“Espero que no tengamos que decidir entre Washington o Beijing”

Juan Carlos Baker, Subsecretario de Comercio Exterior, en Ciudad de México, el 03 de Agosto de 2020.
Juan Carlos Baker, Subsecretario de Comercio Exterior, en Ciudad de México, el 03 de Agosto de 2020.Nayeli Cruz

Juan Carlos Baker celebraba las fiestas de diciembre en Sídney cuando escuchó por primera vez que China había identificado un virus nuevo que causaba en las personas una neumonía atípica a veces mortal. La sociedad australiana, por su cercanía con el país asiático, respondía ya con temor. Pero no fue hasta principios de febrero, ya de vuelta en su país, que el ex subsecretario de Comercio Exterior de México comenzó a dimensionar el impacto que esta nueva pandemia tendría en el mundo.

“Yo me acordaba del 11 de septiembre”, dice, refiriéndose al ataque a las Torres Gemelas en Nueva York en 2001, el cual trastornó la geopolítica del momento y endureció la seguridad en las redes de interconexión en que se mueven tanto humanos como mercancías. Baker habla al teléfono sin prisa, relajado, tal vez porque lleva unos días en Tepoztlán, un municipio turístico a 90 minutos de la Ciudad de México, tomándose un descanso del teletrabajo y de la capital. Como funcionario público, pasó 20 años negociando tratados de libre comercio para México. Hoy, como consultor en negocios internacionales, su cartera de clientes se extiende por Asia, Estados Unidos y Sudamérica. Por primera vez en muchos años no vive su vida de ciudad en ciudad, durmiendo en aviones. Ahora planea con tiempo sus clases como profesor en la Universidad Panamericana. “Esta pandemia puede ser igual de disruptiva que Nine-eleven porque le está pegando al núcleo, a la parte central de cómo se mueven las economías de América Latina”, dice.

Pregunta: ¿Y cómo se mueven las economías en América Latina? ¿Qué tan importantes son las exportaciones y el comercio internacional para esta región de países emergentes?

Respuesta: Es de gran importancia. Para México, por supuesto. Pero también para Argentina, para Brasil, que están dentro del top 20 de los países que más exportan, de acuerdo con la Organización Mundial del Comercio. Incluso para países como Perú o el propio Chile, que son economías más pequeñas pero que están muy abiertos al mundo, este es un doble choque. Por una parte es un choque de oferta, porque lo que los países normalmente venden ahora mismo no se puede vender y al mismo tiempo tienes un choque de demanda, porque los productos que esos países necesitan no los pueden comprar, porque simplemente no salen de los puertos de China o de Vietnam o de donde sea que vengan. Esto pone a los países en una situación muy delicada y ahí están los pronósticos. El decrecimiento económico que ahora se espera en este 2020 es muy, muy duro.

Pero lo que viene es muy interesante. Todo lo que la pandemia está dejando de experiencia es que vamos a tener cadenas de suministro más cortas. Las cadenas de suministro son las series de todos los procesos necesarios para producir un producto y ahora serán más cortas. ¿Por qué? Porque ahora tener cadenas tan largas, en donde se necesita de 5, 10, 15 lugares o fábricas en distintas partes del mundo para producir algo, ya está muy expuesto. Ya puede haber una disrupción en cualquier momento, ya sea por una pandemia como lo estamos viendo o por fenómeno natural, un terremoto, un huracán. O bien, por cuestiones también de política. Antes del Covid, las guerras comerciales ya estaban generando en muchas empresas la idea de la redundancia: no importa si el principal centro de operaciones está en un país de Asia, yo necesito tener otra opción de proveeduría en el mismo hemisferio que está el centro principal de consumo, porque cualquier cosa que suceda va a tener este doble choque, tanto en la oferta como la demanda. Y eso lo que quiere decir es que, para América Latina en específico, ahora existen tal vez más posibilidades de traer nuevas cadenas de valor, nuevas industrias, nuevas actividades económicas.

Por ejemplo, la industria de la moda, la ropa, los zapatos, los accesorios, etcétera, mucho de eso se hace en Asia. Si es una empresa que está produciendo zapatos en China para vender a EE UU, por ejemplo, los aranceles del 15% o del 20% que se habían impuesto a las exportaciones por motivo de la guerra comercial son suficientes para sacarte del mercado. Entonces, las empresas le están viendo utilidad a tener operaciones en México o a Centroamérica, o en algunos países tipo Panamá, Perú, porque están cerca geográficamente del mercado grande de consumo.

