Niños de primera, cuidados para el VIH de segunda

El VIH no es igual a todas las edades. Los menores de 14 años lo tienen más complicado para ser diagnosticados a tiempo y recibir un tratamiento adecuado, por lo que el virus se cobra la vida de unos 80.000 bebés cada año, la mayoría de ellos en África subsahariana. En noviembre, organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo lanzaron un llamamiento para redoblar el combate contra el VIH infantil. Entonces, llegó la pandemia de covid-19.

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“Muchos de nuestros beneficiarios han perdido el trabajo y se han visto forzados a cerrar sus negocios”, ha explicado la representante de Women Fighting AIDS in Kenya (WOFAK) Jackline Okinyi. “Se están quedando sin dinero para ir a la clínica a buscar los antirretrovirales y para comprar alimentos. Aunque tengan medicamentos, es muy difícil tomarlos sin comida, o sea que podríamos ver un aumento en la interrupción de los tratamientos”. En algunos casos, han informado a los beneficiarios de que sus puntos de recogida de antirretrovirales se trasladaban a otro centro médico, pero todavía esperan a que alguien les llame para especificar cuál.

En África, la covid-19 también está empujando a más mujeres a dar a luz fuera de los centros médicos, de modo que se pierde una oportunidad de oro para detectar los casos de transmisión de madre a hijo. El de Okinyi es uno de los testimonios expuestos durante la Conferencia HIV2020, que este año se celebra de forma virtual a lo largo de cuatro meses bajo el lema “Comunidades recuperando la respuesta global”. Para WOFAK y docenas de organizaciones de la sociedad civil, una parte importante de la respuesta al VIH infantil pasa por el trabajo con las comunidades, especialmente, en el contexto de la pandemia de coronavirus.

El trabajo de las entidades, que suelen contar con el liderazgo de personas seropositivas, empieza por la defensa de los derechos de los niños con VIH: frente a los gobiernos, que deben implementar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS); a los grandes financiadores internacionales como los EE UU, que deben apoyar a los países con menos recursos; y a las organizaciones internacionales como ONUSIDA, que ha empezado a elaborar su nueva estrategia para orientar la lucha global contra la pandemia. “Ahora es el momento de hablar con los representantes de ONUSIDA en los diversos países para garantizar que la infancia recibe la atención que merece”, ha recomendado Catherine Connor, vicepresidenta de Política Pública en la Elizabeth Glaser Pediatric AIDS Foundation (EGPAF).

Mejores pruebas y medicamentos

En el mundo hay unos 38 millones de personas que viven con VIH, incluyendo 1,8 millones de niños. La llamada a la acción lanzada por las entidades a finales de 2019, conocida como Declaración de Kigali, recuerda que solo un 54% de los menores de cero a 14 años está en tratamiento y que apenas la mitad de los neonatos expuestos al virus acceden a una prueba de diagnóstico rápido en los dos primeros meses de vida. De los que sí pasan la prueba, solo un 19% la recibe en el plazo de un mes recomendado por la OMS. Muchos, no la recibirán nunca. Y luego está la transmisión madre-hijo, que se ha estancado en un 12,7% a nivel global. “A menudo, no se realiza ninguna intervención para prevenir y detectar el VIH ni durante embarazo ni la lactancia”, señala la fundadora de The Lean on Me Foundation en Maurice Murenga, con una larga trayectoria apoyando niños y adolescentes con VIH en Kenia.

En el mundo hay unos 38 millones de personas que viven con VIH, incluyendo 1,8 millones de niños

Otra reivindicación es el acceso a antirretrovirales efectivos, asequibles y adaptados a las necesidades de los niños. A pesar del estancamiento actual, la caída de la transmisión madre-hijo se considera uno de los hitos de la respuesta global contra el VIH y en países de altos ingresos apenas se registran casos. Paradojalmente, este éxito ha desincentivado el desarrollo de medicamentos adaptados al público infantil porque el mercado es demasiado pequeño. En la actualidad, la combinación de fármacos más utilizada para niños pequeños es un jarabe amargo, que contiene un 40% de alcohol y debe conservarse en frío. En el África rural, las neveras son un bien escaso y las familias llegan a enterrarlo en la arena para mantenerlo fresco, una solución menos que ideal. La alternativa son pastillas que deben tragarse enteras, algo imposible para un bebé.

En este momento hay nuevos medicamentos en diversas fases de desarrollo que podrían transformar el tratamiento del VIH infantil. Productos que saben bien, se pueden mezclar con zumos o cereales y no necesitan refrigeración. “Los países deberían empezar a planificar ya mismo la introducción rápida de estos regímenes mejorados”, ha señalado Murenga, quien también ha remarcado la importancia de los servicios de salud gestionados por las comunidades.

En los lugares más recónditos del mundo, las organizaciones y trabajadores de salud voluntarios juegan un papel clave a la hora de formar e informar a la población sobre como prevenir y tratar el VIH. Ayudan a identificar nuevos casos de VIH entre madres y niños, incluyendo los que están naciendo ahora en casa durante la pandemia de covid-19; conectan a las personas con los centros de salud y las acompañan durante el tratamiento, salvando así muchas vidas que de otro modo se habrían perdido.

“Los niños que viven con VIH siguen recibiendo unos cuidados de segunda clase”, ha afirmado Maureen Milanga de Health Global Access Project. Las organizaciones reunidas en HIV2020 se han comprometido a seguir trabajando, desde los poblados hasta los foros internacionales, para que la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del VIH sean de primera para todo el mundo.

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