Vox quiere calentar su moción de censura con movilizaciones en la calle

Santiago Abascal, segundo por la derecha, durante la corrida celebrada el pasado día 6 en El Puerto de Santa María (Cádiz).
Santiago Abascal, segundo por la derecha, durante la corrida celebrada el pasado día 6 en El Puerto de Santa María (Cádiz).Europa Press / Europa Press

Vox quiere calentar con movilizaciones en la calle la moción de censura que ha anunciado para septiembre. La dirección del partido ultra ha instado a todos sus cargos públicos a informarle de las protestas que se produzcan en su territorio como consecuencia de la crisis generada por la covid-19, para promoverlas o sumarse a ellas. Vox no ha despejado la incógnita de si presentará a su líder, Santiago Abascal, como alternativa a Pedro Sánchez, pero por vez primera ha designado candidato a presidir una comunidad autónoma, Cataluña.

El pasado día 9, en una entrevista con Europa Press, el líder de Vox, Santiago Abascal, pronosticaba un “otoño caliente” y auguraba que el clima de tensión social y descontento por la mala gestión del Gobierno puede ser tan alto que lo haga caer. “Si los españoles quieren, el Gobierno puede caer muy pronto. Si los españoles son conscientes de la gravedad de la situación y están dispuestos a comprometerse, el Gobierno puede caer por las movilizaciones sociales”, aseguraba.

No se trataba de una profecía, sino de un escenario que Vox está dispuesto a alentar. La dirección del partido ha remitido una nota a todos sus cargos públicos en la que les pide que estén “muy atentos en apoyar las iniciativas de manifestaciones, concentraciones y actos de reivindicación de grupos sociales que, previsiblemente, se manifestarán en septiembre contra las políticas del Gobierno”. Para coordinar y controlar las movilizaciones, se les insta a trasladar al Comité de Acción Política, que dirige el día a día del partido, “todas las iniciativas de actos reivindicativos que surjan en los distintos lugares del territorio nacional (aportando información sobre los convocantes, motivo, lema y condiciones y precauciones sanitarias del acto), a fin de recabar la autorización para, en su caso, promoverla, apoyarla y/o asistir oficialmente”. Es decir, Vox no apoyará ninguna movilización que no sea aprobada por su dirección nacional.

En pleno confinamiento, el partido ultra jaleó las caceroladas contra el Gobierno que surgieron en algunas ciudades y el pasado 23 de mayo convocó marchas motorizadas por el centro de las capitales de provincia. Aunque dijo que aquella convocatoria sería el punto de arranque de las protestas, no ha vuelto a sacar a sus seguidores a la calle.

Su objetivo es hacerlo en septiembre, al socaire de los graves problemas sociales y económicos generados por la pandemia y como espaldarazo a la moción de censura anunciada por Abascal en el Congreso el 29 de julio.

Vox ya ha apoyado en las últimas semanas algunas movilizaciones, como las de vecinos de Sant Joan Despí (Barcelona) que culpaban a los okupas del aumento de los robos. El alcalde, Antoni Poveda (PSC), denunció la presencia en las manifestaciones de personas ajenas a la localidad “con clara actitud provocadora”.

No obstante, buena parte de la nota de la dirección de Vox a sus cargos públicos se dedica a rebatir la idea de que la moción de censura tiene como verdadero objetivo debilitar al líder del Partido Popular. “Esto es una moción únicamente dirigida contra el Gobierno criminal, sin pensar en ningún otro partido”, sostiene, antes de denunciar a “los grupos políticos y medios clientelares que afirman que es una moción contra [Pablo] Casado”.

Para intentar demostrar que no responde a una táctica partidista, la nota insiste en que su líder no “tiene el mínimo interés en liderar un nuevo Gobierno” y estaría dispuesto a dejar el puesto a otro candidato.

Este es el dilema de Vox: si presenta a un “profesional de prestigio”, que pueda “suscitar consensos”, en palabras de su diputado por Barcelona Ignacio Garriga, u opta por su propio líder. Al final, nada garantiza que otro candidato recabe más votos de los que ya tiene el propio Abascal, quien renunciaría a su minuto de gloria.

Aunque Vox sabe que Casado no va a cambiar de opinión (rechazó la moción desde el primer minuto), cuenta con que la presión de la calle ponga contra las cuerdas a muchos diputados del PP, forzados a elegir entre la disciplina de partido y una iniciativa que se presenta dirigida a derribar al Gobierno “social-comunista” y convocar nuevas elecciones.

En todo caso, las elecciones en las que pensaban los dirigentes de Vox cuando presentaron la moción no eran las generales, sino las catalanas. La intención de que se debata en la segunda mitad de septiembre no es casual: el día 17 está prevista la vista en el Supremo de la causa por la inhabilitación del presidente catalán Quim Torra, en la que Vox ejerce de acusación popular. El partido ultra está convencido de que Torra será inhabilitado y de que el fallo provocará una nueva escalada de la tensión y un adelanto electoral en Cataluña.

Por eso, ha dado un paso insólito: nominar a Ignacio Garriga como candidato a la Presidencia de la Generalitat. No se trata solo de que las elecciones no estén convocadas, sino de que Vox nunca ha presentado candidato a presidir una autonomía. No lo hizo en Galicia o el País Vasco y no lo ha hecho en ningún otro sitio, ya que es partidario de abolir las comunidades autónomas. Ahora, sin embargo, prima el interés electoral: el escaño logrado en el Parlamento Vasco ha convencido a Abascal de que puede tener un hueco en las nacionalidades históricas y disputar al PP y Ciudadanos el voto españolista.

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