La reinvención del sujetador para lucir la espalda

Dos modelos de la última colección de sujetadores de Chicback.
Dos modelos de la última colección de sujetadores de Chicback.Patricia Hidalgo

El sujetador es una prenda habitual en mujeres sobre el que, en principio, todo (o casi) parecía inventado. Pero no. Natalia Martínez, fundadora de Chicback, tuvo la idea, hace más de 8 años, de crear un sujetador que pudiera lucir con prendas que tuvieran la espalda descubierta. Un invento que vio la luz hace un año y medio y que basa su diferenciación en su diseño: un sujetador al uso por delante y por detrás unas tiras intercambiables con diferentes diseños, que han sido la clave para reinventar esta prenda. “Ya sé que no es el invento que va a salvar a la humanidad, pero a mí me solucionó un problema. Con esta idea podía lucir la espalda en lugar de esconderla”, sonríe.

Con 650.000 euros de inversión inicial, crearon el sujetador, una pieza básica que se comercializa en tres colores (blanco, negro y nude, desde la talla 85 a la 110), que se comercializa a un precio único de 16,90 euros. Luego Martínez junto a una de sus cuatro socios, la actriz Mónica Estarreado, se encargaron del diseño de las tiras intercambiables que se adaptan al sujetador y que se venden por separado. Unas tiras que muestran una gran variedad de diseños: desde plumas, encajes o piedras hasta flecos o tachuelas, con precios que van desde 14,90 hasta 24,90 euros. “Muchas posibilidades que hacen posible que el producto llegue a cualquier tipo de mujer sea cual sea su estilo y que además lo convierten en un producto atemporal y no solo para el verano”, afirma Martínez.

La crisis de la covid-19 les obligó a echar el cierre durante dos meses. “Esto provocó una ralentización en el lanzamiento de nuevos diseños, pero ahora estamos trabajando en nuevos modelos que van desde lo más básico a lo más rompedor y también para novias” apunta la fundadora. Un crecimiento que muestra su lado solidario con la creación de un sujetador para la Fundación Sandra Ibarra contra el cáncer, cuyas ventas van destinadas a esta entidad.

Su producción está centrada íntegramente en España. “Queríamos controlar la calidad de la producción, ver cómo se hacían las cosas y para eso necesitábamos hacerlo aquí”, explica Martínez. Una producción que tiene su centro neurálgico en la Fundación Juan XXII Roncalli, ubicada en Madrid, que incorpora a personas con discapacidad física e intelectual. “Conocíamos su trabajo y nos encantaba. Son muy detallistas y cuidadosos, así que nos pareció una buena idea que lo confeccionaran ellos”.

Su principal canal de venta es a través de su tienda online aunque, recientemente, su producto ha llegado a algunas tiendas físicas de Madrid, Barcelona o Canarias. Han gestionado, hasta ahora, más de 5.500 pedidos, que se envían desde un almacén subcontratado en Salamanca. Unas ventas que les ha supuesto una caja de 300.000 euros en 2019, sin beneficios de momento.

Su invento está patentado en 153 países (en el mundo hay 194 reconocidos por la ONU y les llegan pedidos desde cualquier rincón del planeta. Aunque España es su principal mercado con el 90% de su cuota, Italia, Portugal o Reino Unido empiezan a ser clave en sus ventas. “También nos llegan encargos desde Nueva Zelanda y nos buscan mucho en Latinoamérica. Ahora queremos dar el salto a Estados Unidos”, apunta.

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