El mundo del tenis se parte en dos

”Mi corazón me dice que no es momento de hacer viajes largos sin saber lo que puede pasar”. Así de tajante se mostraba este miércoles Rafael Nadal al explicar en detalle los motivos que le llevaron a tomar la decisión de renunciar a participar en el US Open, que si nada se tuerce se celebrará entre el 31 de agosto y el 13 de septiembre en la burbuja de Nueva York. Una decisión difícil (es el segundo Grand Slam en el que suma más victorias, cuatro) y que no ha sido tomada a la ligera, según reconoció el número dos del tenis mundial, que se mostró temeroso de la evolución de la pandemia en el último mes. “Soy el vigente campeón y todo el mundo sabe lo que me gusta jugar en Nueva York, es una sensación especial y difícil de describir. Pero es un sentimiento personal tras hablar con mi gente y preferimos estar en Mallorca, aquí la cosa parece bajo control”, resumió.

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El balear es la baja más importante en el grande neoyorquino, pero no la única raqueta de peso que ha optado por no desplazarse a EE UU ante la situación sanitaria actual que vive el país norteamericano y con Roland Garros a la vuelta de la esquina (del 27 de septiembre al 11 de octubre). Mientras que figuras como Novak Djokovic, Dominc Thiem y Alexander Zverev siguen en la lista del US Open, Gael Monfils, número nueve del mundo, Fabio Fognini, Stan Wawrinka, Jo-Wilfred Tsonga, Nick Kirgyos y Roger Federer, aunque en su caso por lesión, han confirmado ya que no formarán parte del segundo grande del año. Tampoco estará la número uno del circuito femenino, la australiana Ashleigh Barty, única top 10 que ha renunciado por los “riesgos significativos” del coronavirus tanto para ella como para su equipo.

Unas ausencias que dejan patente la división que existe actualmente en el mundo del tenis, uno de los deportes que, preso de su extrema globalización, está encontrando más dificultades a la hora de lidiar con las consecuencias de la pandemia. Cancelado por segunda vez el Mutua Madrid Open, en esta ocasión de forma definitiva, el calendario ha quedado reducido por ahora a solo cuatro grandes torneos. Los Masters 1.000 de Cincinnati, en la semana previa al US Open, y el de Roma, antes de Roland Garros. Todo ello en poco más de un mes y medio, entre el 20 de agosto y el 11 de octubre, y a partir de ahí, la nada.

“Respeto a los jugadores que decidan ir porque tengan, por ejemplo, una situación diferente y quieran ganar un dinero allí que necesitan. Respeto todas las decisiones, pero hoy por hoy es difícil decir si es lo correcto o no”, explicó Nadal, que reconoció que la situación sanitaria no ha sido el único factor que ha considerado. “El calendario es muy complicado. Después de casi cinco meses sin competir, y sin casi margen para pasar de pista dura a tierra, se hace peligroso para mi cuerpo y para mi futuro”, dijo el tenista balear, de 34 años, que lleva varias semanas preparándose solamente en pistas de polvo de ladrillo con la idea de afrontar la reducida gira de tierra batida en Roma y Roland Garros. “Para mi cuerpo era mucho mejor entrenar en una superficie lenta, menos agresiva para el bienestar general”, explicó.

En París, en su torneo fetiche, intentará si las circunstancias se lo permiten dar caza a Roger Federer como el tenista con más Grand Slams, con 20. “No sé si peligra Roland Garros, la verdad. En mi mente está y me voy a estar preparando para ello, pero hay que esperar acontecimientos. En las últimas semanas la situación parece que ha empeorado un poco, pero mi ilusión y mi intención sería estar ahí si las condiciones lo permiten. Espero noticias del nuevo calendario adaptado después de la cancelación de Madrid para tomar decisiones”, concluyó.

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