Sin censo, no hay conocimiento ni cura para el coronavirus en África

En los Estados miembros de la Unión Africana se han confirmado cientos de miles de casos de coronavirus. A fin de mitigar la propagación del patógeno y el lastre que supone para la salud en África y en todo el mundo, los países tienen que implementar intervenciones basadas en pruebas empíricas.

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Entender qué factores determinan el brote es crucial para las medidas de contención. Los demógrafos están elaborando modelos para entender la manera en que las diferencias de estructura de edad de la población y composición por edad de los casos confirmados pueden explicar las variaciones en la propagación del virus y en su tasa de letalidad.

Los descubrimientos de estos y otros estudios muestran que factores demográficos como la edad, el sexo y otras variables socioeconómicas pueden explicar quién está más expuesto y es más vulnerable al virus.

Por ejemplo, diversos estudios publicados en JAMA Internal Medicine y The Lancet indican que la mortalidad causada por el nuevo coronavirus se asocia con los grupos de más edad, en parte debido a la debilidad de la repuesta inmune de las personas de edad avanzada. También se ha publicado que, en Italia, la tasa de letalidad aumentaba a la par que se producían cambios en la composición por edad de los casos confirmados.

Sin embargo, la estructura de edad de la población africana es diferente de las de Europa y Norteamérica. Según datos del Banco Mundial, en 2019 alrededor del 42% de la población de África subsahariana tenía menos de 15 años. Este grupo representaba tan solo alrededor del 15% de la población de la Unión Europea. Necesitamos saber si la composición de la población africana puede tener como consecuencia unos efectos de la pandemia distintos de los observados en otros lugares.

Necesitamos saber si la composición de la población africana puede tener como consecuencia unos efectos de la pandemia distintos de los observados en otros lugares

Hasta ahora, las estadísticas han indicado que la mayoría de los casos sometidos a prueba y confirmados en la zona se registran en los grupos más jóvenes. En eSwatini, Malaui, Nigeria y Sudáfrica, la mayoría de casos confirmados corresponden a personas de entre 30 y 40 años.

No obstante, basándonos en los escasos datos disponibles hasta el momento, parece que también puede haber diferencias importantes entre países africanos. Por ejemplo, en Sudáfrica un porcentaje significativo de las personas a las que se les han realizado pruebas con resultado positivo son mujeres, mientras que en Nigeria predominan los hombres.

Aunque los grupos más jóvenes tienen la ventaja de que su riesgo de morir por el coronavirus es más bajo, se sospecha que el lastre de las enfermedades crónicas y no transmisibles en la zona pueda ser una de las causas de un patrón de mortalidad diferente en los países africanos. Los datos disponibles para Sudáfrica (a 1 de julio de 2020) indican que alrededor de la mitad de las muertes por coronavirus confirmadas en el país corresponden a personas de entre 50 y 69 años.

En nuestra condición de demógrafos que han estudiado las dinámicas de población y los determinantes sociales de la salud en varios contextos africanos, nos preocupa que la inconsistencia en la recogida y el cotejo de los datos puedan dificultar la adopción de soluciones a medida para las poblaciones específicas. Y, lo que es más importante, saber quién es más vulnerable al virus permitirá a los responsables políticos asignar mejor los recursos sanitarios a quienes más lo necesitan.

Los datos son poco detallados y coherentes

Los gobiernos de varios países africanos han publicado recuentos de casos confirmados, recuperaciones y muertes relacionados con la covid-19 sin distinguir por edad y sexo. Esta información podría ayudarles a tomar decisiones más eficaces relacionadas con la pandemia y con futuros brotes, como se ha hecho en varios países desarrollados. Por ejemplo, en la Unión Europea se han utilizado como referencia para confinar a los adultos de más edad y a las personas vulnerables.

También hace falta información normalizada sobre la edad de los casos confirmados, de manera que se puedan comparar a escala internacional. Sin embargo, en los países africanos en los que se dispone de información sobre el sexo y la edad de los casos confirmados, a menudo se presenta de maneras totalmente distintas que impiden la comparación precisa con la de otros países.

Por ejemplo, los datos de edad se suelen presentar por grupos de uno, cinco (por ejemplo, entre 0 y 4) y 10 años (por ejemplo, entre 10 y 19). En cambio, la composición por edad de los casos confirmados, por citar una variable, en Nigeria se presenta en grupos de menos de 11 años, entre 11 y 20, y así sucesivamente. Los datos de Etiopía se refieren a intervalos de edad muy amplios, como por ejemplo, entre 1 y 80 años.

En muchos países africanos la ausencia de estadísticas completas y de calidad sobre la causa de la muerte, constituye una limitación enorme

Además, en muchos países africanos la ausencia de registros civiles y estadísticas vitales completas y de calidad, en particular sobre la causa de la muerte, constituye una limitación enorme en lo que a datos se refiere. La pandemia también ha puesto de manifiesto estas debilidades. Mientras que muchos países de renta alta pueden cuantificar como mínimo el número real de muertos por coronavirus, un buen número de países africanos no pueden hacerlo, en parte debido a la falta de datos completos sobre el registro de defunciones.

Qué hay que hacer

A corto plazo, los departamentos competentes de los ministerios de los países africanos deben asegurarse de que la recogida de datos normalizada y detallada forma parte de los planes nacionales relacionados con la covid-19. De este modo se conseguiría mejorar los resultados para la población. Esta información debería ponerse a disposición pública, de manera que los investigadores pudiesen generar nuevos conocimientos sobre la pandemia.

A largo plazo, los países tienen que recoger datos estadísticos sobre población de manera periódica y detallada. En ellos se deben incluir fenómenos vitales como la mortalidad, la fertilidad y los brotes epidémicos. Seguir posponiendo la mejora de estos sistemas supondrá un freno a investigaciones relevantes en el contexto africano.

Emmanuel Olamijuwon es profesor de la Universidad de Suazilandia. Fidelia A. A. Dake es profesora del Instituto Regional de Estudios de Población de la Universidad de Ghana. Oluwaseyi Dolapo Somefun es becaria posdoctoral de la Universidad del Cabo Occidental.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation Africa. Lea el original.

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