Portugal teme convertirse en una ruta alternativa para las pateras

Los emigrantes marroquíes han puesto rumbo hacia Portugal. El goteo de pateras que parten hacia las costas del Algarve revela la exploración de nuevas vías para emigrar ante la presión de la policía marroquí para frenar las salidas clandestinas desde el norte de el país. Desde diciembre del año pasado, 69 marroquíes han conseguido desembarcar en costas portuguesas, un número muy pequeño comparado con las llegadas al litoral español, pero suficiente para poner en alerta a las autoridades lusas. El Gobierno portugués sigue con “mucha atención” estos desembarcos, según ha reconocido su ministro de Asuntos Exteriores, Augusto Santos Silva.

Las cinco embarcaciones, detectadas siempre por pescadores, partieron desde El Jadida, una ciudad turística al sur de Casablanca fundada por los portugueses a comienzos del siglo XVI. Los desembarcos han sido todos en diversos puntos del Algarve, al sur de Portugal. La ruta se extiende por más de 400 kilómetros (216 millas náuticas) de fuertes corrientes y algunos de los rescatados relataron haber pasado cinco días en alta mar. “El Algarve es una vía —entre comillas— mejor que la de las Islas Canarias porque los pone ya directamente en la Península Ibérica. Lo preocupante es que es un trayecto muy peligroso y extenso en una zona en la que hay confluencia de mareas”, explica Susana de Sousa Ferreira, especialista en estudios de seguridad y migración y profesora de la Universidad de Nebrija. El sistema de radares de Portugal no ha funcionado para detectar estas pequeñas embarcaciones.

Las fuentes consultadas coinciden en que es prematuro hablar de la consolidación de una nueva ruta, pero señalan que las llegadas están relacionadas con la búsqueda de nuevas vías para sortear la vigilancia más intensa en el norte de Marruecos. Las fuerzas de seguridad marroquíes, con el apoyo financiero de la Unión Europea y España, llevan reforzando sus controles y redadas contra inmigrantes desde febrero de 2019. La estrategia ha frenado de forma relevante las salidas desde los lugares habituales, pero ha desplazado los puntos de partida hacia la Península a puntos cada vez más al sur de la fachada atlántica y también a Argelia. “Las medidas que han adoptado Estados vecinos —como el refuerzo de las vallas de Ceuta y Melilla— podrían haber concitado la formación de una válvula de escape, de un punto de fuga, desde el que han partido estas pateras”, explica la investigadora De Sousa Ferreira. Una autoridad conocedora de las dinámicas migratorias en el Atlántico advierte de que el azar también puede haber jugado cierto papel en este fenómeno. Forzadas a partir de puntos cada vez más lejanos, las embarcaciones son más vulnerables a las corrientes y, aun teniendo España como destino, acaban arribando a Portugal.

El asunto ha obligado a distintas autoridades lusas a posicionarse. Portugal, a diferencia de España, no tiene la presión de las llegadas por mar y el desembarco de pateras es un episodio muy atípico en el país. “Acordé con mi homólogo marroquí que haríamos avanzar las negociaciones para un acuerdo relativo a la migración legal”, señaló el ministro de Exteriores en referencia a una reunión diplomática de principios de año. “Es la verdadera alternativa a las migraciones irregulares y a toda suerte de tráfico que se alimenta de estas y que las fomenta”, agregó.

“Tenemos que ser muy conscientes de esta posibilidad [de que Portugal se convierta en una vía de entrada] porque no es muy diferente ir a España o al Algarve, es solo una cuestión de elección”, dijo el pasado mes de diciembre el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, almirante António Silva Ribeiro. Los servicios de inteligencia lanzaron una semana después una alerta en ese mismo sentido.

Una comisión parlamentaria pidió explicaciones sobre la situación el pasado 16 de junio al ministro del Interior, Eduardo Cabrita, quien respondió: “Si estamos hablando de cuatro desembarcos [el quinto llegó un mes después] desde diciembre, de 48 personas, debemos tener alguna dimensión del ridículo cuando lo comparamos con las 7.500 llegadas a España desde enero”. Portugal tiene una mirada más solidaria ante la inmigración que buena parte de sus socios europeos. Durante la pandemia aprobó una regularización extraordinaria de inmigrantes para garantizarles cobertura social y sanitaria y es uno de los pocos países de la UE que se sumó al acuerdo para acoger a una parte de los rescatados en el Mediterráneo central en su travesía hacia Italia y Malta.

La última embarcación arribó el pasado 21 de julio a la isla de Farol con 21 adultos marroquíes a bordo. Las autoridades recluyeron al grupo entero en un penal por la supuesta falta de plazas en los centros temporales del Servicio de Extranjeros y Fronteras (SEF.) El barco también salió de El Jadida, lo que refuerza la hipótesis de algunas autoridades lusas, entre estas el propio SEF, de que una red de facilitadores está haciendo dinero con la explotación de esta ruta. Este último caso, así como los anteriores, ha sido reseñado en un informe interno de la Comisión Europea en el que se advierte de la actividad de las mafias. “Cada migrante pagó 4.000 euros a un facilitador que les proporcionó un bote”, reseña Europol en este documento. Una fuente del diario Expresso, que ha publicado algunos detalles de estas travesías, reduce la tarifa de este viaje a 500 euros.

Entre los 69 marroquíes, 39 han pedido asilo, pero solo ha sido admitida a trámite la solicitud del menor de edad que vino en la primera patera, el pasado diciembre.

Leave a Reply