10 rincones que se descubren con una novela en la mano

Una buena novela puede ser la mejor guía para recorrer una ciudad o captar la esencia de un país. Hay miles de pruebas en la literatura española y universal, pero hemos escogido referencias novelísticas para descubrir 10 destinos. De la novela negra que convierte las ciudades en una protagonista más pasando por títulos históricos y grandes referencias clásicas. Un viaje literario que nos lleva a Islandia, Mongolia, El Cairo o las Rías Baixas.

Suecia con Stieg Larsson y Henning Mankell

Suecia siempre se nos había presentado como una región plácida y con un excelente nivel de vida, donde el día a día transcurría sin sobresaltos…. hasta que llegaron las novelas negras suecas, el llamado Nordic Noir. Aunque ya había antecedentes, a España llegaron para quedarse con Henning Mankell y su comisario Kurt Wallander, todo el rato deambulando por las carreteras de la tranquila (hasta entonces) región de Escania, al sur del país. Ystad o Mälmo pasaron a ser ciudades apetecibles para visitar siguiendo los pasos de este policía complejo pero acomodado a sus rutinas. Poco después, las novelas negras suecas dieron el salto a la categoría de best seller con Stieg Larsson. Su saga Millenium puso del revés el decorado escandinavo y presentó su realidad más sombría. La trilogía muestra una colección de vicios, corrupciones y refinados crímenes que parece mentira que puedan convivir con la cara amable y tranquila de la progresista y acomodada Suecia. Afortunadamente, todo es ficción.

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La calle Bellmansgatan de Estocolmo, donde se encuentra la casa del periodista Mikael Blomkvist, protagonista de la saga 'Millenium'.

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La calle Bellmansgatan de Estocolmo, donde se encuentra la casa del periodista Mikael Blomkvist, protagonista de la saga ‘Millenium’. Lars Clason / Folio getty images

Tras el éxito internacional de la historia del periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander es inevitable asociar Suecia o Estocolmo a horrendos crímenes y secretos ocultos terribles. Larsson, víctima de un ataque al corazón en 2004 (poco después de terminar su trilogía), no pudo disfrutar del éxito. Dos adaptaciones cinematográficas, una sueca y otra de Hollywood, han llevado a la pantalla la isla ficticia de Hedeby, donde vive la rica familia Vanger. La primera eligió la pequeña localidad de Gnesta, unos 70 kilómetros al sur de Estocolmo, mientras que la segunda eligió la mansión Hofsta, a orillas del lago Yngaren. La película de David Fincher muestra además el barrio de negocios de Estocolmo.

Los hombres que no amaban a las mujeres fue el primer capítulo de esta historia llena de giros inesperados, pero que es también una invitación a conocer Estocolmo, por ejemplo, paseando por la calle de Götgatan, donde está la oficina del protagonista, o hacer una parada golosa en el café Mellqvist Kaffebar. Eso antes de emprender camino a las islas suecas.

Henning Mankell con su comisario Wallander ya había puesto de moda algunos escenarios suecos. Incluso se habían desarrollado algunos circuitos turísticos para recorrer Escania, y más en particular Ystad, convertida desde entonces en ciudad literaria. También existen varias series sobre este policía sueco hechas con mayor o menor fortuna, pero todas ellas animan a conocer estos paisajes absolutamente llanos y agrícolas del sur de Escandinavia, a los que se puede llegar cómodamente en una escapada desde Dinamarca cruzando el puente Öresund hasta Malmö.

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Seyðisfjörður (Islandia), escenario del 'thriller' televisivo 'Atrapados'.

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Seyðisfjörður (Islandia), escenario del ‘thriller’ televisivo ‘Atrapados’. Melinda Chan getty images

Islandia también tiene quien le escriba

Siguiendo la estela del Nordic Noir, Islandia es otro ejemplo de cómo las novelas negras pueden servir de guía para conocer un país. A pesar de su tasa de homicidios casi inexistente, Islandia se ha hecho con un lugar sorprendente en el ámbito de la novela policíaca en buena parte gracias a la saga de Arnaldur Indridason y su comisario Erlendur. En su primera aparición, a finales de la década de los noventa, investiga la muerte de un anciano. Unas fotografías lo llevarán hacia otro cadáver enterrado en un subsuelo cenagoso y hacia una misteriosa ciudad (Jar City) donde se alinean frascos de órganos, un auténtico archivo genético de la población islandesa… Como novelista, Indridason es magnífico reproduciendo la melancolía de su país, su obsesión por las desapariciones y la inevitable consanguinidad en Islandia, con sus tarros y sus taras.

