El curso más convulso para Simeone: de la pizza a los contagios

Por si algo le faltaba este curso al Atlético, los dos positivos antes de jugarse estar en unas semifinales de Champions han elevado la dificultad para el conjunto de Simeone. Existía ya, antes de conocerse los contagios, un sentimiento generalizado en el Atlético de Madrid de que esta ha sido la temporada más complicada bajo la dirección del preparador argentino. Y también que ante el desafío que debe afrontar en Lisboa a partir del próximo jueves ante el Leipzig, el entrenador ha logrado levantar a un equipo que hasta la eliminatoria con el Liverpool emitió señales tan preocupantes que obligaron a Miguel Ángel Gil a organizar varias jornadas de convivencia campestres. “Convirtió esas reuniones en una cuestión personal. Un día me dijo que no podía quedarse más tiempo conmigo porque veía al equipo muy nervioso y debía acudir sí o sí al encuentro con los jugadores y el cuerpo técnico en una finca”, relata un allegado del máximo accionista del club. A esa cuesta arriba constante se une ahora la incertidumbre sobre los positivos y cómo afectará a la participación del equipo en la competición.

Más allá de la extinción de la vieja guardia y a la presión económica de alcanzar el objetivo mínimo de clasificar al equipo para la próxima edición de la Champions con un plantel plagado de jóvenes incorporaciones, Simeone ha tenido que lidiar con una alarmante crisis de resultados, un fuerte amago de escisión en la masa social por los pitos a Koke y a él mismo, por el mal juego del equipo, y a la espinosa gestión de João Félix, el fichaje más caro de la historia del club, 126 millones de euros condicionados por sus 19 años. La posición del chico, caído a la banda derecha, alejado del gol y con problemas de fondo físico para aguantar las exigencias defensivas que impone Simeone, generaron un cisma que por momentos tuvo visos de una solución fatal: el entrenador o el jugador.

“No está nada mal que en su temporada más difícil el equipo haya terminado tercero y esté clasificado para los cuartos de final de la Champions. Lo ha vuelto a lograr”, advierte un directivo rojiblanco.

En ese contexto tan complejo, Simeone (198 triunfos) incluso hizo historia en la recta final del curso al superar a Luis Aragonés (194) como el entrenador con más victorias en la historia del club. “Siendo diferentes en el carácter, incluso en muchos matices en el estilo futbolístico, si hay algo que puede unir al Cholo con Luis es su pasión por el fútbol y cómo lo transmiten. Yo conocí al Simeone jugador y ya se le veía que como entrenador sería lo que se ve ahora”, asegura Santi Denia, que formó parte del equipo que conquistó el doblete en la temporada 95-96 y que jugó a las órdenes de Aragonés.

Un entrenador desafiante

”Ha tirado de su experiencia para manejar todos esos inconvenientes que se le han podido presentar. Esa facilidad para llegarle al jugador y comprometerle también era común en Luis”, prosigue Santi Denia. “Les une el ganar, ganar y ganar al precio que sea, aunque el sufrimiento sea mayúsculo. Luego cada uno tiene su manera de hacer grupo. Simeone, a la argentina, y Luis lo hacía con sus charlas y su humor”, asegura un veterano directivo que ha coincidido con los dos técnicos más laureados y reconocidos del club.

Desde la pretemporada en Los Ángeles de San Rafael, Simeone sintió más que nunca la necesidad de mandar mensajes ante los problemas que podía encontrarse. Aireó en casi todas sus comparecencias la juventud del equipo, que esta era una temporada de transición, y reforzó su mensaje sobre el estilo del equipo con una frase que dio mucho juego: “La tranquilidad nos la va a dar el ganar, no el jugar bien. Que no nos quieran confundir [lo repitió cuatro veces]. A nosotros nos gusta la pizza. Si te gusta la pizza, come pizza. No comas otra cosa”, dijo en una entrevista en El Larguero.

El momento más crítico de la temporada, según ha reconocido el propio Simeone, llegó a finales de enero con la eliminación copera en la primera eliminatoria ante la Cultural Leonesa (2-1), un Segunda B, y el posterior empate en casa con el Leganés (1-1). Ahí comenzaron las jornadas de convivencia instigadas por Gil Marín. Y también las dudas mutuas. Simeone presionó mucho para que el club le fichara a Cavani ante la falta de gol y las lesiones de Morata y Diego Costa, mientras desde la entidad se emitían mensajes de que el plantel ofrecía garantías para acabar entre los cuatro primeros y plantarle cara al Liverpool. En esa vorágine de malos resultados y ambiente enrarecido, emergió el Simeone más desafiante que se recuerda con un mensaje que pareció dirigido a jugadores, directivos y prensa. “Me encanta este momento. Hay algunos que buscan culpables y hay otros que eligen trabajar. Los que tengan ganas de trabajar se van a llevar muy bien conmigo y los que busquen culpables seguramente no”, espetó tras otro empate en el Metropolitano, esta vez ante el Valencia (1-1).

Con el arrastre de todos esos problemas, el equipo alcanzó el punto de inflexión con la victoria de Anfield, justo antes del confinamiento. La vuelta mostró un grupo más convencido que alcanzó el tercer puesto y acude a Lisboa muy reforzado. “La clave para levantarnos fue no cambiar”, concluye Germán Burgos. Ante el nuevo obstáculo de la pandemia y los positivos, al Atlético le queda otra prueba de resistencia.

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