El Getafe se topa con Lukaku

José Bordalás gesticulando al borde del paroxismo y pidiendo a gritos desde la banda que sus jugadores le entregaran el alma —”¡más, más, más, más!”— sintetizó la crisis que devolvió al Getafe a la prosaica realidad. Llevados al límite, los jugadores del Getafe descubrieron que no daban para más. Sucedió pasada la media hora, después de un esfuerzo descomunal frente al Inter, la defensa más impenetrable de Italia y el segundo clasificado de la Serie A, astuto gestor de un contragolpe simplísimo de Lukaku, autor del 1-0.

Camino del desenlace de su aventura en octavos de la Liga Europa, el Getafe exhibió la bajada de tensión que le caracterizó en LaLiga tras el regreso del confinamiento por la pandemia. Perdido el ímpetu para presionar de manera sostenida, el equipo quedó desarmado, sin la vía que le permite alcanzar posiciones de remate con suficiente frecuencia como para compensar la falta de inventiva y finura en la definición.

La primera jugada de cada partido suele ser una señal cargada de información. En Genselnkirchen, la primera jugada la inició el Inter con una galopada de De Vrij. El central partió el mediocampo buscando un destino con la pelota en el pie. Se la quitó Arambarri cuando entró en el desfiladero y sin perder un instante abrió a la derecha. Nyom entró como un tren a la espalda de Young, que ya corría desplegándose, como todos sus compañeros, tal vez pensando que al Getafe lo podrían romper con cualquier embate. Nyom metió un centro estupendo. Pasó lejos de los guantes de Handanovic y a un palmo de la pierna estirada de Jaime Mata, que le ganó la posición a Godín. A un minuto del arranque, el Inter ya estaba avisado.

Antes de que pasara un cuarto de hora, Maksimovic —el pivote más adelantado del trivote, esta vez mediapunta postizo— de cabeza, y Mata a puerta vacía, dispusieron de dos oportunidades de abrir el marcador. Handanovic le sacó el tiro al serbio y Bastoni se arrojó en plancha para salvar a su equipo de la zarpa del madrileño.

Agitado por el ritmo que le imponían, el Inter aprendió pronto que su rival no le dejaría prosperar con el balón controlado sin antes pasarlo por una batidora de marcajes sincronizados sobre sus jugadores más preclaros, especialmente Brozovic. También descubrió que si sus carrileros no ayudaba a sus tres centrales, entre Cucurella y Nyom le provocarían dos brechas en los costados. Pasado el estupor, la respuesta la coordinó Antonio Conte desde la banda. En la caja hueca del estadio del Schalke el partido fue radiado por un coro de voces exasperadas. Los gritos más efusivos fueron los del entrenador italiano invitando a la simplificación. Si el Getafe elevaba la presión, balón largo a los dos puntas.

El partido puso de manifiesto la ausencia de ingenio de dos equipos de constitución asimétrica. Considerando que el presupuesto del Inter multiplica por seis al del equipo madrileño, la falta de recursos denuncia un fracaso. Si el Getafe buscó el gol mediante la presión, el robo y las llegadas desde la segunda línea, el Inter acabó saltando líneas en busca de Lautaro y Lukaku. El argentino y el belga no dejaron de desmarcarse a la primera señal. Pero la primera ocasión clara del Inter fue producto de un error grosero de Timor, que se la dio a Lautaro. Remató cruzado, buscando la esquina, y Soria desvió el tiro.

El Inter avanzó con más dificultades que su rival, pero tuvo la fortuna de contar con dos delanteros capaces de construirse ocasiones sin apenas apoyos. Pasada la media hora, el joven Bastoni recibió una pelota de cara y lanzó con precisión para Lukaku, que ya había iniciado el desmarque. Etxeita le vio, le persiguió, pero cuando llegó al área chica iba tan ahogado, y Lukaku tan fresco, que el duelo se dirimió con un toquecito sencillo. El gigante cruzó el tiro con la zurda y el central apenas hizo ademán de taparlo como si la pierna derecha la usara solo para apoyarse. Fue un golazo. Un gancho en la muralla de donde se agarró todo el Inter para dejar pasar los minutos.

Fue una solución precaria. El Inter estuvo a punto de pagar su especulación cuando faltaban 15 minutos para el final y Godín desvió con la mano un centro de Jonas. El VAR indicó penalti y Molina lanzó el balón fuera para desesperación general de la expedición madrileña, que ya se sabía agotada. Sin fuerzas para contener al Inter, el partido se desmadejó y Eriksen —aprovechando otro pase largo de Bastoni— sentenció el pase del Inter a cuartos.

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