Las vajillas para los ‘estrella’ se elaboran en Alcoy

Cuando a José Piñero (Alcoy, Alicante, 1971) le preguntan a qué se dedica, él responde que es “fabricante de ideas”. Puede que su nombre no sea conocido, ni siquiera en el mundillo gastronómico, pero su sello se encuentra en un buen número de los mejores restaurantes de España. Chefs como Dabiz Muñoz, Quique Dacosta, Dani García y los hermanos Albert y Ferran Adrià confían en su creatividad y técnica para decorar sus restaurantes.

Piñero aerografía una pieza para el restaurante Coscolo, en León.
Piñero aerografía una pieza para el restaurante Coscolo, en León. Mikel Ponce

Mientras el resto de niños jugaban al fútbol después de clase, Piñero siempre estuvo obsesionado con dibujar. Combinaba su trabajo de dependiente en una tienda de discos con la pintura de murales en bares y pubs. Como a los propietarios les gustaban sus creaciones, comenzaron a encargarle elementos de decoración: “Pirámides egipcias, monjes… Poco a poco empecé a comprar material de carpintería. Aprendí a esculpir bloques de corcho de forma autodidacta y abrí un local de 40 metros cuadrados”.

Pieza que simula un corcho diseñada para el restaurante Coque, de Mario Sandoval.
Pieza que simula un corcho diseñada para el restaurante Coque, de Mario Sandoval. Mikel Ponce

Hace cinco años su vida cambió gracias a unos caracoles de cerámica que se han convertido en una enseña de su firma. “Un amigo mío tiene una empresa dedicada a hacer mantelería para la hostelería de alta gama y me pidió que creara unos caracoles personalizados para regalar a sus clientes”, explica. Estas piezas de cerámica terminaron llegando a manos de Albert Adrià y el trabajo del alicantino despertó la curiosidad del cocinero. “Mientras le contaba lo que hacía se le iba iluminando la cara, y me dijo: ‘Tú eres la persona que llevo tiempo buscando para hacer realidad las vajillas que tengo en mente”, rememora Piñero. Tras visitar el taller del alicantino, el chef no dudó en confiarle la decoración de uno de sus restaurantes, el Heart Ibiza, donde trabajó con el director artístico del Circo del Sol.

“He tenido la suerte de arrancar con los grandes”, reconoce. También de contar con su generosidad. Los Adrià explicaban a todo el que preguntaba quién estaba detrás de aquellas obras. Desde entonces, cabezas de elefantes, frutas gigantes o globos aerostáticos hechos de resina han salido de su taller, que ahora ocupa cinco naves industriales. Allí es donde ­surge la magia. Y donde se desarrolla todo el proceso de creación de las piezas.

Piñero realiza un boceto en su despacho.
Piñero realiza un boceto en su despacho. Mikel Ponce

Cuenta con carpintería, un taller de metal, una zona de pintura y hasta maquinaria de impresión en 3D. Con el negocio asentado, más de 40 personas trabajan hoy en esas enormes instalaciones. Eso sí, Piñero asegura que “el proceso creativo” continúa dependiendo de él “al 100%”.

El modus operandi del diseñador parte de un boceto hecho a mano con lápices de madera, que luego envía vía móvil a sus clientes —para quienes trabaja bajo demanda— antes de comenzar a fabricar los moldes. A cada pieza se le dedica tiempo y mimo, porque su trabajo abarca acabados de pintura a mano y el uso de técnicas artesanales. Pero si algo ha sido clave en su éxito es —según asegura— ese punto de locura que pone a todo lo que hace. “Recuerdo un día de Reyes cuando Dabiz Muñoz me preguntó si podía hacerle un encargo con urgencia y me fui rápidamente al taller a ponerme en marcha. Esos momentos y esos sacrificios son los que determinan el futuro del negocio”, afirma.

Una pieza que emula un centollo.
Una pieza que emula un centollo. Mikel Ponce

Plasmar la personalidad de cada chef y lograr sorprender al comensal son los principales objetivos de este creador. Encontrar el equilibrio entre el pragmatismo y la estética es a veces misión imposible. “Lo que te dice la lógica es que un plato ha de pesar poco, ser apilable, caber en un lavavajillas. Y aquí nos saltamos todas las normas. Al final, nuestras piezas son esculturas. Hacen una doble función”, aclara.

Un diseño para el restaurante Odiseo, en Murcia.
Un diseño para el restaurante Odiseo, en Murcia. Mikel Ponce

Piñeiro se ha convertido en el aliado de los mejores chefs del país gracias a su valentía para encarar retos como el peculiar globo terráqueo en el que sirven los aperitivos en El Celler de Can Roca. “Esta pieza lleva un mecanismo que funciona como un criptógrafo. El comensal debe acertar el origen de cada ingrediente para que se abra la esfera y conseguir un aperitivo extra”, explica el alcoyano, que asegura no haberse negado a ninguna propuesta por difícil o estrafalaria que fuera.

Sus colaboraciones se extienden ahora fuera de España. Gracias a la publicación de sus obras en redes sociales, algunas de sus piezas han llegado hasta China.

“Mi intención era ser diseñador gráfico, pero decorar restaurantes ha acabado siendo mi negocio”, confiesa. La pasión por el dibujo se la inculcó uno de sus ocho hermanos: Antonio. “Por las mañanas trabajaba y de noche, mientras yo dormía, se dedicaba a dibujar en mi habitación. Se lo debo todo”.

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