PNV y PSE ultiman su acuerdo para gobernar en Euskadi

Idoia Mendia y Miguel Ángel Morales, del PSE (a la izquierda), al inicio de las negociaciones con los representantes del PNV Iñigo Urkullu, Andoni Ortuzar y Joseba Aurrekoetxea.
Idoia Mendia y Miguel Ángel Morales, del PSE (a la izquierda), al inicio de las negociaciones con los representantes del PNV Iñigo Urkullu, Andoni Ortuzar y Joseba Aurrekoetxea.EAJ-PNV

PNV y PSE acaban de entrar en la semana definitiva. Una vez fundidos sus programas electorales en uno, las dos formaciones trabajan a contrarreloj para limar los desacuerdos que puedan producirse a lo largo de la legislatura, sobre todo en temas como el nuevo Estatuto y la negociación de las transferencias pendientes. A falta de decidir si la secretaria general del PSE, Idoia Mendia entrará en el Ejecutivo, el próximo viernes es el último día para presentar candidaturas a lehendakari y los partidos necesitan 24 o 48 horas más para que lo aprueben sus órganos ejecutivos. El jueves 3 de septiembre será la investidura del Iñigo Urkullu y el día 5 jurará su cargo en la Casa de Juntas, ante el Árbol de Gernika.

Los desacuerdos están siendo más complejos que los acuerdos. PNV y PSE pactaron con bastante celeridad la acción del Gobierno para los próximos cuatro años en torno al empleo y las ayudas a todos los sectores que están sufriendo con la pandemia, aunque no ha trascendido si Empleo y Trabajo van a seguir como departamentos separados, el primero en manos del PNV y el segundo en manos del PSE, o si se van a fundir en una sola consejería. Lo que sí está claro es que esa será prioridad. “Va a ser una legislatura marcada por lo social”, coinciden ambas delegaciones, con unos objetivos claros: Reforzar la sanidad pública y el modelo de las residencias, y devolver la tasa de paro a porcentajes inferiores al 10%, como ya se había encarrilado en febrero de este mismo año, antes de que la covid-19 dejara la economía al borde del coma.

Pero a la hora de redactar un acuerdo que sujete a ambas formaciones, el desarrollo del nuevo Estatuto de Gernika sigue siendo la principal preocupación. La clave vuelve a ser que ambos partidos se comprometan a que cualquier avance en esa materia se produzca siempre dentro del marco legal. El lehendakari, Iñigo Urkullu tuvo que recordar varias veces durante el debate en la ponencia de Autogobierno y durante la redacción posterior de los expertos que era preferible un ejercicio de realismo político para ampliar en marco estatutario dentro de los límites que establecen el Estatuto y la Constitución que arriesgarse al fracaso de su actualización intentando superarlos.

Los dos partidos trabajan en una redacción que, dando libertad a las aspiraciones de cada formación, encarrile las eventuales tensiones y diferencias que puedan producirse a la hora de reactivar la ponencia de Autogobierno. En la pasada legislatura las diferencias se produjeron entre el acuerdo inicial en las bases del nuevo Estatuto entre el PNV y EH Bildu, en temas como el derecho a decidir y su ejercicio pactado o la separación de vascos entre residentes y nacionalizados. La redacción posterior del articulado entre los expertos de los partidos, produjo un mayor acercamiento en temas sociales entre el PNV, el PSE y Elkarrekin Podemos, y un distanciamiento entre el PNV y EH Bildu, aunque todavía hay discrepancias sobre la evolución que va a tener el texto definitivo. El acuerdo de Gobierno que firmaron en 2016, en el límite de los plazos para hacerlo, tenía 80 páginas, garantizaba la estabilidad del Gobierno más allá de las discrepancias y dejaba libertad a los socios de gobierno siempre que la acción política no desbordara la legalidad.

Otro de los focos está en la negociación de las transferencias pendientes. Ambos partidos trabajan en la posibilidad de dar cabida en la representación del Gobierno vasco en la Comisión Mixta de Transferencias y en las delegaciones negociadoras, a miembros de las consejerías afectadas en la competencia que se negocia. El calendario de transferencias ya está pactado con el Gobierno de Pedro Sánchez ―las tres primeras se cerrarán este mismo mes de septiembre― pero a partir de ahí las dos administraciones tienen que afrontar las negociaciones para las más complicadas como la Gestión Económica de la Seguridad Social que afecta a varias consejerías, o la de Prisiones.

Una vez cerrados los capítulos programáticos, PNV y PSE empiezan a hablar ya del reparto del poder y cada partido elegirá a quienes estarán al frente de cada departamento, aunque no se esperan grandes cambios y posiblemente el PSE-EE seguirá teniendo tres carteras frente a ocho el PNV ―nueve con la presidencia―. Si hasta ahora los socialistas gestionaban las carteras de Turismo Comercio y Consumo, Vivienda y Medio Ambiente, y una tercera de Trabajo y Justicia, con un impacto en el gasto muy inferior, el hecho de que el PSE-EE aporte esta vez la mayoría absoluta al PNV ―en la anterior legislatura se quedaron a un escaño― hace pensar que dispondrán de una estructura algo reforzada. De eso, y de que los partidos se pongan de acuerdo en dotar a la nueva estructura del Gobierno vasco de dos vicepresidencias, dependerá que la secretaria general de los socialistas vascos, Idoia Mendia, acabe por decidirse a entrar en el Gobierno. Ganará visibilidad para rentabilizar la acción de los socialistas en el Ejecutivo, como le recuerdan algunos compañeros, pero perderá autonomía para la crítica política, como le recuerdan otros.

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