Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial

La extraordinaria importancia de traducir a los clásicos grecolatinos en una tradición cultural ha sido puesta de manifiesto una y otra vez en la historia literaria: entre nosotros, uno de los autores que en más estima tuvieron este trabajo fue sin duda Menéndez Pelayo, nunca suficientemente reivindicado, que dedicó al tema, entre otras obras, Horacio en España (1877), Traductores españoles de la Eneida (1879) y Biblioteca de traductores españoles (1952-1953). Y es que traducir no es un empeño menor sino, seguramente, la cadena de transmisión de la cultura por excelencia a lo largo de la historia, además de una de las mejores escuelas literarias que puede haber. Para reparar en la importancia que tiene traducir a los clásicos, por ejemplo, en la literatura inglesa, se puede recordar el añejo ensayo de Borges sobre las versiones homéricas. Muchas veces, las modas literarias, las corrientes artísticas o la ideología estética vienen condicionadas, cuando no marcadas, por la revisión de los clásicos a través de las traducciones.

Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial

Por eso es una estupenda señal que la traducción de los clásicos grecolatinos goce de buena salud en el panorama editorial español: nuestro país se había ido poniendo a la altura de otras tradiciones occidentales –pienso en Les Belles Lettres o en la Loeb Classical Library– con la Biblioteca Clásica Hernando o la Colección Hispánica de Autores Griegos y Latinos del CSIC, pero sobre todo con la labor más sistemática que se llevó a cabo desde finales del pasado siglo merced a iniciativas tan loables como las colecciones de la Biblioteca Clásica Gredos, los clásicos grecolatinos de Alianza Editorial, Cátedra o Akal, que cuentan en su catálogo con excelentes traducciones de los más grandes autores de la Antigüedad. No en vano, esas colecciones de lo que puede llamarse la “edad de oro” de la traducción de los clásicos en España se propusieron traducir el grueso de la literatura grecolatina para ponerla al alcance del lector culto que no manejara las lenguas clásicas. Frente a otras tradiciones se optó por volúmenes normalmente monolingües –salvo la mencionada colección Alma Mater del CSIC y algunas ediciones universitarias, como la de la UNAM– sin el texto a fronte, a la italiana (BUR o Mondadori): quizá ahí se note el peso del Liceo italiano que, incluso en su versión científica, tiene cinco años de latín.

Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial

Pero una vez que la mayor parte del legado clásico pudo leerse en castellano gracias a esas colecciones, con sus excelentes versiones, le ha llegado el turno a otra generación de editores que han asumido gustosos la tarea de traducir de nuevo a los clásicos grecolatinos: los clásicos por antonomasia. Son editoriales independientes que apuestan por dar voz a los clásicos a través de audaces colecciones, dirigidas en algún caso por traductores curtidos en las grandes colecciones de esa “edad de oro”. Un ejemplo es la sugerente colección Los secretos de Diotima (Guillermo Escolar editor), centrada en grandes obras y autores (Platón, Séneca, Cicerón, Plauto…) sin más matices que su propia excelencia. Obras que no necesitan presentación, de ámbito no solo grecolatino (también están Gracián o el Libro de Job, en versión de Fray Luis de León) se ponen a disposición del público general en bolsillo y a un precio asequible. Por otra parte, sin afán de la exhaustividad sino de seleccionar textos que tengan todavía mucho que decir al público actual, la colección El hilo de lana (Mármara ediciones) se centra en clásicos –y también en algunos textos tardíos, Calímaco y Crisórroe, de próxima aparición en traducción de Carlos García Gual– de gran importancia en el devenir cultural de Occidente: la Fisiognómica de Pseudo Aristóteles, La excelencia de las mujeres (perteneciente a las Moralia de Plutarco) o El libro de los venenos de Dioscórides (trasladado por primera vez desde hace 500 años) conectan fácilmente con los intereses del lector de hoy. En una línea paralela, “Sabiduría clásica para lectores modernos” es el motto de Ediciones Kōan, editorial independiente especializada en autoconocimiento, que tiene los derechos de una colección procedente nada menos que de la Universidad de Princeton y que presenta textos selectos de autores como Séneca, Cicerón o Epicteto (cuyo Enquiridión, el célebre manual estoico, aparecerá en breve) acompañados de introducciones y comentarios a cargo de especialistas: para la versión española se han encargado las traducciones del griego y del latín a expertos españoles, lo que habla muy bien del interés de esta editorial por la materia y de la importancia que dan al hecho traductor. Mención especial merece la Editorial Rhemata, que ha asumido la tarea de editar una colección de libros de bolsillo bilingüe con clásicos de diversas épocas acompañados de nuevas traducciones al español, introducciones y notas, cumpliendo todos los requisitos de calidad exigibles en las publicaciones académicas. También las series de clásicos de las editoriales Cátedra o Dykinson han elegido explorar últimamente el difícil territorio de los bilingües, retomando empresas antiguas como la de la colección Erasmo (editorial Bosch), con ediciones a cargo de jóvenes investigadores: ojalá encuentren el éxito que merecen.

Resucitar a los clásicos: nuevas colecciones en el panorama editorial

Los senderos clásicos nos llevan también al gallego o al catalán, como los meritorios libros de Vétera (Rinoceronte editora), clásicos en general pero con especial presencia de los grecolatinos, o la renovada Col·lecció Bernat Metge, una de las imprescindibles y pioneras serie de traducciones anotadas en versión bilingüe y con eruditas introducciones en nuestro país, que ha publicado sus libros esenciales como La Casa dels Clàssics. Así hizo también la propia Gredos, en su nueva andadura: tras ser una editorial pequeña y familiar pasó a manos del grupo RBA y reeditó su fondo básico de clásicos en formatos variados. Pero, como se ve, la buena noticia es que, más allá de las reediciones de estas grandes colecciones, los pequeños editores se animen a poner en manos de nuevas voces a los grandes autores grecolatinos. Eso dice mucho, por un lado, del vigor de nuestros estudios clásicos y, por otro, del interés público por los grandes textos, que siguen hablándonos muy de cerca.

Sean los clásicos siempre nuestra escuela, como lectores o escritores. Pues si traducir es otra forma de escribir (“La superstición de la inferioridad de las traducciones –dice Borges– procede de una distraída experiencia”), en el caso de los clásicos, se puede tomar el pulso a una tradición literaria, de forma sincrónica o diacrónica, en cualquier lengua y ámbito cultural a través de la empresa traductora. Al fin y al cabo, como quería Steiner, la traducción, acto de comunicación y transmisión del saber humano, es una de las marcas definitorias de la civilización. Así, en nuevas e inagotables andaduras, podemos estar seguros de que los clásicos seguirán dirigiéndose a cada uno de nosotros en versiones actualizadas.

David Hernández de la Fuente (Madrid, 1974) es escritor, traductor y profesor de Filología Clásica en la UCM. Es autor de libros como El despertar del alma. Dioniso y Ariadna. Mito y misterio’ (Ariel) y ha traducido varios volúmenes en la Biblioteca Clásica Gredos.

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