlos aquí con ERC que con Ciudadanos. El portavoz adjunto de ese grupo, Edmundo Bal, defendió justo lo contrario. Alabó la posición “sensata y moderada” de Cs y la contrapuso a la “tortuosa” que podría ser la alternativa con Podemos y “los nacionalistas que quieren romper España”.

El PNV, como ratificó su portavoz, Aitor Esteban, se congratuló de los fondos, etiquetó de “revolucionarias” las decisiones adoptadas por la UE, especialmente la mutualización de la deuda, pero demandó que ahora se apliquen esas inversiones de manera adecuada para reformas estructurales. Esteban también reclamó que el Gobierno cuide sus apoyos de la investidura y no dé tantos bandazos en las votaciones en el Congreso a la búsqueda de socios de todo signo. Esa geometría variable la cuestionó también el portavoz de EH Bildu, Jon Iñarritu, que sí aceptó la relevancia del fondo aunque aún lo ve insuficiente, recordó su exigencia de la derogación de la reforma laboral del PP y pidió soluciones futuras que miren a la izquierda.

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