Los 16 años de fuga de Siri acabaron en Huelva

La persona más buscada en Luxemburgo llevaba 12 años viviendo en Punta Umbría (Huelva, 15.242 habitantes). En la localidad onubense tenía mujer y un bebé en común, al que cuidaba con especial atención. Era conocido en su barrio, por donde le veían pasear con normalidad. Y por lo único que llamaba la atención entre sus vecinos era por sus rasgos asiáticos, poco frecuentes en este municipio. Se llama Jean Marc Sirichai Kiesch, nació el día de Reyes de 1981 -39 años- y mide 1,75 metros. Tenía una orden de búsqueda y captura desde que en 2004 escapó de prisión durante un permiso penitenciario. Había sido condenado a 20 años de cárcel después de matar, en 1999, a una mujer de 70 años y quemar su cuerpo para intentar ocultar el crimen. Era un objetivo prioritario de Europol y había estado a la fuga hasta ayer, cuando fue arrestado por la Policía.

Buscar al prófugo en Huelva no fue casualidad. Un residente en Punta Umbría puso a la policía en alerta tras ver una fotografía del ahora detenido en la página web Europe most wanted fugitives. A continuación, se puso en contacto con la policía luxemburguesa, a la que escribió un correo electrónico. En él, aseguraba que esa persona había frecuentado los chiringuitos de su ciudad hacía más de una década y que, a pesar del tiempo transcurrido, estaba seguro de que era él. “Es la pista que nos pasaron desde la Red Europea de Equipos de Búsqueda Activa de Fugitivos”, cuentan fuentes cercanas a la investigación. “No era mucho, era un dato muy antiguo y había que tomarlo con cautela, pero había que tirar del hilo a ver qué ocurría”, añaden.

En la madrugada del domingo al lunes un equipo del Grupo I de Localización de fugitivos de Udyco Central de la Policía Nacional se desplazó hasta Punta Umbría. Ahí la colaboración de la Policía Local resultó clave: bastó enviar la última imagen que se tenía del prófugo al grupo de Whatsapp que comparten los agentes municipales para que uno de ellos lo identificara con rapidez a pesar de que la fotografía estaba tomada hace dos décadas.

Comenzó entonces una labor de seguimiento que se veía dificultada porque ninguna de las direcciones que tenía registrada la pareja eran actuales. “Tuvimos que centrar todos nuestros esfuerzos en determinar el domicilio actual de ambos”, cuenta uno de los agentes que participó en el arresto. Tras rastrear la ciudad junto a la Policía Local, dieron con él en un barrio residencial, donde apenas se ocultaba y hacía una vida “prácticamente normal”. Eso sí, no dejaba ninguna huella documental. Ni siquiera para trabajar: todos sus empleos habían sido sin firmar contratos y sus salarios, en dinero negro. En la media tarde de ayer, los agentes -que contaron con la colaboración de la Policía Judicial de Huelva- le identificaron cuando salía de su casa y lo detuvieron. Sus huellas confirmaron que era el fugitivo que buscaban. Él mismo lo ratificó.

Según ha contado a los agentes, el arrestado -alias Siri- nació en Tailandia, pero sus padres murieron poco después. Fue adoptado por una familia que lo trasladó, con solo dos años, a Luxemburgo. En 1999 y con 18 años -él asegura que con 17- entró a robar a una casa, donde se escondió para esperar a que la mujer que la habitaba, de 70 años, la abandonara. Pero le sorprendió y ambos comenzaron un forcejeo hasta que el arrestado golpeó varias veces con un martillo en la cabeza hasta matarla. Luego, para ocultar las pruebas del delito, rocío el cuerpo con alcohol y le prendió fuego, según informa la policía.

Fue juzgado y condenado a 20 años de prisión, pero en 2004 escapó durante un permiso penitenciario con destino a Bruselas, donde empezó a utilizar su nombre y apellidos tailandeses. Comenzó entonces una vida en la calle que le llevó primero a la ciudad francesa de Metz y, luego, al extrarradio de París. Allí fue detenido por estancia ilegal e ingresó varias semanas en un centro de internamiento para extranjeros. Se declaró tailandés, pero su país de origen no aceptó la extradición. Acabó, de nuevo, viviendo en la calle, aunque esta vez con la obligación de abandonar Francia en un mes. “Se sorprendió porque pensó que lo habían pillado, pero quedó en libertad”, explican fuentes policiales.

Era 2005 y para evitar más problemas policiales cruzó la frontera a España, primero hacia Barcelona y, más tarde, a Valencia, donde comenzó a recorrer el litoral mediterráneo. Su destino final fue, en 2006, Punta Umbría, donde encontró el amor: allí conoció a la que hoy es su mujer. Desde entonces, ha residido en esta localidad de la costa de Huelva, donde ha trabajado “en mil cosas”, según ha relatado a los policías que lo detuvieron, sorprendidos porque su aspecto no ha cambiado en casi 20 años. “Quienes lo habían visto alguna vez siempre decían con total seguridad que era él”, añaden fuentes policiales. El detenido también ha confesado que siempre ha sabido que el momento de su detención llegaría y que incluso pensó en entregarse, pero nunca lo hizo. Su fuga ha acabado a 1.800 kilómetros de distancia, 21 años después y con familia española.

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