Adam Ondra triunfa en el regreso de la escalada

Jan Virt / Photo: Jan Virt

La escalada deportiva es una actividad no competitiva y los más puristas criticaron durante años el calificativo que reducía a un simple deporte algo que sentían como una forma de vida. Pero si nadie lleva dorsal para escalar al aire libre, es decir, en escenarios de roca, la escalada de competición vive momentos de esplendor espoleados por su próximo estreno en unos Juegos. Habían pasado 170 días desde el último certamen competitivo internacional, los Juegos Panamericanos de Los Ángeles, y con el fútbol, el baloncesto o el ciclismo, de regreso a las pantallas nadie parecía dispuesto a organizar una cita de la Copa del Mundo de escalada. Hasta que la ciudad francesa de Briançon, tierra de escaladores, asumió el reto.

La Federación Internacional de Escalada no tardó en comprobar, anonadada, un incremento del 38% en las peticiones para retransmitir por televisión, incluso en Estados Unidos, la cita del morbo: los dos mejores escaladores del presente siglo, cara a cara. El alemán Alex Megos y el checo Adam Ondra, ambos de 27 años, son los únicos que han alcanzado en la roca el máximo grado de dificultad: 9 c. Difícil decidir quién es mejor, principalmente porque ambos escogieron rutas que se adaptan a sus puntos fuertes como escaladores. Si Ondra alcanzó en 2017 el hito del 9 c, Megos le robó el privilegio de encadenar el primer 9 a, a vista, de la historia. Nada como una competición en una estructura artificial para dirimir quién es el más fuerte del momento con la presión del público (5.000 asistentes, todos con sus mascarillas y manteniendo la obligada distancia ante la atenta mirada de las autoridades), con las mismas presas para todos, el mismo tiempo para completar la vía…

En las semifinales del viernes, Ondra demostró un estado de forma insultante, hecho que ratificó en la final. Megos, menos acertado el viernes, cometió el sábado un error impropio de su talento, dudó, resbaló y cayó mucho antes de lo esperado con la cuerda enganchada en una de sus piernas, señal de que no esperaba errar en ese punto. Ondra, en cambio, fue el único en alcanzar el final de la vía, sin errores y con un repertorio gestual impresionante avalado por su flexibilidad, su técnica y su enorme fuerza. Allí donde Megos dejó una duda, Ondra sembró certezas.

Por su parte, Alberto Ginés, el único escalador español clasificado para los Juegos, no tuvo unas semifinales acertadas y quedó el viernes lejos del corte que daba acceso a la final. Todos sus esfuerzos siguen centrados en arrancar una medalla en la cita olímpica. En la cita femenina, la italiana de 19 años Laura Rogora aprovechó su excepcional momento de forma (acaba de firmar el segundo 9 b femenino de la historia) para firmar el primer podio absoluto de su carrera al imponerse a la eslovena Janja Garnbret.

Puede que esta sea la única prueba de la Copa del Mundo que se celebre en 2020, motivo por el que no se repartieron puntos en una temporada marcada por la pandemia que ha borrado de un plumazo un calendario de normal generoso. Ondra ha manifestado en repetidas ocasiones la importancia que concede a la cita olímpica, un sueño que no esperó vivir y del que no desea despertar sin una medalla de oro colgada del cuello. Si Megos ha combinado los entrenamientos con salidas a la roca para completar recientemente el segundo 9 c de la historia, la vía Bibliographie de la escuela francesa de Céüse, Ondra sigue centrado en mantener su mejor forma de cara a los Juegos de Japón en 2021. Y cuando pasen los Juegos, la comunidad escaladora aguarda impaciente la posibilidad de que Ondra y Megos cambien sus cromos favoritos y se decidan a probar las dos propuestas de 9 c que ellos mismos lanzaron y que necesitan confirmación. De momento, nadie más parece capaz de asumir el reto.

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