Más allá de la covid-19: un nuevo desafío para las niñas en crisis

La pandemia de la covid-19 está generando nuevos peligros para las niñas y las mujeres, especialmente para millones de refugiadas y desplazadas internas que viven en los contextos más complejos. Sabemos por nuestra experiencia en ayuda humanitaria que, durante cualquier crisis, las adolescentes son las más vulnerables: están más expuestas a sufrir todo tipo de violencia, carecen de libertad de movimiento, están sometidas a un control estricto y tienen un acceso limitado a la escuela, a sus amistades y a los servicios sanitarios. Las niñas tienen una autonomía muy limitada sobre sus vidas y, en comparación con los niños, es menos probable que tengan cubiertas sus necesidades básicas.

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A pesar de todas las evidencias existentes, estamos viendo que, como en tantas otras crisis, esta pandemia se está llevando por delante los derechos y oportunidades de futuro de aquellas que viven en las comunidades más vulnerables. Por eso, desde el sector de ayuda humanitaria tenemos el compromiso de mejorar nuestras intervenciones para empoderar a las niñas y adolescentes en crisis y no dar ni un paso atrás.

Por nuestras acciones de asistencia, respuesta y ayuda humanitaria en todo el mundo, sabemos que las adolescentes tienen la voluntad de ayudar a sus comunidades y cuentan con las habilidades para hacerlo, y así lo han demostrado. Lo vimos en el 2014, durante la respuesta al ébola, cuando las jóvenes tomaron el mando de las radios locales para promover la participación comunitaria; y en Filipinas, tras el ciclón Haiyán, donde varias chicas ejercieron como reporteras de medios locales. Más recientemente, desde que estallara la pandemia de la covid-19, las adolescentes de países como Líbano y Jordania están aportando sus recomendaciones a organizaciones como la nuestra, lo que nos revela que, sin duda, las respuestas humanitarias pasan por empoderarlas, no solo para mejorar sus vidas, sino también las de sus comunidades.

Sabemos además que, en muchas crisis, la pobreza de las familias y la desigualdad hacen que estén más expuestas a los matrimonios infantiles, los embarazos precoces y la explotación sexual. Por ejemplo, en la región de África del sur y en el Sahel se está registrando un gran incremento de los matrimonios infantiles por la pandemia de la covid-19, algo que generalmente ocurre durante las épocas de sequía.

Estos riesgos específicos por razón de género, que desembocan en violaciones de sus derechos con consecuencias de por vida, exigen un apoyo urgente para proteger a las adolescentes y nos obligan a realizar una labor de sensibilización para llegar a las comunidades y los hogares de las chicas invisibles, proporcionándoles protección, salud, educación y apoyo psicosocial durante crisis como la que atravesamos.

Como trabajadores humanitarios, tenemos un compromiso con los millones de niñas y adolescentes que ya se encontraban en una situación muy vulnerable antes de esta crisis

La situación actual nos exige actuar ahora para prevenir las consecuencias a largo plazo, derivadas de la crisis de la covid-19. Esperamos que, impulsando estas prioridades, Plan International y otras organizaciones humanitarias podamos responder mejor a las necesidades de los adolescentes afectados por esta crisis, especialmente de las chicas, y que asumamos nuestras responsabilidades ante ellos durante las emergencias.

Como trabajadores humanitarios, tenemos un compromiso con los millones de niñas y adolescentes que ya se encontraban en una situación muy vulnerable antes de esta crisis y que no pueden ser las olvidadas en esta respuesta. La pandemia ha hecho más profundas las brechas y más grandes las desigualdades, y ahora no podemos permitir que sus consecuencias supongan pasos atrás en sus derechos.

En crisis anteriores hemos visto cómo algunas políticas y restricciones gubernamentales empeoran su situación. En la Sierra Leona posterior a la crisis del ébola, por ejemplo, las adolescentes que se habían quedado embarazadas durante la crisis no fueron readmitidas en la escuela cuando se retomaron las clases, lo que dejó a miles sin preparación para su futuro. Esta prohibición de admisión se ha levantado a principios de este año, después de años de trabajo de los organismos y activistas por los derechos de la infancia en el país.

Por eso, en toda esta labor, debemos influir en los Gobiernos, los encargados de la toma de decisiones y los dirigentes comunitarios, para que apoyen a los niños y niñas vulnerables e inviertan en su futuro antes, durante y después de las crisis porque, si no lo hacemos, vamos a retroceder décadas de progreso en el trabajo por los derechos de la infancia y la igualdad.

Lotte Claessens es especialista en adolescentes en emergencias de Plan International.

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