La globalización cojea y el mundo se hace más pequeño

Contenedores en el puerto de Bangkok (Tailandia).
Contenedores en el puerto de Bangkok (Tailandia).Athit Perawongmetha / REUTERS

En el palmo de una mano puede caber el mundo entero. Gracias a la globalización económica, que cobró fuerza a partir de los años ochenta, hoy en día es posible diseñar dispositivos como un iPhone en EE UU y ensamblarlos en China, con productos procedentes de 200 compañías distribuidas en más de 40 países en los cinco continentes. “Sin duda, el iPhone es un ícono de la globalización, ya que incorpora a múltiples naciones dentro de un único proceso de producción”, comenta Jeremy Green, economista político en la Universidad de Cambridge y autor de Is Globalization Over? (Polity Press, 2019). Este proceso de integración, lleno de luces pero también de sombras, parece sin embargo haber llegado a un punto de inflexión. La crisis financiera de 2008 ya dejó en evidencia las consecuencias negativas de este fenómeno, cuando el crash de Lehman Brothers en EE UU causó una profunda recesión en distintos puntos del globo. Ahora, tan solo una década después, la pandemia de la covid-19 ha dado pie a una nueva paradoja: mientras un diminuto y mortal virus se expande por el planeta sin distinguir ningún tipo de frontera, los países erigen a toda velocidad nuevas barreras y restricciones, tanto de movimiento como comerciales.

Breve historia de la globalización

Índice de apertura comercial 1870 – 2017

El índice de apertura comercial se define como la suma de las exportaciones e importaciones

mundiales dividida por el PIB mundial

60%

50

40

30

20

10

0

Controles de exportación

de suministros médicos

91 naciones han implementado un total de 191 controles de exportación de suministros médicos

De mayo a julio

Fuentes: PIEE, Global Trade Alert, Banco Mundial,

European Reshoring Monitor y McKinsey

EL PAÍS

Breve historia de la globalización

Índice de apertura comercial 1870 – 2017

El índice de apertura comercial se define como la suma de las exportaciones e importaciones

mundiales dividida por el PIB mundial

60%

50

40

30

20

10

0

Controles de exportación de suministros médicos

91 naciones han implementado un total de 191 controles de exportación de suministros médicos

De mayo a julio

Fuentes: PIEE, Global Trade Alert, Banco Mundial, European

Reshoring Monitor y McKinsey

EL PAÍS

Breve historia de la globalización

Índice de apertura comercial 1870 – 2017

El índice de apertura comercial se define como la suma de las exportaciones e importaciones

mundiales dividida por el PIB mundial

1870-1914

La integración

económica

aumentó impulsada

por el barco de

vapor y otros avances

que permitieron

que más bienes

se trasladaran

de manera más

barata entre

los mercados.

1914-1945

Dos guerras

mundiales,

una pandemia,

el proteccionismo

y nacionalismo

llevaron

al mundo a una

fuerte

reducción de

la globalización.

1945-1980

La integración

económica

se recuperó y

se crearon nuevas

instituciones

para la

cooperación

económica como

el GATT que

después dio

paso a la OMC.

1980-2008

Inicia una época

dorada para

la globalización.

La integración

económica

se elevó a una

escala mundial

históricamente

sin precedentes.

La globalización

alcanza su nivel

más alto

2008…

La crisis económica

de 2008, el Brexit,

las guerras

comerciales

y los nacionalismos

ponen en

entredicho a

la globalización.

La pandemia

acentúa

el proceso.

60%

50

40

30

20

10

0

Controles de exportación de suministros médicos

91 naciones han implementado un total de 191 controles de exportación de suministros médicos

De mayo a julio

Fuentes: PIEE, Global Trade Alert, Banco Mundial, European Reshoring Monitor y McKinsey

EL PAÍS

En lo que va de año, 91 naciones han implementado un total de 191 controles de exportación de suministros médicos, y 32 de ellas han ejecutado 49 restricciones a la venta foránea de productos agrícolas y alimenticios, según los datos de Global Trade Alert, un observatorio ligado al Centro de Investigación de Política Económica (CEPR) de Londres. La pandemia, que ha causado la paralización de las cadenas de suministro y ha frenado la distribución de artículos producidos en las antípodas del planeta —entre ellos los sanitarios—, no ha hecho otra cosa que avivar esta tendencia. Es el caso de Francia, que ha prometido una independencia en suministros médicos, o de Japón, que está pagando a las empresas para reubicar sus fábricas instaladas en China. También del otro lado del Atlántico, tanto republicanos como demócratas en EE UU han erguido el proteccionismo como el único remedio para salvar su economía.