La capital más septentrional del mundo, Reikiavik, proporciona el telón de fondo a las escenas del crimen, especialmente en el céntrico barrio de Nordurmyri. Podemos seguir la trama y descubrir de paso algunos de los encantos turísticos de la capital islandesa, centrados sobre todo en sus numerosos museos y sus barrios antiguos alrededor del lago Tjörnin, que resuena con el sonido de más de 40 especies de aves.

Estas novelas tienen, como no podía ser de otra forma, su correspondiente adaptación en forma de serie, pero si se quiere ver el auténtico ambiente de una ciudad islandesa es más recomendable ver la serie de la televisión islandesa Atrapados, un thriller rural de extraña intensidad, ambientado en Seyðisfjörður, un remoto pueblo en el recodo de un fiordo, en el extremo este del país. Vida cotidiana a la islandesa en unos paisajes impresionantes (e inquietantes).

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Khan al Khalili, el zoco más importante de El Cairo (Egipto).

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Khan al Khalili, el zoco más importante de El Cairo (Egipto). Alamy

El Cairo real en tres novelas

Para conocer El Cairo más real (más allá de las pirámides o las grandes mezquitas que frecuentan los turistas) proponemos no una sino tres novelas. Resulta inevitable mencionar la trilogía de El Cairo de Naguib Mahfuz: Entre dos palacios, Palacio del deseo y La Azucarera —publicados en los años cincuenta del siglo pasado—. El gran novelista cairota, fallecido en 2006 y único premio Nobel de Literatura del mundo árabe, conoció el éxito con este tríptico sobre las clases populares de los barrios viejos de la capital egipcia. Cada volumen lleva el nombre de una calle que el autor conoció en su juventud, y cuentan, con un estilo realista, la historia de tres generaciones de una familia de comerciantes, desde 1917 hasta la caída del rey Faruk I, en 1952.

Mahfuz nunca salió de su ciudad natal. Los cafés de El Cairo le proporcionaban su puesto de observación favorito. Él mismo había nacido en el barrio popular de Khan al Khalili, nombre del zoco más importante de la capital egipcia. Todavía hoy el gran mercado, con sus vendedores de telas, de verduras o de especias, ve pasar personajes sacados directamente del fresco social compuesto por el autor. Convendría perderse en el dédalo de la antigua ciudad fatamida, leer sus estratos arquitectónicos, romanos, bizantinos y otomanos, para penetrar en la obra de Mahfuz.

Al margen de Mahfuz, la literatura egipcia tiene otras muchas excelentes novelas que permiten recorrer sus calles y conocer cómo ha ido cambiando la ciudad, siempre con los cairotas como protagonistas y siendo la ciudad un protagonista vivo más. Una magnífica lectura es El edificio Yacobián (2002), de Alaa al Aswany, considerado por muchos el heredero de Mahfuz. Construido en 1930, el edificio Yacobián está situado en pleno centro comercial de El Cairo. En sus días fue uno de los inmuebles más lujosos, pero la decadencia ha llegado hasta sus pisos, como para el resto de la metrópoli. Por la novela desfilan sus variopintos habitantes, desde un miembro de la vieja aristocracia a un ingeniero de más de 70 años que mantiene su piso para los encuentros con sus amantes. La otra cara del Yacobián son las pequeñas buhardillas, ocupadas por trabajadores y familias muy pobres, como la bella Busayna, que tras perder a su padre tiene que buscar un trabajo para sostener a su familia. Alaa al Aswany entrelaza mágicamente las vidas de unos seres humanos con sus pasiones y debilidades, y refleja la idiosincrasia de la sociedad egipcia contemporánea. La novela es, además, una descripción impagable de la ciudad. El edificio Yacobián tiene también una magnífica adaptación al cine, en blanco y negro, más que recomendable.

Por último, conviene leer Taxi (2006), de Khaled al Khamissi, que ofrece una imagen realista y precisa sobre la sociedad árabe actual, vista a través de los ojos de unos observadores privilegiados: los taxistas de El Cairo. Todo transcurre en un taxi, un escenario que va desplazándose y revelando los secretos de la ciudad y dentro del cual el protagonista va desgranando sus sufrimientos y esperanzas, sus sueños y sus fracasos.

