Tebas y el señor Lobo

Carátula de la serie 'El juego infinito'.
Carátula de la serie ‘El juego infinito’.

Protocolos estrictos y un comportamiento responsable ayudaron a un recorrido impecable de LaLiga hasta el final del campeonato más arriesgado de la historia del fútbol. Nos estábamos felicitando, pero para evitar imprudencias, excesos de confianza o accidentes, el fútbol español hubiera necesitado al solemne señor Lobo de Pulp Fiction, que nos hubiera advertido: “No nos chupemos las pollas todavía”. Porque en la última curva también se pierden carreras y la cadena de consecuencias puede ser infinita. Le ocurrió al Fuenlabrada en el último partido de Segunda División, con sus contagios a chorro que dejaron temblando a un fútbol más vulnerable, confundido y artero que nunca. Vulnerable, porque ya nos estamos preguntando qué pasará con la próxima temporada. Confundido porque, tras el episodio, no sabemos quién manda. Y artero, porque inevitablemente aparecieron los que intentan aprovechar este episodio para salvar el fracaso de toda una temporada.

Cuanta más incertidumbre, más protocolos

La última jornada de Segunda nos lo enseñó: esto consiste en jugar haciendo equilibrios sobre la fatalidad, hasta que se encuentre la vacuna. Pero la gestión de la incertidumbre no puede depender solo de los buenos reflejos para afrontar los imprevistos. Si se decide, para evitar desventajas, que todos los partidos se jueguen a la misma hora, es lógico que la suspensión de un partido, aunque sea por causa mayor, genere una sensación de caos y un sentimiento de injusticia. Así como se activaron protocolos eficaces para reducir al máximo los contagios, hay que legislar para que la próxima vez que surja un contagio antes de un partido, LaLiga sepa cómo actuar. Y habrá que hacerlo con el consenso de todos los clubes antes de que comience el próximo campeonato, para que sepan a qué atenerse desde el minuto uno y nadie se sienta en desventaja. Decidir sobre la marcha solo conduce hasta el juzgado más cercano.

¿Culpable?

Ellos lo sabían, ellos lo habían advertido, ellos son los profetas del día después, que han salido en tromba a la búsqueda del culpable. De uno solo, a ser posible, porque el tiro al blanco es el deporte favorito de los adivinos del ayer. Y el elegido fue Javier Tebas. Desde las antípodas ideológicas, diré que Tebas hizo más por el fútbol español que todos sus críticos juntos. No sé cómo saldrá de esta, pero no lo hará retrocediendo, porque su estilo es la frontalidad. Desde su llegada, LaLiga es más rica, más democrática en el reparto del dinero, más rigurosa en el respeto contractual, más digna en el cuidado de los escenarios y más respetuosa con el sentido de la identidad. Nadie hizo más ni arriesgó más para lograr que LaLiga terminara. Pero si atendemos a sus críticos, para no equivocarse, mejor no hacer.

City-Madrid-Silva-Ferran

Y a todo esto, se viene la vuelta del Manchester City-Real Madrid en condiciones estrafalarias. Cuatro meses después de la ida, en pleno agosto, con el estadio vacío… Pero será un gran partido de fútbol. Juega el Madrid, que mostró los dientes en LaLiga y jamás pierde su garra en la Champions, contra el City de Guardiola, que no sabe jugar mal. Pero si usted es un sibarita, mire a David Silva dar su último concierto futbolístico en Inglaterra. Un jugador inmenso de juego reposado, delicado y filoso, que se convirtió en leyenda de un país que ama el juego exaltado, áspero y tajante. ¡Qué bueno hay que ser! Que nos lo devuelvan, que a sus 34 años LaLiga sabrá como disfrutar de él. Por aquí sobra talento, así que consolaremos al City mandándole los 20 años de Ferran Torres, uno de esos extremos sin los que Pep no sabría vivir.

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