“Aparentemente nos habíamos vuelto demasiado dependientes de los demás”, escribe Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, en un correo electrónico. Una amplia gama de factores han sido responsables de ese proceso que algunos analistas suelen llamar “desglobalización”, y que implica una disminución de la interdependencia existente entre los países. Desde las disputas comerciales (EE UU contra China o Europa), preocupaciones de seguridad nacional (como el actual abastecimiento de productos sanitarios), los nacionalismos (como el Brexit), los efectos del cambio climático, los accidentes (como el nuclear de Fukushima en 2011) y hasta el surgimiento de la automatización y los robots han contribuido a exacerbar este fenómeno en la última década. “No es solo un elemento, sino muchos”, dice Candace Browning, directora del Bank of America Global Research. “Y ahora lo que es notable es que algunos de ellos están sucediendo al mismo tiempo”, resalta.

El epicentro

Todo se inició a finales del año pasado en Wuhan, en China, donde se registraron los primeros contagios. Allí está el corazón de varias industrias de producción de automóviles, biotecnología y farmacéuticas, químicas, de procesamiento de alimentos y bebidas, industria pesada y equipos de telecomunicaciones. Hace años, la ciudad era conocida por su poderío en la producción de acero y hierro, que fue un pilar en la economía del gigante asiático. Mientras el parón de la actividad se extendía por algunas ciudades de China, los retrasos en las exportaciones provocaban un efecto dominó. Para ponerlo en contexto: 200 de las 500 firmas del índice Fortune Global tienen presencia directa en Wuhan, según un análisis de la consultora estadounidense Dun&Bradstreet.

Las empresas vuelven a casa

Número de empresas europeas

que han hecho ‘reshoring (2014-2018).

Reino Unido

Italia

Francia

Dinamarca

Noruega

Suiza

Alemania

España

Finlandia

Polonia

Países Bajos

Suiza

Bélgica

Estonia

Irlanda

Austria

Croacia

Letonia

Portugal

Grecia

Luxemburgo

Rumanía

Eslovaquia

Otros

El mundo, más dependiente de China

Exposición de China y el mundo a lo largo del tiempo. Incluye métricas de comercio,

tecnología y exposición al capital.

Exposición

del resto

del mund

a China

1,2

1,0

0,8

0,6

0,4

0,2

0,0

Promedio

ponderada d

las siete

economías más

grandes (China,

Francia,

Alemania, India,

Reino Unido

y EE UU)

Exposición

de China

al rest

del mundo

Fuentes: PIEE, Global Trade Alert, Banco Mundial,

European Reshoring Monitor y McKinsey

EL PAÍS

Las empresas vuelven a casa

Número de empresas europeas

que han hecho ‘reshoring

(2014-2018).

Reino Unido

Italia

Francia

Dinamarca

Noruega

Suiza

Alemania

España

Finlandia

Polonia

Países Bajos

Suiza

Bélgica

Estonia

Irlanda

Austria

Croacia

Letonia

Portugal

Grecia

Luxemburgo

Rumanía

Eslovaquia

Otros

El mundo, más dependiente de China

Exposición de China y el mundo a lo largo del tiempo. Incluye métricas de comercio,

tecnología y exposición al capital.

Exposición

del resto

del mund

a China

1,2

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0,8

0,6

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Promedio

ponderada d

las siete

economías más

grandes (China,

Francia,

Alemania, India,

Reino Unido

y EE UU)

Exposición

de China

al rest

del mundo

Fuentes: PIEE, Global Trade Alert, Banco Mundial,

European Reshoring Monitor y McKinsey

EL PAÍS

Las empresas vuelven a casa

El mundo, más dependiente de China

Número de empresas europeas

que han hecho ‘reshoring

(2014-2018).

Exposición de China y el mundo a lo largo del tiempo. Incluye métricas de comercio,

tecnología y exposición al capital.