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Yurtas a las afueras de la ciudad de Ulán Bator, capital de Mongolia.

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Yurtas a las afueras de la ciudad de Ulán Bator, capital de Mongolia. Kriangkrai Thitimakorn getty images

Estepas, yurtas y novela negra en Mongolia

No es fácil encontrar novelas ambientadas en la Mongolia actual, ese país que apenas acaba de salir de una larga Edad Media y que combina los móviles de última generación con las yurtas tradicionales en las que siguen viviendo y el rock de moda con las grandes estepas por las que corren los caballos. Una oportunidad magnífica para adentrarse en el país es la saga de novelas creada por Ian Manook (seudónimo del francés Patrick Manoukian), con el temperamental comisario Yeruldelgger como protagonista. El escritor se propuso hacer una novela de detectives pero ambientada en un lugar en el que apenas existiera tradición literaria. Lo encontró en las estepas de Asia Central y retomó uno de los personajes que había creado hacía años, un policía de Brooklyn llamado Donnelly que trasladó a Mongolia.

En Muertos en la estepa (2013), en su primer caso el peculiar policía mongol investiga la muerte de una niña hallada junto a su triciclo. La investigación lo llevará de Ulán Bator a las grandes estepas mongolas, en un viaje para recuperar la estabilidad perdida tras años de fracasos personales.

Le siguieron Tiempos salvajes y La muerte nómada, cerrando una trilogía que nos muestra cómo se vive en las yurtas y las tradiciones ancestrales mongolas, nos adentra en una capital contaminada y bastante salvaje, donde las yurtas conviven con los pisos de cemento y la corrupción y los crímenes brutales son también posibles. Y, sobre todo, nos hace viajar por una Mongolia que busca la modernidad a un ritmo trepidante saliendo directamente de 3.000 años de cultura nómada y un duro régimen soviético.

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Coloridos edificios en La Habana Viajea (Cuba).

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Coloridos edificios en La Habana Viajea (Cuba). Kriangkrai Thitimakorn getty images

Paseos por La Habana con Mario Conde y Leonardo Padura

La narrativa sobre Cuba, y más concretamente sobre La Habana, es amplísima. Pero para conocer la auténtica ciudad (no la que aparece en los folletos turísticos, sino en la que viven cada día los habaneros), es de lectura imprescindible Leonardo Padura. De la mano de su detective, el policía Mario Conde, cubano por los cuatro costados, uno se adentra por las calles de La Habana y conoce cómo viven o sueñan los cubanos.

Padura dice que él no escribe novelas, sino “metáforas policíacas”. Y es cierto, porque la saga creada a partir de este peculiar y sensible policía va más allá de la novela clásica de detectives para mostrarnos la realidad de un país y de una ciudad. El entrañable Mario Conde es un detective sui géneris, un policía que quiso haber sido escritor, fumador empedernido, amante de la buena cocina cubana y de las mujeres bellas, que vive rodeado de amigos que le acompañan desde sus años en el instituto. Es un personaje culto, inteligente y noble, pero a la vez es un hombre triste, descreído y agobiado, que imagina un pasado que nunca existió, donde él es escritor y sus amigos han logrado cumplir sus sueños.

Las novelas de Padura son buenas intrigas criminales pero también un cuadro de la sociedad real cubana, con sus defectos, sus miserias y virtudes. Toda su obra transmite un enorme amor por Cuba, por sus gentes, por su clima, por la forma de vida, a pesar de las desigualdades, del racionamiento, e incluso de las persecuciones. Con Mario Conde descubrimos los barrios menos turísticos y también la cocina cubana de la mano de Josefina, la madre de un amigo que consigue hacer milagros en una Cuba donde la escasez es lo habitual.

Como protagonista destaca el barrio de La Víbora, que describe en realidad el barrio de Mantilla en el que vive el autor. Desde aquí el personaje se mueve por toda la ciudad, desde los lugares más típicos y emblemáticos (el malecón, La Habana Vieja, cafés como El Louvre) hasta las mansiones de Miramar o el Vedado o el elegante barrio del Casino Deportivo, donde los dirigentes revolucionarios viven en cuidadas casas con jardines. También encontramos en sus páginas la descripción de La Habana del pasado, la que vive en la nostalgia del detective y sus amigos: los juegos de pelota, las peleas de gallo, los barrios que estuvieron llenos de vida y que hoy agonizan. Sin olvidar que en las novelas de Padura encontramos críticas a muchos aspectos de la vida, la sociedad o la política de la isla.

