¿Quiénes pagarán esta crisis en América Latina?

Víctor sabe que llueve porque el agua le cae en la cara cuando está en su cama, en su casa de chapa y agujeros en un asentamiento de Santo Domingo, República Dominicana. Sale todos los días a vender batata en la calle para poder comprar la comida del día, pagar al prestamista y comprar algún medicamento.

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La vida para el 53% de trabajadores y trabajadoras en el sector informal en América Latina, lo que equivale a unos 140 millones de personas en su mayoría mujeres, se parece mucho a la de Víctor. Son quienes siempre pagan las crisis.

La actual pandemia golpea duramente a una América Latina que sigue siendo la región más desigual del mundo en cuanto a la distribución de la renta. Dicho de otro modo, en la región hay muchas personas a las que habitualmente les va mal (quienes siempre pagan las crisis) y otras, unos pocas, a las que les va permanentemente bien (quienes nunca las pagan). Así, la inequidad existente hace que en los países de la región los ricos vivan como “los ricos alemanes y los pobres como los pobres de Mongolia” [como indicaba aquí el experto Branko Milanovic].

Los efectos económicos de la pandemia de la covid-19 pueden agravar mucho más la situación, ya que 52 millones de personas podrían caer en la pobreza y 40 millones podrían perder sus empleos, en su mayoría mujeres, que son el colectivo más afectado. Esto supondría retroceder a la situación social y económica de hace 15 años. Parte de esas personas también puede provenir de las clases medias vulnerables que crecieron en las últimas décadas hasta suponer el 40% de la población pero que también ahora ven en riesgo sus ingresos y recaen en la pobreza para engrosar las filas de los que pagarán la crisis, de los de siempre.

Mientras, quienes nunca pagan las crisis ven crecer su riqueza en el marco de la actual pandemia. El informe de Oxfam Intermón Quién paga la cuenta muestra, con cálculos basados en datos de Forbes, que entre marzo y junio han aparecido ocho nuevos milmillonarios en la región, es decir uno nuevo cada dos semanas. La riqueza de esta élite de supermillonarios ha crecido más de 48.000 millones de dólares, un 17 % desde mediados de marzo. Sin embargo, este grupo, “los de nunca”, buscarán pagar pocos impuestos, a las buenas mediante la elusión fiscal o las malas, a través de la evasión fiscal.

Según las estimaciones de Oxfam Intermón, la pérdida de ingresos fiscales para este 2020 podría situarse cerca del 2% del producto interior bruto, o sea, 113.391 millones de dólares, equivalente al 59% de la inversión pública en salud de toda América Latina. Por ello son necesarias medidas fiscales de urgencia, profundas y extraordinarias, al tiempo que se corrigen las deficiencias del pasado.

Con los fondos que se recauden con las nuevas medidas se podrá invertir más en lo común, en lo que reduce las desigualdades, como los servicios públicos de salud, educación y protección social

En el corto plazo hacen falta una serie de acciones temporales, soluciones urgentes y de aplicación inmediata, para cubrir parcialmente la caída de ingresos públicos. Por ejemplo, aplicar en todos los países de América Latina un impuesto sobre los patrimonios netos a partir de 1 millón de dólares y con la primera vivienda exenta hasta un valor de 300.000 dólares. Hay margen de recaudación entre los que más tienen porque en la región, el 10% más rico de la población apenas paga un tipo efectivo del 4,8% sobre sus ingresos.

En el medio plazo, habrá que recuperar la confianza de la sociedad en la política, y concretamente en la fiscal, avanzando hacia un nuevo pacto social para la construcción de un modelo tributario moderno basado en principios de suficiencia, equidad, justicia de género y ambiental. Se trata, pues, de impulsar una agenda de reformas en la región buscando una mayor justicia social, una menor desigualdad. Porque las reformas económicas también pueden tener esa orientación, a pesar de que en los últimos tiempos la palabra reforma se asocie a recortes en el gasto público, subida de impuestos indirectos, disminución de derechos laborales, privatización, etc.

Con los fondos que se recauden con las nuevas medidas se podrá invertir más en lo común, en lo que reduce las desigualdades, como los servicios públicos de salud, educación y protección social.

Se debería evitar que quienes nunca pagan las crisis hagan prevalecer sus intereses frente a los de la mayoría, tratando de secuestrar al llevando a cabo una captura del Estado en su propio beneficio para orientar las políticas y las leyes a su favor. “Los de nunca” son los que decían que lo público era ineficaz, costoso y ahora claman por rescates, créditos, bajadas de impuestos y mejoras en la salud pública pero, claro, pasando la factura a quienes siempre pagan.

Por otro lado, la comunidad internacional, incluyendo España y, en general, la Unión Europea, tienen un papel relevante que jugar en el apoyo a la región de América Latina para buscar una salida justa de la crisis. La pandemia es un asunto global y la búsqueda de soluciones también debe serlo. La cooperación internacional, en forma de Ayuda Oficial al Desarrollo en el marco de la Agenda 2030, tiene que seguir siendo robusta, estratégica y enfocada a la reducción de las brechas del desarrollo de la región. Asimismo, España puede liderar la búsqueda de medidas de alivio de la deuda externa, así como la concreción de las reformas del sistema fiscal internacional que acaben con los paraísos fiscales y la competencia tributaria extrema.

Si no detenemos la correa de trasmisión de la desigualdad, el contagio se extenderá por generaciones. Hagamos que el peso de esta crisis no recaiga solo en quienes siempre las pagan, hagamos que los de nunca, esta vez sí, contribuyan como les corresponde.

Carlos Botella es especialista en desigualdad de Oxfam Intermón.

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