El BCE desconfía de la recuperación y mantiene lista toda su artillería contra la crisis

Christine Lagarde, presidenta del BCE.
Christine Lagarde, presidenta del BCE.AFP

El Banco Central Europeo (BCE) se mantiene al pie del cañón para paliar los daños económicos de la pandemia, a juzgar por las actas publicadas este jueves de la última reunión del Consejo de Gobierno del emisor, celebrada en Fráncfort el 15 y 16 de julio. El organismo presidido por Christine Lagarde constató una ligera mejoría económica en la zona euro tras el final del confinamiento, pero la mayoría de los gobernadores de los bancos centrales coincidieron en que la situación es aún muy frágil y domina la incertidumbre sobre la evolución de los próximos meses.

El documento se hace eco de un tímido intento de algunos gobernadores por aferrarse a los indicadores menos negativos para acotar el programa de emergencia de compra de deuda puesto en marcha por el BCE a raíz de la pandemia (el llamado PEPP) e intentar, en la medida de lo posible, no agotar los 1,35 billones de euros previstos. Pero la opinión mayoritaria del sanedrín monetario fue que “salvo que se produzca alguna sorpresa positiva en el medio plazo en cuanto a la perspectiva de la inflación, la premisa actual es que la partida del PEPP debería usarse por completo”.

El análisis presentado en la reunión por el economista jefe del BCE, Philip Lane, augura un empeoramiento de la tasa de desempleo, que aumentará en otoño y no tocará techo hasta 2021, más tarde de lo esperado hasta ahora. Las condiciones de financiación, que según el BCE ya se han endurecido para los hogares, se complicarán también para las empresas en los próximos meses, ante el riesgo de que aumente la morosidad. Y durante la reunión se invocó el riesgo de un peligroso bucle entre la crisis de la economía real y la potencial del sector bancario, lo que podría derivar en una temible crisis financiera.

“La situación continúa siendo frágil y los riesgos son todavía a la baja”, señalan las actas del encuentro. Lane advirtió que “aunque la actividad económica estaba ganando fuerza, no había motivo para la complacencia”. Y el economista jefe recordó que “el alcance de parálisis económica fue extremadamente alto, la incertidumbre sigue siendo elevada y el sentimiento del mercado era excepcionalmente frágil”.

El BCE acordó en la reunión mantener intactos los tipos de interés y dejar claro al mercado que permanecerán ahí hasta que no se vislumbre de manera fehaciente que la inflación se aproximará al 2%. Sus últimos datos indican que ese nivel de inflación tardará mucho en llegar (sobre todo, tras la rebaja del IVA en Alemania). Las expectativas a medio plazo sitúan la inflación en el 1,3% en 2022. Y a más largo plazo, no rebasaría el 1,6% hasta 2025.

El organismo también acordó dejar claro que los programas de compra de deuda PEPP seguirá en vigor tanto tiempo como tarde en superarse la crisis de la pandemia y, al menos, hasta junio de 2021. Además, el BCE se reafirmó en su acuerdo de junio de reinvertir los pagos que se produzcan en ese programa al menos hasta finales de 2022.

El análisis económico del BCE detecta al menos tres factores que pueden poner en entredicho la recuperación y que podrían obligarle a mantener o ampliar su batería de medidas contra la crisis. En primer lugar, el rebrote de la covid-19 en algunas grandes economías, lo que podría tener “un impacto en la demanda exterior para las exportaciones de la zona euro”. En segundo lugar, una posible recaída del consumo interno y aumento del ahorro preventivo de los hogares dada la esperada escalada del desempleo. Y por último, una ralentización de la inversión empresarial a la vista de la incertidumbre sobre la evolución de la pandemia y de la situación económica.

Los halcones del grupo (a los que se suele identificar con los gobernadores de los bancos centrales de Alemania, Países Bajos y Austria) subrayaron que el deterioro de la situación en la zona euro en el segundo trimestre fue menos dramática de lo temido. Pero otros miembros del Consejo alertaron sobre el riesgo de interpretar un “rebote técnico” después de un largo periodo de confinamiento como una señal de recuperación potente y sostenible.

El Consejo de Gobierno abogó, en cambio, por “una respuesta fiscal ambiciosa y coordinada”, una posición que Lagarde dejó clara durante la rueda de prensa posterior al encuentro y que contribuyó al acuerdo sobre el fondo de recuperación de 750.000 millones de euros logrado en la cumbre europea de unos días después.

Los gobernadores del BCE ya dieron “una gran bienvenida” a la propuesta de la Comisión, que apuntaba a distribuir el fondo entre medio billón de euros para subsidios y un cuarto de billón de euros para préstamos. El pacto de los 27 países de la UE dejó el reparto en 390.000 millones para subsidios y 360.000 millones para créditos, pero la fórmula fue considerada muy satisfactoria por Lagarde.

Ya antes del acuerdo, Fráncfort constataba que “la respuesta de la zona euro, con la política monetaria y la fiscal complementándose una a otra, ha logrado suavizar las condiciones financieras y restaurar la confianza en la recuperación de la economía de la zona euro”, según el análisis de la coyuntura presentado durante la reunión por Isabel Schnabel, miembro del comité ejecutivo del BCE.

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