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La casa del comisario Brunetti en Rio de San Polo, en Venecia.

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La casa del comisario Brunetti en Rio de San Polo, en Venecia. Matthias Scholz Alamy

Venecia entre líneas con el comisario Brunetti

De Venecia se ha escrito mucho y con mucho talento. La ciudad italiana es también el escenario ideal para descubrir secretos fascinantes, como los que esconden las antiguas bibliotecas, llenas de valiosos manuscritos que se convierten en nostalgia de la belleza. La escritora americana Donna Leon lleva varias décadas mostrándonos la Venecia de nuestros días a través de las historias del comisario Brunetti. Sus investigaciones nos llevan a recorrer la ciudad que viven los venecianos a espaldas de los turistas, aunque inevitablemente conviviendo con ellos. Es una ciudad de personajes curiosos, nobles decadentes, mecenas inesperados, mercados de arte legales e ilegales. Recorriendo la ciudad en las lanchas de la policía y mientras asoman algunos de sus palacios más bellos. Cada entrega de Donna Leon (más de treinta hasta la fecha) nos lleva de la mano por esos escenarios que atrapan irremediablemente a sus lectores y a millones de turistas que visitan cada año la ciudad de los canales, algunos directamente alentados por estas novelas.

Para quienes prefieran los clásicos, está la inevitable La muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann (o su inquietante versión cinematográfica a cargo de Luchino Visconti), una obra exquisita en la que disecciona un alma agónica, la de Gustav von Aschenbach, que se retira a un balneario veneciano para rumiar su ocaso artístico.

Y los que opten por la novela histórica, tendrán mucho para elegir ya que este género ha dado miles de obras que discurren o pasan al menos por aquí. Una sugerencia para descubrir un aspecto muy veneciano: El impresor de Venecia (2016), de Javier Azpeitia, una novela sobre la figura real de Aldo Manuzio, un impresor que llegó a Venecia en 1489 para editar los tesoros de la literatura griega. La novela recrea el nacimiento del negocio de los libros en medio de una ciudad fascinante, y nos pasea por la Venecia del Renacimiento de la mano de un editor e impresor legendario.

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El jardín de Yuyuan, en Shanghái (China).

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El jardín de Yuyuan, en Shanghái (China). getty images

El Shanghái colonial con Amy Tan o el actual con el detective Chen

Las novelas de la escritora norteamericana de origen chino Amy Tan son perfectas para conocer las tradiciones chinas y su enfrentamiento con la cultura occidental. Son siempre historias con un pie en América y otro en la vieja China. El valle del asombro (2013) es una de las últimas, una vez más una novela de madres e hijas, de secretos y deseos, como son casi todas las de Tan, y también de vidas que se mueven entre dos culturas. Buena parte de la trama se desarrolla en Shanghái y nos hace viajar a otro país y a otra época. Se inspiró en la historia de su abuela, cortesana en Shanghái, y el libro cuenta la vida de tres mujeres de una misma familia (Lulú, Violet y Flora) en el cambio de siglo entre el XIX y el XX cuando era una de las ciudades más singulares de Oriente, con distritos coloniales franceses e ingleses que convivían con la tradición china del resto de la ciudad.

La novela es también un paseo por una ciudad de la que hoy queda muy poco, el de principios del siglo XX, aunque aún podemos descubrir algo del viejo encanto colonial en el Bund. Era el punto de comercio febril donde se ganaban y perdían grandes fortunas. Originalmente era un camino de sirga para el arrastre de barcazas de arroz, y continúa siendo el primer puerto de escala desde que los visitantes comenzaron a desembarcar aquí hace un siglo, aunque lo que atrae hoy al visitante a esta zona son los restaurantes de moda y las vistas del barrio de Pudong.

Para descubrir el Shanghái del siglo XXI podemos asomarnos a cualquiera de las novelas de Qiu Xiaolong, el más internacional de los escritores de novela negra china. Los casos del inspector Chen Cao son tan refinados como una tortura china. Tríadas, inmigrantes clandestinos, tráfico de órganos… Chen vive en una democracia popular, donde no siempre conviene decir la verdad, sobre todo cuando esta sirve para iluminar las zonas oscuras de la sociedad.

