Esquerra y Sánchez, cada vez más lejos

El vicepresidente del Govern, Pere Aragonés (i), saliendo de la prisión de Lledoners tras visitar Oriol Junqueras, este viernes.
El vicepresidente del Govern, Pere Aragonés (i), saliendo de la prisión de Lledoners tras visitar Oriol Junqueras, este viernes.Susanna Saez / EFE

Las relaciones entre el Gobierno y ERC no han tenido un verano plácido. La colaboración de Ciudadanos ha abierto un nuevo escenario en el que los votos republicanos no son tan necesarios. El empantamiento de la mesa de diálogo; el espionaje al presidente del Parlament, Roger Torrent, y el recurso de la Fiscalía contra el tercer grado de los presos ya habían enrarecido el ambiente. El coordinador nacional de ERC, Pere Aragonès, aseguró ayer que la posición del Pedro Sánchez ante el viaje de Juan Carlos I “enturbia” aún más las relaciones, aunque no plantea ruptura alguna.

El también vicepresident de la Generalitat se reunió ayer con Oriol Junqueras y Raül Romeva en la prisión de Lledoners, donde pagan su condena por sedición. En un encuentro con medios tras la visita, Aragonès se mostró muy crítico con la posición del PSOE y Unidas Podemos ante la salida del país del rey emérito. El líder republicano apremió a amabos socios del Ejecutivo central para “activarse” y dejar de “encubrir los negocios turbios de la Monarquía”.

Preguntado sobre si este nuevo desencuentro enturbia las relaciones ya maltrechas con el Gobierno que lidera Sánchez, Aragonès insistió en sus críticas a los dos socios por actuar como “partidos de Estado” comprometerse con la transparencia y revelar el paradero del Rey emérito. “Lo que enturbia es cuando ambos miran para otro lado”, añadió el vicepresident.

Fuentes de ERC insisten en que su apuesta sigue siendo el diálogo con el Gobierno y que ellos no será los que dejen la silla vacía. Repiten el mismo discurso que cuando EL PAÍS reveló el espionaje a Torrent y al exconsejero de Acción Exterior de la Generalitat Ernest Maragall o el Tribunal Supremo quitó el tercer grado a los políticos en prisión tras un recurso de la Fiscalía. Hay que seguir con la apuesta de “radicalidad democrática” pese a que el cuerpo pida una cosa distinta, señalan esas fuentes.

La pelota, añaden, está en el terreno de Sánchez y del vicepresidente Pablo Iglesias, que tienen que decidir si quiere pactar con “la derecha” de Cs o comprometerse con la mayoría que permitió la investidura en enero de este año. Se trata de una disyuntiva en la que en ERC insiste desde cuando se votaban las prórrogas del estado de alarma, que rechazaron con críticas a la centralización de competencias en el Gobierno. Esas advertencias, sin embargo, no parece causar ninguna mella en Sánchez que insiste en seguir apostando por la llamada geometría variable.

Unidas Podemos, pese a su malestar por los acuerdos con Cs, tampoco mueve ficha, si bien han saltado algunas chispas, como tras la reunión de los liberales con el Gobierno a principio de mes. Entonces la ministra de Igualdad, Irene Montero, reprochó a sus socios gubernamentales en Twitter: “Quien mira hacia la derecha no es el Gobierno, sino una parte de él”.

El affaire de la Casa Real le ha dado baterías a ERC para exhibir todo su pedigrí republicano y reivindicar su trayectoria como el partido más combativo con la Monarquía. Nadie dentro de las filas republicanas, sin embargo, se plantea que esa situación pueda cambiar radicalmente las relaciones con el Gobierno. Sí recuerdan del otoño complicado que se viene, no solo por la gestión de los posibles rebrotes sino también por un eventual solapamiento de una negociación presupuestaria —de la que en ERC dicen que no conocen los detalles— con el adelanto electoral catalán.

El aplazamiento de la mesa de diálogo es el principal ha sido la principal fuente de desencuentro. Para los republicanos es clave dentro de su relato (contrapuesto al del enfrentamiento con el Estado de Junts) y mucho más con las elecciones catalanas muy posiblemente a la vuelta de la esquina. La Moncloa siempre se mostró abierta a dar continuidad al foro sobre la situación política en Cataluña pactado por el PSOE y ERC a cambio de la abstención en la investidura.

La mesa de diálogo

Incluso, varios ministros llegaron a sugerir que la mesa se celebraría tras las elecciones vascas y gallegas. Pero finalmente el Gobierno desistió de la reunión argumentando que los socios del Govern no se ponían de acuerdo, si bien finalmente el propio Sánchez señaló a Junts como el responsable. En una entrevista a este diario, Aragonès dijo que para que ERC asuma un segundo compromiso, el apoyo a las cuentas, es necesario cumplir con el primero, la mesa. El clima para un nuevo encuentro del foro no se muestra halagüeño.

La relación entre ambos también también se ha visto comprometida estos días por otras cuestiones como el superávit de los Ayuntamientos. ERC entiende que es un compromiso adquirido por el Gobierno en las prórrogas del estado de alarma (cuando precisamente Sánchez empezó a acercarse a Ciudadanos ante la falta de colaboración de los republicanos) y que incumple flagrantemente. Aragonès ya ordenó a sus consistorios que no entreguen un euro al Gobierno.

La decisión del Supremo de revocar el tercer grado fue otro punto de fricción, pues los republicanos creen que el Ejecutivo tenía margen para que la Fiscalía no actuara. También está el espionaje a Torrent y Maragall, en el que el papel del CNI sigue sin ser claro pese a que el software utilizado solo puede ser comprado por Gobiernos, y el español lo tenía. Aragonès aprovechó ayer para cargar contra la justicia por su “rapidez” para actuar contra los independentistas pero su lentitud, según él, para investigar al Rey o el caso de espionaje. Ante todas estas situaciones la actitud ha sido la misma: cargar contra el Gobierno, mostrar poca confianza, pero, de momento, no romper ningún nexo.

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