El ‘Ironman’ más viejo del mundo se entrena para volver a competir

De la pared de la casa de Hiromu Inada cuelga un certificado que confirma que es el deportista de Ironman más veterano del mundo, pero este japonés de 87 años quiere seguir venciendo a la edad y entrena en una bicicleta estática para perseguir el objetivo de competir cuando llegue a los 90.

En 2018, días antes de cumplir los 86 años, Inada viajó hasta Kailua-Kona, en Hawái, y estableció una nueva marca para la persona de mayor edad que completaba el campeonato mundial Ironman, un logro inalcanzable para la mayoría de las personas varias décadas más jóvenes que él.

La cancelación de la prueba de este octubre por la crisis de la pandemia de covid-19 no ha mermado las ambiciones del deportista, que mantiene su duro horario de entrenamientos para poder participar en Hawái en 2021.

“Mi objetivo es el próximo mundial de Hawái”, ha asegurado Inada desde su gimansio en Chiba, al este de Tokio. “Participaré en él sin duda alguna, y sin duda alguna quiero romper el récord mundial de edad de nuevo. Es mi objetivo actual y el más importante”. 

La prueba Ironman es una de las pruebas de resistencia más duras y exige que los atletas naden 3,86 kilómetros, recorran en bicicleta 180,25 kilómetros y corran a pie 42,19 kilómetros de maratón. Con su apariencia esbelta y bronceada por las horas de entrenamiento al aire libre, Inada parecería un hombre que ha competido en pruebas de resistencia durante toda su vida, pero en realidad comenzó a practicar deporte después de jubilarse.

Después de trabajar en la cadena de televisión pública japonesa NHK, Inada comenzó a nadar y a correr, y compró su bicicleta a los 69 años. Un año más tarde compitió en su primer triatlón. Poco después murió su mujer y convirtió las pruebas en una obsesión. Con 82, en 2015, participó en la prueba en Hawái, con el objetivo de ser el atleta de mayor edad en completar la prueba a tiempo, pero se quedó corto, por muy poco: tan solo cinco segundos lo dejaron fuera. 

El aliento que recibió de los asistentes a la prueba le dio fuerzas para participar de nuevo al año siguiente y esa vez sí lo logró. Cuenta con un certificado Guiness para demostrarlo. “Hasta entonces, había pensado en dejarlo si me parecía que ya había sido suficiente, pero a partir de aquello lo que tengo en mente es que para nada puedo dejarlo, y que tengo el absoluto deber de competir porque, si no, me sentiré mal por quienes me apoyan”, señala Inada.

El deportista entrena cada día. Se levanta a las cuatro y media de la mañana y a las seis se dirige a la piscina. Para él, el aplazamiento de la prueba al año que viene es una oportunidad para que se calme el dolor que siente en una de las rodillas y también para mejorar su técnica de entrenamiento. “Confío en que pueda probar nuevas cosas para mantenerme en forma”, ha asegurado, para añadir que también espera poder posponer el pico de su forma física hasta las fechas en que se celebra la prueba. “Por eso prefiero pensar que no ha sido malo que la prueba se aplace”.  

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