El Shanghái de Xialong es una metrópoli tentacular, con casi 20 millones de habitantes y permanentemente en obras. Más un destino de negocios que una ciudad romántica, y, sobre todo, una urbe apasionante donde se diseña el futuro del mundo. Unas referencias imprescindibles: la plaza del Pueblo, que concentra los museos más importantes; el mencionado Bund, un paseo a orillas del río que proporciona unas vistas magníficas sobre el skyline del centro financiero; el fantástico jardín Yuyuan y la antigua concesión francesa, ideal para un paseo corto entre plátanos y villas antiguas.

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Escultura de Fernando Pessoa frente al Café A Brasileira, en en la zona de Chiado (Lisboa).

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Escultura de Fernando Pessoa frente al Café A Brasileira, en en la zona de Chiado (Lisboa). Carla Guedes Pinto Alamy

Lisboa con Saramago, Tabucchi y Pessoa en el recuerdo

Al margen de El Libro del desasosiego (1982) de Fernando Pessoa, que muchos citan como guía para entender Lisboa, hay otras novelas más actuales que nos pueden llevar de la mano por la ciudad del Tajo.

Es el caso de El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), novela del Nobel José Saramago. Es un homenaje a Fernando Pessoa, cuyo fantasma aparece a lo largo de las páginas para encontrar a uno de sus alter ego, Ricardo Reis. Saramago transmite perfectamente esa atmósfera pessoana mientras muestra una Lisboa casi pueblerina bajo la dictadura de Salazar que lanza sus sombras sobre la ciudad de la luz. Ricardo Reis, un médico de origen portugués que vuelve a su ciudad natal después de haber vivido durante muchos años en Brasil, abandona su profesión para deambular sin rumbo por las calles húmedas de la capital portuguesa. Sus pasos resuenan por los adoquines, las empinadas cuestas y las plazas por las que se cuela la brisa atlántica, entre los recuerdos de las palabras de Pessoa.

La segunda novela casi imprescindible para comprender la esencia blanca y luminosa de Lisboa es Sostiene Pereira (1994), de Antonio Tabucchi, que cuenta también con una magnífica adaptación al cine de Roberto Faenza, con Marcello Mastroianni como protagonista. Pereira es un periodista sencillo, sin grandes pasiones, que trabaja en la sección cultural de su periódico y que intenta mantener su bondad y humanidad bajo el cinismo de la dictadura. Vive en el barrio de Alfama y trabaja en la calle Rua Rodrigo da Fonseca, pasea por la avenida da Liberdade, sube en el elevador de Santa Justa o se asoma a los cafés, como el Café Orquídea. La novela es un melancólico retrato de la ciudad en el que tampoco falta el legado de Pessoa, siempre tan presente. Es una Lisboa nostálgica, de fachadas color pastel y reflejos blancos que coincide con la imagen que los visitantes buscan hoy cuando llegan a la capital del Tajo, incluso en una ciudad renovada y modernísima como es la Lisboa del siglo XXI.

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Vista de la ciudad de Porto Empedocle, en la provincia siciliana de Agrigento.

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Vista de la ciudad de Porto Empedocle, en la provincia siciliana de Agrigento. Patricia Hamilton getty images

De la Sicilia de ‘El gatopardo’ a la del comisario Montalbano

El gatopardo es una obra excepcional, de esas que se leen con placer a pesar de los años transcurridos desde que Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribiera esta cumbre de la literatura del siglo XX en los años cincuenta. Es un título imprescindible para entender Sicilia y los convulsos cambios en la isla a finales del siglo XIX, cuando el desembarco de Garibaldi viene a sacudir un mundo que discurría con calma y parsimonia en medio de una campiña de árida belleza y orden social inamovible. La obra es el retrato de la aristocracia y burguesía sicilianas pero también de una isla que vive al margen del tiempo, de sus paisajes y de sus palacios.

La novela ha quedado eclipsada por su adaptación cinematográfica, filmada en escenarios naturales por Luchino Visconti en 1963, con unos magníficos Burt Lancaster, Alain Delon o Claudia Cardinale. La antológica escena del baile fue rodada en el Palazzo Valguarnera Gangi de Palermo, pero el trayecto que lleva a la casa solariega de vacaciones, un sitio ficticio rodado en diferentes lugares, permite recorrer la provincia de Agrigento, al suroeste de Sicilia. Si bien en el pueblo de Palma di Montechiaro se respira la atmósfera de la narración, es en Santa Margherita di Belice donde se encuentra la cuna de la familia. Por desgracia, un seísmo destruyó parte de las fachadas patricias.