Exposición

del resto

del mund

a China

Reino Unido

Italia

Francia

Dinamarca

Noruega

Suiza

Alemania

España

Finlandia

Polonia

Países Bajos

Suiza

Bélgica

Estonia

Irlanda

Austria

Croacia

Letonia

Portugal

Grecia

Luxemburgo

Rumanía

Eslovaquia

Otros

1,2

1,0

0,8

0,6

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Promedio

ponderada d

las siete

economías más

grandes (China,

Francia,

Alemania, India,

Reino Unido

y EE UU)

Exposición

de China

al rest

del mundo

Fuentes: PIEE, Global Trade Alert, Banco Mundial, European Reshoring Monitor y McKinsey

EL PAÍS

En marzo, las cadenas de suministros ya habían entrado en paro cardíaco. Las 1.000 compañías más grandes del planeta y sus proveedores contaban con más de 12.000 instalaciones (fábricas, almacenes y otras operaciones) en áreas de cuarentena en tres países: Corea del Sur, Italia, pero sobre todo China, de acuerdo con la consultora Resilinc. “Las empresas y Gobiernos evidenciaron su dependencia de Asia”, afirma Beata Javorcik, economista jefe en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. “Ahora somos más conscientes de que las largas cadenas de suministro están sujetas a choques climáticos, pandemias y también a cambios en la política comercial”, destaca Javorcik en conversación telefónica.

Pero es imposible escapar de ellas. Más de dos tercios del comercio mundial tiene lugar dentro del sistema de las cadenas de suministro —es decir, se basa en procesos de producción repartidos en varios países—, de acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC). En esta integración, China se ha hecho con el papel protagonista. El gigante asiático pasó de ser una economía predominantemente rural a finales de los setenta a un país industrial que se ha coronado como la “fábrica del mundo”. Su mano de obra barata y su alta productividad fueron esenciales para seducir a las cadenas de suministro y el ensamblaje de las principales compañías de los países ricos. “A partir de 1990, el avance de la tecnología de la información hizo posible coordinar diferentes etapas de fabricación a larga distancia, y esto desencadenó un cambio importante en la globalización que a menudo se llama offshore [deslocalización]”, explica Richard Baldwin, profesor de Economía en el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales en Ginebra. Su ascenso dio un giro espectacular cuando Pekín se incorporó a la OMC, en 2001.

Hoy, China representa el 20% de la producción bruta mundial, en comparación con solo el 4% en 1995, según las cifras de la consultora McKinsey. Esto significa que produce casi la mitad de los textiles, prendas de vestir, maquinaria eléctrica, vidrio, cemento y cerámica que consume el mundo. Para cuando estalló la crisis de la covid-19, China ya se había convertido en el mayor proveedor mundial de productos clave para hacer frente a la emergencia, representando la mitad de todas las importaciones europeas y estadounidenses de equipos de protección personal, de acuerdo con un análisis del profesor de la Universidad de Harvard Dani Rodrik, publicado en Project Syndicate.

La pandemia ha expuesto el lado oscuro de las cadenas de suministro, pero sobre todo de la concentración de la producción mundial. Ante este escenario, unas 2.400 empresas globales (principalmente de EE UU y Europa) de 12 sectores industriales, que van desde la elaboración de semiconductores hasta bienes de capital, están pensando en repatriar una parte de su cadena de suministro, de acuerdo con un análisis de Bank of America. “No nos sorprendió que algunas compañías se estén moviendo de China hacia zonas con costes laborales más bajos en el sudeste asiático o a India. Lo que realmente nos impresionó fue la cantidad de empresas que tienen la intención de restituir las cadenas de suministro en su propio país o región”, afirma Browning.

Vuelta a los orígenes

El proceso conocido como reshore —producir en el mercado donde se encuentra la empresa matriz— no es nuevo. “La tendencia cobró fuerza después de la crisis de 2008 y se ha acelerado con la guerra comercial entre EE UU y China”, comenta Iliana Olivié, investigadora principal y coordinadora del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global. EE UU ha registrado un récord en 2018 con 1.379 empresas repatriadas, según los datos Reshoring Initiative. La ganancia ha sido jugosa para la economía estadounidense: el 33% de los empleos el sector manufacturero en EE UU, entre 2010 y 2018, se crearon gracias a este fenómeno. El Viejo Continente no se ha quedado atrás. Entre 2014 y 2018, se registraron 253 casos de reshoring en Europa, 12 de ellos fueron de empresas españolas, según el European Reshoring Monitor.

“Habrá presión política para reducir la dependencia de China. En Europa, esto puede significar una mayor inversión en los Balcanes Occidentales o una reubicación de la producción en el norte de África”, indica Javorcik, del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. De hecho, se ha hablado mucho durante la crisis acerca de traer la producción de ciertos medicamentos y productos sanitarios a Europa, comenta Phil Hogan, comisario europeo de Comercio, a través de un correo electrónico. “Esto refleja un alto grado de interdependencia en el comercio de productos necesarios para la gestión de crisis, en algunos casos con un solo proveedor o solo un puñado de proveedores. Ahora estamos analizando esto más de cerca para comprender dónde se encuentran nuestras vulnerabilidades para asegurarnos de que estamos mejor preparados en el futuro”, destaca.

