El tortuoso camino a una Segunda de 24 equipos

El terremoto ocasionado por la propuesta federativa de una Segunda División de 24 equipos no deja de generar réplicas. Mientras se debate sobre la conveniencia, la justicia y el engarce adecuado para ampliar, por una temporada, el número de clubes integrantes, nadie puede garantizar cuándo y en qué condiciones va a finalizar la campaña actual. Los avatares se suceden a todos los niveles. Este sábado por la tarde, en las instalaciones federativas de Las Rozas, se iba a iniciar la repesca entre cuatro equipos de Tercera para completar los participantes en Segunda B. Minutos antes del primer partido se suspendió todo tras detectarse tres positivos en el CD Marino tinerfeño.

En el fútbol profesional la incertidumbre es absoluta porque también está en el aire el inicio de la próxima campaña en la máxima categoría. Girona, Almería y Zaragoza saben que jugarán el playoff por la última plaza en Primera División. Pero el Elche ni eso. Y sigue entrenándose. “Cada día que pasa sin una solución se perjudica todavía más la situación deportiva de nuestro equipo y de la propia competición”, explica el club ilicitano en un comunicado en el que anuncia que apelará la decisión del Comité de Competición de no atender la petición del instructor federativo que proponía dar por perdido al Fuenlabrada el partido contra el Deportivo y, de facto, poner en marcha los playoffs. “Exigimos una solución inmediata y justa”, demandan en otra nota el cuerpo técnico y jugadores del Elche, que aluden a una situación “bochornosa” y añaden: “Queremos manifestar nuestro profundo malestar porque, tras haber cumplido escrupulosamente con el protocolo, somos el equipo perjudicado”. En Zaragoza, donde no saben si jugarán contra Elche o Fuenlabrada, ya anida también la indignación.

La sensación entre los clubes implicados en la fase de ascenso es que en la Federación el foco está puesto sobre el pulso con LaLiga por doblegar la primera idea de Javier Tebas. El máximo representante de la colectividad de clubes profesionales apuntó ya hace más de una semana que la solución al bloqueo actual no pasa por una Liga de 24 que rescate, como pide ahora el secretario general de la Federación, a Numancia y Deportivo, supuestos damnificados por el aplazamiento del partido de Riazor entre los coruñeses y el Fuenlabrada. Pero la propuesta esboza una solución e incluso el Fuenlabrada, que teme un descenso administrativo, no la ve con malos ojos. “Hay que hablarlo entre todos los clubes”, dice su presidente, Jonathan Praena.

Ocurre que no todos ven la idea con simpatía. Extremadura y Racing, que estaban descendidos matemáticamente antes de la última jornada, anuncian batalla. “O 22 o 26”, concuerdan. “Pondremos una demanda”, anuncia Manuel Franganillo, presidente del club extremeño. “O la competición se anula y no hay descensos, o deben quedarse 22. Y si no hay descensos y suben cuatro, tenemos que ser 26”, reclama Alfredo Pérez, al mando del equipo cántabro, que incide: “Si la competición no finaliza, no debe haber descensos, tal y como sucedió este año en otras categorías que dependen de la Federación”. También anuncian que irán a los tribunales.

Las quejas se extienden por la geografía española y se matizan según intereses locales. En el Rayo Vallecano, su presidente, Martín Presa, aporta otra variante al enredo. Le agrada que se plantee una Liga de 24 porque así entraría en acción: “Por equidad jurídica debería haber una promoción de seis equipos”. Antes de la última jornada el equipo vallecano tenía opciones matemáticas para entrar en el playoff: necesitaba ganar en Santander, que el Elche no superase en su feudo al Oviedo y que el Fuenlabrada perdiese en A Coruña.

La sensación para la mayor parte de los implicados es que la Federación le pasó este viernes la patata caliente a LaLiga, que ahora intenta que no le queme. El trayecto hacia la Liga de 24 pasa por un pacto entre ambas entidades y en caso de desacuerdo, varios expertos en derecho deportivo consultados discrepan sobre si la decisión final pertenece a la Federación o podría irse a un arbitraje del Consejo Superior de Deportes. En todo este proceso jugarían un papel esencial los propios clubes. Entre la mayoría de los que saben que van a jugar el año que viene en Segunda hay recelos por el reparto de dividendos televisivos con dos equipos más a la mesa y por la exigencia deportiva derivada de aumentar el número de descensos. La premura es máxima.

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