Hoy, muchos de los que recorren la isla italiana lo hacen llevando en la maleta otras novelas auténticamente sicilianas, comas las escritas por Andrea Camilleri con el comisario Montalbano como protagonista, mucho más que un policía y con los años convertido casi en un héroe nacional. Montalbano trabaja en Vigata, provincia de Montelusa, aunque en realidad son Porto Empedocle y la provincia de Agrigento. Sol, espacios abiertos, pueblos mediterráneos… Sicilia en estado puro vista desde los ojos de un comisario tenaz, íntegro, fiel, gastrónomo empedernido y amante del buen vino. Aunque Camilleri no nombra directamente a las ciudades en las que se desarrollan muchos de sus casos, y Vigata o Montelusa no son lugares reales, es evidente que detrás de nombres como Fiacca (Sciacca), Fela (Gela), Muntiriali (Realmonte), Gaddotti (Giardina Gallotti) o Raccadali (Raffadali), hay pueblos reales.

Aquí lo de menos son los casos, los cadáveres y los crímenes, que no dejan de ser una “percha” para hablarnos de la Sicilia real, del poder de la mafia en todos los estratos de la sociedad, de la gastronomía local (especialmente presente en todas las novelas de la saga) y de una forma de vida muy mediterránea que bebe de muchas culturas. También Montalbano tiene su versión en pantalla: una serie de televisión con una bellísima fotografía de los paisajes sicilianos, incluidas tomas aéreas espectaculares, que nos hace viajar solo con sentarnos a verla en el sofá.

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Un atardecer en Monteferro, cerca del faro de Punta Lameda, en Nigrán (Vigo)

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Un atardecer en Monteferro, cerca del faro de Punta Lameda, en Nigrán (Vigo) francisco crusat getty images

Los escenarios gallegos de Domingo Villar

Las novelas negras ambientadas en escenarios rurales o en pequeñas capitales de provincia españolas han despertado un enorme interés por visitar esos escenarios. Los casos de Dolores Redondo con su trilogía del Baztan o de Eva García Saénz de Urturi en Vitoria son dos ejemplos exitosos, aunque no los únicos del turismo literario que sigue la estela de la nueva novela negra.

Especialmente interesantes por la recreación de los paisajes gallegos son las novelas de Domingo Villar. Ojos de agua (2006) y La playa de los ahogados (2009) nos llevan a lugares como Nigrán, en Vigo. Los investigadores ya no son detectives urbanos solitarios, con atormentados pasados, como en las novelas negras tradicionales, sino guardias civiles o policías con vidas cotidianas mucho más sencillas pero también con personalidades a veces complejas. En La playa de los ahogados, el vigués Domingo Villar hace su propia crónica de la pesca artesanal en las Rías Baixas y se sirve de fantásticos escenarios como la playa de A Madorra, en la parroquia de Panxón (Vigo), donde empieza la historia. Este pueblo adormecido tras la marcha de los turistas, con puerto y lonja, es un enclave perfecto para conocer el territorio circundante que con Villar se ha convertido también en territorio literario. El inspector Leo Caldas y su ayudante Rafael Estévez son nuestros guías por el puerto de Panxón, por sus nasas puestas a secar o su lonja del pescado, el típico bar, el Bar Puerto, con las fotos antiguas del lugar en sus paredes, y las inevitables referencias gastronómicas, que no podían faltar en una novela ambientada en Galicia.

Caminamos hasta Monteferro en medio de una naturaleza virgen y nos acercamos al faro de Punta Lameda, otro de los escenarios de la novela, frente al cabo Bicos de las Cíes. Allí, en la cima de Monteferro, con unas vistas privilegiadas a las islas, Baiona y la bocana de la ría de Vigo, se alza el monumento a la Marina Universal, un homenaje a las víctimas de los naufragios como los que protagonizan estas novelas gallegas.

La versión cinematográfica de la novela, dirigida por Gerardo Herrero y con Carmelo Gómez como el inspector Leo Caldas, está ambientada en diferentes escenarios de la comarca del O Baixo Miño y O Val Miñor, sobre todo en Nigrán.

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