Iglesias y Montero denuncian dos nuevos actos de acoso contra su familia

El vicepresidente Pablo Iglesias y la ministra Irene Montero, en el Congreso de los Diputados.
El vicepresidente Pablo Iglesias y la ministra Irene Montero, en el Congreso de los Diputados.Juan Carlos Hidalgo

Pablo Iglesias e Irene Montero han presentado ante la comisaría de la Policía Nacional del Congreso dos nuevas denuncias por actos de “odio” y “acoso” contra su familia. Según consta en ambos escritos, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, la pareja relata dos de los últimos incidentes que enmarcan en la campaña de hostigamiento que sufren desde hace meses en su domicilio de Galapagar (Madrid) y que, en su opinión, está organizada por miembros de la extrema derecha.

En este caso, la primera denuncia subraya que el pasado 22 de agosto, sobre las tres de la madrugada, un grupo de cuatro personas se acercó hasta el muro exterior de su vivienda y, tras proferir insultos y “comentarios soeces” contra el vicepresidente, arrojaron distintos objetos contra el interior del inmueble. Según añade el escrito, ninguno de los miembros de la Policía Nacional encargado de la vigilancia de la casa ni la Guardia Civil, a quien compete en esta zona las cuestiones de orden público, pudo interceptar e identificar a estas personas.

La segunda denuncia, por su parte, detalla que el 18 de agosto dos usuarios de Twitter amenazaron a sus tres hijos con manifestaciones que “claramente incitan al odio y a la violencia”. Iglesias y Montero aportan las capturas de pantalla, donde uno de los perfiles afirma: “Me pregunto a qué colegio pretenderán llevar el coleta e Irene a sus hijos porque van a ser carne de colleja”. A lo que responde una segunda persona: “Cuando lo anuncien, llevaré a mis hijos a ese colegio para que les inflen a hostias”. “Ambos tuits tuvieron muchísima repercusión, llegando a ser retuiteados por miles de personas”, apuntan el vicepresidente y la ministra.

La pareja ha denunciado que lleva meses sufriendo un continuo “acoso” en su domicilio, con concentraciones diarias que “no son una protesta política”, sino una muestra “de animadversión personal y de odio” que provoca una “grave alteración de su vida cotidiana” —y la de sus tres hijos menores— y que presentan una “perseverancia en el tiempo”. Además, según añadieron, tuvieron que suspender sus vacaciones hace unos días en Asturias tras aparecer pintadas contra ellos, mensajes en las redes sociales donde se revelaba la casa donde se alojaban y presiones incluso a un restaurante que les sirvió comida. Todo ello, en su opinión, forma parte de una campaña orquestada por la extrema derecha.

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