Martínez-Almeida, un desconocido encumbrado por la gestión de la pandemia

José Luis Martínez-Almeida, en una imagen de archivo.
José Luis Martínez-Almeida, en una imagen de archivo.Chema Moya / EFE

El día que Pablo Casado presentó a José Luis Martínez Almeida como candidato del PP a la alcaldía de Madrid, en enero de 2019, recitó a Shakespeare: “We few, we happy few, we band of brothers [Nosotros los pocos, los pocos felices, nosotros, banda de hermanos]”. El líder apostaba por compactar al partido alrededor de un grupo reducido de leales —”con las cosas claras”, dijo—. Esta idea fue contestada inmediatamente con un artículo en El Mundo. “We few”, era el título. Su tesis: pese a los esfuerzos de Casado, “Vox enterrará al PP”. Año y medio después, Cayetana Álvarez de Toledo, autora de aquel escrito, ha sido cesada como portavoz popular en el Congreso —puesto para el que la nombró Casado hace un año—, mientras que Martínez-Almeida ha ascendido a portavoz nacional desde la alcaldía de Madrid. Señal de que en el PP de Casado no se admiten discursos alternativos al del presidente.

Un político popular de la confianza de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso interpreta así la elección de Martínez-Almeida: “Se habla de su moderación, de su capacidad de gestión, y de una cuestión generacional, porque es uno de los rostros nuevos del PP”. Esta fuente aporta otra clave para el nombramiento: “Como partido municipalista que es el PP, es muy importante que los alcaldes puedan tener esa visibilidad”. Bajo esta idea subyace el conflicto abierto entre los Ayuntamientos y el Gobierno central a cuenta del uso de sus remanentes de tesorería. “En la crisis ha demostrado criterio”, añade. “Es un rostro que se corresponde con una etapa nueva, la de Casado”.

Y sin embargo, Martínez-Almeida (Madrid, 45 años) ya llevaba muchos años en el PP cuando el actual líder de la formación se impuso en las primarias del verano de 2018. Abogado del Estado, fue director general de Patrimonio Histórico de la Comunidad entre 2007 y 2011. También fue secretario del Consejo de Gobierno presidido por Esperanza Aguirre. Y fue con ella, precisamente, con quien dio el salto a la política municipal, en 2015. Cuatro años después, y tras ser elegido candidato casi por descarte, Martínez-Almeida alcanzó el bastón de mando en el Ayuntamiento con el peor resultado de la historia del PP (15 ediles), y apoyándose en los votos de Cs y Vox. Hoy, su partido le describe como “el alcalde de España”.

La transformación ha sido radical. Martínez-Almeida llegó a la candidatura como un desconocido para el gran público: hoy es el político del Ayuntamiento más conocido por los madrileños (96,6%), según un sondeo de Sigma Dos para Telemadrid publicado en junio. Alcanzó el poder tras perder los comicios: hoy ganaría las elecciones, según ese estudio demoscópico, que refleja que es el político municipal mejor valorado por los madrileños, con un 6,43 sobre 10.

¿Qué ha pasado? La pandemia. El prestigio del alcalde ha crecido al mismo ritmo que la crisis. Mientras Díaz Ayuso chocaba una y otra vez con la oposición, despreciando su oferta de acordar medidas que faciliten la recuperación económica (“yo no pacto con el desastre”, dijo), Martínez Almeida estampaba su rúbrica en los Pactos de Cibeles con los representantes de Cs, Vox, Más Madrid y PSOE “para salvar la ciudad”. Nunca ha puesto paños calientes: fue el primero en advertir de que la posibilidad del confinamiento de la capital era cierta. Y hasta bien avanzada la pandemia, evitó criticar al Gobierno central, y abogó por la colaboración.

Todo eso ha permitido a Martínez-Almeida dibujar un perfil moderado que incluso ha chocado con la agresividad con la que Casado se empleaba con el Gobierno de Pedro Sánchez. Según sus críticos, esa supuesta imagen templada surge solamente del contraste con las polémicas que protagoniza Díaz Ayuso, y realmente no se compadece ni con su trayectoria (en el aguirrismo) ni con sus apoyos (gobierna con Vox).

Como dijo Álvarez de Toledo en su despedida: “Paso por ser la adalid de Vox, cuando pocas personas del PP han escrito páginas más duras contra Vox que yo. Y también lo saben dirigentes del PP que gobiernan con el apoyo de Vox pero se les considera moderados. Es una de esas paradojas de la política española.

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