No escriban la crónica antes de la final

Hace tiempo que al fútbol alemán dejamos de representarlo como una máquina. El tópico nos ponía siempre ante un equipo con un funcionamiento eficaz, aunque frío y previsible como una cadena de montaje. Pero si algo define a este Bayern que llegó a la final de la Champions dando un paseo (ganó todos los partidos con un promedio de más de cuatro goles), es la pasión. Máquina, sí, por la insistencia con la que taladra, gana y golea, pero con corazón. Como el esfuerzo no se negocia, los veteranos …

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