El encaje de Griezmann marca al Barça

Los tres grandes fichajes de LaLiga en el último verano —Hazard, João Feliz y Griezmann—, por distintos motivos no terminaron de arrancar en la campaña 2019-2020. El belga, por el que el Madrid pagó 115 millones de euros al Chelsea, se perdió 26 partidos por cuatro lesiones diferentes. El portugués, el jugador más caro en la historia del Atlético (126 millones), atrapado en su juventud marcó ocho goles en 35 partidos. El caso de Griezmann es diferente. El francés, que llegó al Barça a cambio de 120 millones de la cláusula más 15 por un derecho de tanteo sobre Giménez y Saúl, era el tercer intento de Bartomeu para llenar el vacío de Neymar, tras los fracasos con Dembélé (145) y Coutinho (160). Pero al Principito, de 29 años y toda su carrera como profesional en España, le costó el salto al Camp Nou.

En la intimidad del entorno de Griezmann tienen una respuesta. “No es fácil adaptarse al juego del Barcelona. También le fue difícil a Neymar en su primer año”, aseguran. En la primera de sus cuatro temporadas en Barcelona, a sus 21 años, el paulista disputó 41 partidos, marcó 15 goles y contó 15 asistencias. Griezmann, en 46 partidos, también firmó 15 dianas pero solo cuenta cuatro pases de gol. “Ha sido un año extraño para Antoine. Su adaptación al grupo no fue fácil y el rendimiento del equipo fue muy irregular, con cambio de entrenador en el medio. También le fue difícil para él encontrar su lugar en el campo”, entienden en la ciudad deportiva.

De pasar tiempo solo con el grupo de franceses —Lenglet, Umtiti y Dembélé—, Griezmann se sumó a los asados de Messi y Luis Suárez. Ganada la confianza del 10 fuera del campo, para el francés la cuenta pendiente está en su rendimiento. Griezmann jugó de extremo derecho e izquierdo, de delantero centro y como segunda punta, junto a Luis Suárez, con Messi como enlace. “Fue ese partido, con Leo de enganche contra el Villarreal, el mejor del Barça en la temporada. Y si Antoine jugó como jugó ese día fue gracias a la complicidad con Messi. Leo no es tonto, quiere a los mejores”, insisten desde el entorno del francés.

A Quique Setién, sin embargo, no le termina de convencer la idea. En el entrenamiento del domingo, volvió a intentar con su sistema preferido: tres centrales. Ya lo había utilizado ante el Ibiza (Copa) Y Valencia (Liga). En ese ejercicio, con dos equipos de 11, Griezmann, que todavía no cuenta con el alta médica (sufrió una lesión de cuádriceps), arrancó con los suplentes. A Setién no le convenció. Y pasó al 4-3-1-2 con Griezmann junto a Messi y Luis Suárez en ataque. A los pesos pesados del grupo azulgrana tampoco le convence la línea de tres. Messi, por ejemplo, no se sintió cómodo cuando Jorge Sampaoli la intentó usar con Argentina en Rusia. “Vamos a ser feliz con línea de cuatro”, le cantaban, al ritmo de Maluma, los jugadores de la Albiceleste a su entrenador.

Parece, entonces, que Setién se convence de jugar con cuatro defensas. Un sistema que incluiría a Griezmann en el once inicial. En el entrenamiento de este martes no hubo pistas; el técnico dispuso de partidos cortos, Griezmann jugó con Semedo, Busquets, De Jong, Lenglet y los canteranos Reis y Konrad. El francés asegura que se siente en el mejor estado de forma de la temporada. Descarta un trueque por Neymar con el PSG (suele mostrar a su hijo con la camiseta del Olympique de Marsella) y aunque les ata una buena relación, no piensa en reencontrarse con Diego Simeone. Su futuro está en el Camp Nou. Eso sí, primero se tiene que ganar un lugar en el partido más importante para el Barcelona en la temporada, ante el Nápoles.

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