Renovables, una palanca para la recuperación

Desde la izquierda, Roberto Cabrera (Acciona), Miguel Ángel Noceda (EL PAÍS), Joan Groizard (IDAE), Diego Vizcaíno (AFI), Santiago Gómez Ramos (APPA Renovables) y Carlos Barrientos (Bankia).
Desde la izquierda, Roberto Cabrera (Acciona), Miguel Ángel Noceda (EL PAÍS), Joan Groizard (IDAE), Diego Vizcaíno (AFI), Santiago Gómez Ramos (APPA Renovables) y Carlos Barrientos (Bankia).

España ha llegado tarde, pero está llegando. Tras varios bandazos propiciados por los cambios en el poder político y la difícil gobernanza de los diferentes niveles administrativos, el país por fin camina hacia un marco regulatorio estable para las energías renovables. La apuesta es clara: convertir la transición energética en uno de los ejes —junto a la digitalización— de la recuperación. La pandemia del coronavirus ha acelerado todos las tendencias en marcha y el fondo europeo para la recuperación aportará el músculo financiero necesario para que las energías limpias impulsen el futuro de la economía española. Así lo expresaron los participantes en el encuentro Renovables, una salida a la crisis, organizado el pasado lunes por EL PAÍS con el patrocinio de Acciona.

El Gobierno ya ha dado los primeros pasos a través de lo que Joan Groizard, director general del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), calificó como “gran ofensiva regulatoria”. El Ejecutivo ha enviado al Congreso la Ley de Cambio Climático y Transición Energética y ha remitido a Bruselas el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que contempla 241.000 millones de euros en inversiones y la creación de 350.000 puestos de trabajo. La normativa para las subastas energéticas también está en trámite.

Con los objetivos a largo plazo nítidos y más seguridad jurídica que nunca, ahora llega el turno de la iniciativa privada. “Esta crisis genera impaciencia, queremos empezar a ver que todo se mueve. Son expectativas muy altas que esperamos que se puedan materializar”, reconoció Santiago Gómez Ramos, presidente de la Asociación de Empresas de Energías Renovables. No sería la primera ocasión que el sector acaba defraudado, pero esta vez parece diferente.

La producción solar fotovoltaica es un 82% más barata que hace una década, mientras que los costes de la eólica han bajado un 47%. Las renovables ya son las energías más económicas, pero también sirven para luchar contra el cambio climático y conseguir una economía neutra en emisiones contaminantes, como marcan los objetivos de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y el pacto verde de la Unión Europea. Según Roberto Cabrera, director de Financiación de Acciona, la crisis se ha convertido en una oportunidad para avanzar en este sentido: “Las renovables son ejes estratégicos prioritarios. La colaboración público-privada resultará fundamental”. La compañía ha vuelto a poner su foco en España después de varios años en los que centró la inversión en otros países.

Colaboración

El fondo de recuperación europeo constituye la principal palanca para movilizar una cantidad ingente de recursos públicos. Ahora el gran desafío de las instituciones españolas es conseguir una fructífera colaboración con el sector privado para llevar a cabo proyectos que cuenten con el visto bueno de las instituciones comunitarias, en línea con el Green New Deal (nuevo pacto verde) impulsado por Bruselas, pero que también sirvan para abaratar el precio de la energía y reducir la dependencia del exterior.

“El reto es conseguir que las inversiones sean productivas y generen empleo”, explicó Cabrera. Y Groizard añadió: “No se trata de meter dinero a cualquier precio, sino de apoyar las medidas que generen más valor añadido y sean sostenidas en el tiempo”. Cada millón de euros invertido en energías renovables genera 25 empleos; cada euro tiene un retorno de entre tres y ocho.

La financiación privada también jugará un papel clave en la transición energética, especialmente para democratizar las energías renovables. Carlos Barrientos, director de Negocio y Financiación Sostenible de Bankia, recordó que entre el 35% y el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero procede de edificios, y la mejor forma de reducirlas es ayudar a los particulares y las comunidades de vecinos hasta que alcancen el autoconsumo. Quien mejor lo puede hacer es el sector financiero. Groizard puso un ejemplo muy gráfico: “Tendría que ser habitual pasar por oficina y que ponga: ‘Endéudate para tener una placa solar”. El director general del IDAE agradeció el esfuerzo de la banca, pero Barrientos puntualizó que apenas ha comenzado la transformación: “Tendremos que revisar nuestros sistemas. Se ha corrido mucho en poco tiempo”.

Efectivamente, España ha pasado en unos meses de un “desierto normativo”, en palabras de Groizard, a un escenario lleno de regulaciones y buenas intenciones. El desafío es poner en práctica con éxito la ambiciosa agenda europea y nacional, aunque el presidente de la Asociación de Empresas de Energías Renovables advirtió de que será difícil: “Si la ejecución no se hace bien, un plan bien diseñado puede estrellarse”.

Para Diego Vizcaíno, socio director del área de Economía Aplicada de la consultora Analistas Financieros Internacionales (AFI), la incertidumbre por la evolución de la pandemia y la crispación política dificultan la tarea: “Las señales regulatorias van en la buena dirección, pero necesitamos que se vea que el país en su conjunto está comprometido con esos objetivos”. La discusión en el Congreso de la ley de cambio climático será una prueba de fuego. De momento, Groizard echa de menos la implicación de la oposición: “Es muy necesario conseguir grandes acuerdos, la industria está muy alineada y tenemos que ser capaces de llevar eso al arco parlamentario. Nos lo jugamos todo como país”.

Además de un compromiso transversal con las energías verdes, es necesario contar con un marco propicio para el desarrollo de negocios. La economía española ha quedado muy tocada por el coronavirus, con una caída del PIB sin precedentes en el inicio del año y unas previsiones catastróficas para los próximos meses. “Este golpe imprevisto pone sobre la mesa la necesidad de actuar de forma urgente. Hay que conciliar la recuperación en el corto plazo con reformas estructurales”, reivindicó Vizcaíno.

La crisis ha vuelto a aflorar las vulnerabilidades de la economía española, como el escaso tamaño del tejido empresarial, la dualidad del mercado laboral o la insuficiente cualificación de algunos trabajadores. Sin atajar esos problemas, será difícil que las energías renovables se conviertan en la palanca de la recuperación que todos ansían.

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