Según Hogan, la apuesta de Europa está en un modelo llamado “Autonomía Estratégica Abierta”, un nuevo tipo de globalización donde se construyen alianzas más fuertes con socios de ideas afines, con mayor protección a las empresas locales y una diversificación de las cadenas de suministro. “Esto no significa necesariamente traer a las empresas de vuelta”, destaca el comisario. Esto implicaría enfrentarse a costes de producción más elevados. “Si ahora pidiéramos a las compañías que regresen su producción a la UE posiblemente produzcan a un coste más alto. Tendríamos que proporcionarles incentivos para hacerlo, y tendríamos que evaluar caso por caso y ver hasta qué punto esto estaría justificado”, recalca.

Lo que es una realidad es que la crisis sanitaria dará un buen mazazo a la economía global, hundiendo el PIB mundial, disparando la deuda pública y golpeando duramente los intercambios comerciales de mercancías. Para el cierre de 2020, la OMC prevé que estos últimos se desplomen entre un 13% y un 32%. Los economistas del organismo creen que es probable que el descenso supere la caída del 12,2%, que se dio en la crisis financiera de 2008, la peor bajada en más de 70 años. “Estamos más encaminados hacia una caída entre el 12% y 13%, tal vez un 14% con una recuperación lenta en 2021”, dijo Robert Koopman, economista en jefe del organismo multilateral, a Bloomberg.

Antes de que explotara la pandemia, los flujos de comercio y capital fluctuaban por debajo de donde se encontraban antes de la crisis financiera de 2008. “En lo que respecta a las exportaciones de servicios, si bien en los últimos años habían venido incrementándose notablemente de la mano de los procesos de transnacionalización productiva, es esperable una importante reducción de estos flujos debido al impacto en el sector turístico mundial”, dice Steven Altman, investigador principal y director ejecutivo del Centro para la Globalización de la Educación y la Administración NYU Stern School of Business. La globalización ha entrado en una nueva era. “Ya estaba en transformación, pero el virus ha acelerado el proceso”, explica Ian Goldin, profesor de Globalización y Desarrollo en la Universidad de Oxford.

Hablar del origen de la globalización es hablar de la historia de la humanidad. Los intercambios de bienes han sido una constante entre distintas regiones. Pero Douglas Irwin, miembro del Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés) indica que el concepto moderno se ha forjado desde finales del siglo XIX. Entre 1870 y 1914, la integración económica creció gracias al barco de vapor que permitió una mayor movilidad de bienes. El proceso se detuvo entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, pero volvió a cobrar fuerza después de 1945. “El liderazgo estadounidense ayudó a crear nuevas instituciones para la cooperación como el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que permitió a los países abrir sus economías una vez más al comercio y la inversión”, agrega Irwin.

El proceso se acelera

A partir de 1980 hasta la crisis de 2008, la integración se elevó a una escala sin precedentes. “A mediados de la década pasada se hablaba sobre lo inevitable de la globalización”, agrega Altman. El éxito de ventas de The World is Flat (2005, Farrar, Strauss y Girous), del periodista de The New York Times Thomas Friedman, capturó el espíritu de esa época: vivimos en un planeta globalizado, las fronteras ya no importaban y externalizar a India y China era inevitable. La Gran Recesión, sin embargo, puso fin a esta época de oro. Al menos en términos comerciales. La caída del sistema financiero llevó a una contracción de la demanda global, lo cual provocó una caída significativa en la producción de bienes. Desde entonces, la inversión extranjera, el comercio, los préstamos bancarios y las cadenas de distribución se han achicado o están estancadas respecto al PIB mundial, resume el semanario The Economist.

Pero, como ha dicho en repetidas ocasiones Harold James, profesor de Historia en la Universidad de Princeton, el libre comercio rara vez ha sido popular. “Su historia está llena de decepciones”. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su “America First” han hecho mella. El presidente de la economía más poderosa del mundo avanzó hacia el proteccionismo de manera acelerada: primero se retiró del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) que conectaría a 12 países a ambas orillas del Pacífico; impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio por razones de seguridad nacional, e inició una guerra comercial con China. Luego destapó un conflicto con Europa por los subsidios gubernamentales al fabricante de aeronaves Airbus. Y ahora, las intenciones de Bruselas de poner en marcha la tasa Google han avivado el conflicto.