P: Se habla hoy de una nueva guerra fría entre China y EE. UU. en la que las dos superpotencias se están disputando una hegemonía global. Muchos gobiernos en América Latina le han abierto la puerta a China como socio comercial e inversionista en infraestructura. ¿Cómo crees que vaya a evolucionar esta relación?

R: Yo no estoy tan seguro de que China va a acabar desplazando a EE UU como la mayor economía del mundo porque actualmente el éxito económico de los países no depende solamente de su territorio o de la gente, ya ni siquiera del capital. Mucho del éxito de los países tiene que ver con la innovación tecnológica y por eso hay tantos señalamientos de que aquel país que vaya a controlar el 5G o que pueda tener el mayor avance en inteligencia artificial, robótica , etc. es el país que va a dominar el mundo. En ese aspecto actualmente no queda tan claro que China tenga liderazgo. Mucho de lo que se está haciendo sin duda es muy impresionante, pero también esta siendo promovido y promocionado por empresas que vienen de otras partes del mundo como Google, también Apple y otras. No quiero decir que no vaya a suceder. Lo que estoy diciendo es que a mí me parece que dependerá de cómo sea esa carrera tecnológica.

¿Cómo puede jugar América Latina en ese aspecto? México puede ser ese lugar en donde las empresas vienen, se instalan para atender ambos mercados. México puede servir de puente, puede ser ese vínculo, porque los países tienen que seguir hablando entre sí ¿no? No puedes pretender existir en un mundo en donde no le prestes atención a China o no le prestes atención a EE UU, eso simplemente no puede ser.

Creo que otros países de América Latina la podrían tener más difícil. Por ejemplo, Brasil se identifica como parte de este acrónimo de países, los BRICs, que son Brasil, Rusia, India y China. Me parece que Brasil puede tener mucha más inclinación hacia Asia, tratar de estar cerca de China, aunque Bolsonaro ha hecho un gran esfuerzo por acercarse a Estados Unidos.

Espero que no lleguemos a tener que decidir entre Washington o Beijing, porque si llegamos a eso quiere decir que estamos en una situación en donde hay que tomar partido y será porque las cosas ya empiezan a apuntar a una dirección poco amigable. Si llegamos a ese punto yo pienso que la mayoría de los países van a acabar prefiriendo la relación con Washington a la relación con China, no por el tema económico, no por el tema militar o por el tema de la ideología, sino simplemente porque porque EE UU sí vive aquí, en nuestro barrio.

P: Una de las preocupaciones que hay es que los países que no están manejando bien la pandemia, en donde los contagios siguen subiendo y por lo tanto la economía sigue paralizada, como México y Brasil, van a ser menos atractivas para las empresas extranjeras. ¿Cómo va a afectar el manejo de la crisis el comercio y las inversiones?

R: Hay empresas que hacen negocios en Afganistán, en el Medio Oriente, en algunos países de África donde no tienen ni agua. Siempre va a haber empresas que estén dispuestas a arriesgar dinero y meterse en esos mercados. En lo que tendríamos que fijarnos es en la calidad de la inversión que está llegando. Cuando la inversión se va a lugares que tienen una institucionalidad más frágil o que no tienen el ambiente de negocios correcto, o que en situaciones como ésta del Covid te das cuenta del pobre manejo del sistema de salud, del tema económico, pues la inversión que llega a este tipo de lugares no va a ser de la mejor calidad.

P: ¿Qué es una inversión de mala calidad? ¿Cómo se ve?

R: Una empresa que esté pensando en invertir una cantidad enorme de dinero en fundar un centro de investigación y desarrollo para una tecnología o algo muy sofisticado, esa es una inversión de buena calidad. Cuando tú ves una inversión que llega y el único objetivo es contratar personas para que le peguen botones a un pantalón, por ejemplo, ahí estás viendo una inversión que no está realmente generando ese valor agregado, que no está generando ese recurso humano entrenado que la otra inversión sí podría tener.

P: Hablaste de las oportunidades que pueden venir a la región después de la pandemia. ¿Cuál es tu preocupación más grande? ¿Hay algo que te quite el sueño?

R: Si la recuperación económica no se da o queda por debajo de lo que nuestros países requieren, podrías estar hablando de otra década perdida. Y eso sí me preocupa mucho, porque ya tenemos problemas muy serios. Ya hay demandas fuertes sobre nuestros gobiernos y nuestras sociedades por problemas que no hemos logrado resolver en muchos años. Eso es lo que me quita el sueño, pensar en que vamos a tener un crecimiento negativo en los siguientes cuatro, cinco o 10 años. Eso nos puede afectar muchísimo y podría estar comprometiendo el futuro de varias generaciones.

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