Un futuro ya leído

Que Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es un escritor desmesurado ya lo sabemos. Valgan de ejemplo sus exhaustivas y maravillosas crónicas, o la extensión de ficciones como La Historia (1999), una novela articulada como un ejercicio de investigación: el descubrimiento de una cultura extinta que podría fundar un origen alternativo a la historia de Argentina.

Un recurso parecido, pero esta vez volcado hacia el futuro, articula Sinfín: una investigadora estudia, desde el año 2070, las raíces de una revolución vital que ha cambiado la faz del mundo. Resumo: más o menos a partir de la década de los veinte de nuestro siglo hay una gran crisis económica, un derrumbe del comercio, se extreman el hambre y las migraciones forzadas. Además, nuevas y más feroces guerras religiosas terminan de dar la estocada a la sociedad humana como la conocemos. En este punto, diversos grupos de científicos buscan trascender el sufrimiento humano. Y lo logran con un revolucionario sistema de realidad virtual: el cuerpo podrá ser abandonado como un residuo obsoleto, la “experiencia real” palidece frente a la “experiencia mejorada”. Llamarán a este sistema tsian, paraíso. Pero esta nueva civilización transcorporal, liberada del tiempo y la necesidad (y de las categorías sexuales), oculta un oscuro secreto: una masacre, el sempiterno pecado original.

Un futuro ya leído

Sinfín es, en cierto sentido, una novela con voluntad prenovelística. Recuerda a las minuciosas descripciones, trufadas de especulación filosófica, de las utopías de Moro o Campanella. Adopta una forma retrospectiva, donde las breves experiencias de los personajes y los detalles que podrían llegar a conformar tramas o escenas, o sencillamente momentos de tensión narrativa, se diluyen en un propósito descriptivo más vasto: narrar desde donde termina la historia, fabular una hipótesis del futuro.

Además, a las 500 páginas de la novela suma Caparrós casi 100 de notas, que el lector debe descargarse en la Red, y añaden un nuevo juego metaliterario: un narrador desde nuestro presente, posible por un fallo en el sistema de relato “cuántico” de los archivistas del futuro. Lo que permite a Caparrós narrar el futuro en dos direcciones: una “retrocronía”.

El problema es que el futuro de Sinfín lo hemos visto en multitud de libros y películas de ciencia-ficción: colapso, apocalipsis, inmortalidad, abandono del cuerpo. Y también se nos hacen tediosamente familiares las preguntas por el discurso de la realidad como simulacro: un trampantojo llamado la MásBellaHistoria ha sustituido a la historia tradicional. Incluso los guiños de Caparrós a un lector que comparte su formación y contexto se cargan de un raro absurdo. Por ejemplo, las menciones de la narradora del futuro a versos de Jorge Manrique o san Juan de la Cruz (sin nombrarlos), justificadas con frases como: “Decía uno de los mayores poemas de uno de los idiomas más difundidos antes de la irrupción del Trad y su panlingua”. O la mención a Schopenhauer, también sin nombrarlo, como “un filósofo antiguo, un prusiano del siglo XIX”. ¿La narradora recuerda la existencia de Prusia pero no el nombre del filósofo? ¿Ironía? ¿Incontinencia?

En cierto sentido, el método de Caparrós se parece a la pulsión de quien despierta de un sueño revelador y necesita contarlo, mantiene una sutil tensión entre profecía e historia: “Toda historia es la simplificación de una historia: el fracaso en mostrar los infinitos matices de una historia”, escribe. Y más adelante: “Me disculpo si el recorrido se hace largo, pero creo que es necesario tratar de comprender: abarcar, entender”. Pero a una novela de ficción hipotética como Sinfín, que no es historia aunque esta sea su objeto de especulación, le habría favorecido la síntesis.

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Autor: Martín Caparrós

Editorial: Literatura Random House, 2020

Formato: 488 páginas. 20,90 euros

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