Pero mientras menos bienes intercambia el mundo y las tensiones van en ascenso, las sociedades comparten cada vez más ideas, cultura y hábitos. “El movimiento Black Lives Matter, que se extendió por más de 100 países en tres días, es un ejemplo de que la globalización es mucho más que el comercio”, dice Goldin. En esta ecuación, la clave está en la tecnología, que ha acelerado su penetración en todos los ámbitos debido a la pandemia. “La cantidad de información que cruza las fronteras ha seguido aumentando. Las personas que piensan que el mundo se está desglobalizando tienen una visión demasiado restrictiva del concepto. Necesitan expandir su mentalidad”, destaca Baldwin.

La revolución tecnológica se ha puesto a prueba. El trabajo de oficina se ha trasladado al salón de casa, las reuniones se han reemplazado por videollamadas, los menús en los restaurantes ahora son códigos QR, los pagos se hacen través del contactless y las compras en el supermercado se realizan por Internet. “Las tendencias se han acelerado. El trabajo remoto, por ejemplo, es una realidad. Antes [de la crisis sanitaria] los jefes en las empresas estaban preocupados por la productividad de sus empleados, pero ahora han disipado sus dudas y han visto que el sistema funciona”, comenta Javorcik, del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. “Una vez que se ha cruzado esa barrera, las compañías empiezan a preguntarse ¿por qué contratar personas en el Reino Unido o en España en lugar de Polonia o Rumanía?”, afirma. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, dijo en mayo que la empresa estaría dispuesta a contratar personal remoto de una manera “agresiva” y estimó que la mitad de su plantilla podría teletrabajar en los próximos cinco años. “El aumento de la deuda y la recesión obligará a las compañías a disminuir costes y la deslocalización de más empleos en el sector servicios será parte de esa reducción de costes”, agrega Baldwin.

El impacto de la tecnología llegará también a la industria. Aquellas empresas que estén pensando en reubicar su producción lo harán con el apoyo de las máquinas. “Los robots no solo pueden hacer camisetas, zapatos o automóviles, sino también generar servicios”, señala Goldin. Pero los avances podrían toparse con un muro. De hecho ya lo están haciendo: el veto del 5G de Huawei en EE UU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y recientemente en el Reino Unido (por supuesto espionaje) es un ejemplo de ello. “Ahora vamos a tener un muro digital. Vamos a ver dos inteligencias artificiales, dos sistemas de telecomunicaciones de 5G… no solo vemos una desglobalización en el comercio, sino también en la tecnología”, dijo Nouriel Roubini, profesor de Economía en la Universidad de Nueva York, a la agencia Bloomberg.

Mirando a EE UU

Pero una buena parte de este proceso depende de una elección: la de EE UU en noviembre próximo. Al menos así lo considera Charlie Robertson, economista jefe global de Renaissance Capital, banco de inversión enfocado en mercados emergentes. “Creo que habrá una nueva ola de globalización después de que Trump pierda”, afirma Robertson. “La amenaza de guerras arancelarias disminuirá”, adelanta. Pero la rivalidad con China continuará. Este nuevo mundo post-pandémico no se basará en el “proteccionismo primitivo del trumpismo”, añade Stiglitz. Existe un gran consenso de que los problemas globales, como una pandemia o el cambio climático, solo se pueden abordar a través de la cooperación entre las naciones, destaca. “Sin embargo, algunos Gobiernos, especialmente EE UU, han ido en la otra dirección. En medio de la pandemia, cuando la cooperación global es esencial, la administración Trump se retiró de la Organización Mundial de la Salud”, abunda Stiglitz. “Pero lo más probable es que los demócratas asuman el cargo en enero, y entonces deberá haber una cooperación global para abordar estos problemas”.

Aunado a ello, la nueva globalización, abunda el premio Nobel, tendrá que replantear las relaciones del mundo con China, sobre temas como democracia y derechos humanos. “Tendremos que aprender a cooperar, y competir, con un sistema económico y político con el que podamos tener profundos desacuerdos. Todavía hay áreas donde habrá ganancias de hacer comercio, pero inevitablemente habrá más circunspección que en el pasado”, zanja. Lo que es un hecho es que la globalización aún está lejos de desaparecer. Así lo expresa Pankaj Ghemawat, profesor de la NYU Stern y el IESE: “El botón rebobinar en una grabadora no debe confundirse con el botón apagado”.

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