Messi apuesta por Guardiola

Guardiola le entrega a Messi el Balón de Oro en 2011.
Guardiola le entrega a Messi el Balón de Oro en 2011.EFE

Pasaron cinco años de la última vez que Messi levantó la Champions en Berlín 2015, arropado por Luis Suárez y Neymar, en el equipo que mandaba Luis Enrique y el que todavía dirigía Iniesta. Hay que rebobinar hasta 2011, con Pep Guardiola en el banquillo, para encontrar otra postal del 10 con la Copa de Europa, en Wembley. En las últimas nueve campañas, el argentino solo conquistó dos Ligas de Campeones. Un periodo en el que Cristiano Ronaldo ganó cuatro, todas con el Real Madrid. “A Leo le enferma perder, hace que se quede encerrado en su cuarto y que no quiera ver a nadie”, advierten los que conocen al capitán azulgrana. En definitiva, Messi quiere ganar. Y, para ganar, el rosarino sabe que necesita un equipo. Ninguno mejor colocado que el Manchester City de Guardiola, después de que el PSG descartara su incorporación y el Inter se aferre a una ventaja fiscal —no deportiva— para tentarlo.

El Manchester City ya había trazado un plan de viabilidad para fichar a Leo Messi en 2016. En aquella oportunidad, de la ingeniería financiera se encargó el CEO del City Group, Ferran Soriano, y de la parte futbolística-emocional, Guardiola. Messi, agobiado por la presión fiscal en España, parecía dispuesto a mudarse a Mánchester. Sin embargo, antes del sí definitivo, reculó. El City nunca dejó de pensar en Messi. Pero en Mánchester no iban a mover ficha de nuevo hasta saber si el argentino estaba convencido, esta vez en serio, en dejar Barcelona. No querían otro regate en el último momento. La historia cambió mucho en el Camp Nou en los últimos cuatro años.

Un año después del no al City, Messi recibió su primer golpe en el Barcelona: la salida de Neymar. El grupo azulgrana siempre sospechó que la directiva de Josep Maria Bartomeu no hizo todo lo posible para retener al brasileño, como tampoco lo hicieron para forzar su regreso el pasado verano. La relación entre Bartomeu y Messi nunca fue fluida, la desconfianza reinaba entre el presidente y el capitán. Messi, sin embargo, aceptó firmar su renovación en 2017. Eso sí, se guardó un as: la posibilidad de marcharse gratis unilateralmente del club una vez finalizada la temporada 2019-20.

Messi advirtió en público y en privado sobre la necesidad de que el equipo se refrescara. Insistió en que era importante apostar por la cantera —”para los jugadores de fuera es difícil adaptarse rápido”, analizaba en repetidas ocasiones—, a los que se debían sumar refuerzos de categoría.

El adiós de Valverde

En las últimas tres temporadas, el Barcelona invirtió 789 millones de euros. Con excepción de Lenglet y a la expectativa de lo que hagan De Jong y Griezmann, ninguno se ha consolidado. Del fútbol base solo emergió Ansu Fati, mientras que Riqui Puig es un jugador que aún no ha cuajado y no convence a todos los estamentos del Barcelona

El tiempo ha pasado en el Camp Nou y Messi se ha encontrado sin orejonas y con menos aliados. La salida de Ernesto Valverde irritó al capitán. “El Txingurri y Leo tenían una relación excelente”, aseguran en la Ciudad Deportiva. Entonces, algo también se rompió en el vestuario. Bartomeu se apoyó en una reunión con Piqué, Sergi Roberto y Busquets para despedir a Valverde. Más crispación. Nada se solucionó durante la campaña 2019-2020, en la que Messi repitió en dos oportunidades que el Barcelona no podía aspirar a ganar la Champions. En la segunda hasta Quique Setién se llevó un gruñido. “Lo sé porque llevo años jugando esta competición”, dijo en alusión a la cantidad de partidos que había jugado en Champions (entonces, 142) respecto de los encuentros que había dirigido Setién (uno). El 10 tenía razón: el Barça no estaba a la altura competitiva de la Champions. Lo que no sabía es que se iba a llevar la goleada más dura de su carrera, el 2-8 ante el Bayern.

Y a Messi, como siempre, la derrota lo volvió a irritar. Y en el City lo conocen. La directiva del cuadro de Mánchester tiene actualizada la gestión económica-financiera que necesita hacer para fichar a argentino. Pero no iban a presionar, esperaban un gesto de Messi. Según Catalunya Ràdio, el rosarino tuvo una conversación telefónica con Guardiola. Mientras que el padre del jugador conversó con Ferran Soriano. El Manchester City, al que el TAS dio la razón en su disputa con la UEFA por el fair play financiero, tiene un plan de viabilidad para contratar al 10, cuyo salario en el Barcelona es cercano a los 50 millones de euros netos por temporada.

El City puede tentar al argentino con un doble contrato: por un lado el que firme con el Manchester City para jugar en la Premier; y, por otro, el que suscriba con el City Group (tiene equipos en Japón, Australia, India, Japón, China y Estados Unidos). De esta manera, Soriano puede tentar al 10 con un contrato a largo plazo para jugar en la Premier, pero también para potenciar la marca del grupo en diferentes continentes e incluso pintarle un buen retiro.

El PSG, otra potencia económica, también estaba atento a lo que pasara con Messi en el Barcelona. Sin embargo, el equipo francés, finalista de la última Champions, califica la operación como “financieramente imposible”. El PSG tendría que desprenderse de muchos jugadores para asumir el elevado salario del argentino. Una operación tan inviable que no la contemplan ni siquiera en el caso de que no tuvieran que pagarle nada al Barcelona por un traspaso. El caso del Inter de Milán con Messi siempre se ha movido más en el mundo de los sueños que en el de la realidad.

Ciclo cumplido

Lo que sí está claro es que Messi tiene decidido dejar Barcelona. “No es por Koeman, ni por la salida de Luis Suárez. Ciclo cumplido. Necesitamos nuevos aires”, aseguran las personas cercanas al rosarino. Después de la entrevista del jueves pasado con Koeman, Messi ya tenía decidido su destino. No hay manera de que le coja el teléfono a Bartomeu, mientras que su padre y el presidente no se pueden poner de acuerdo en cuál es la interpretación correcta del contrato y su cláusula liberatoria.

A pesar de que Messi deseaba —y así lo decía públicamente— terminar su carrera en el Camp Nou, adivinaba que la posibilidad de dejar el Barcelona estaba latente. Así se lo había hecho saber al presidente en julio después de que le pidiera a su padre y representante que frenara las negociaciones por un nuevo contrato, que iba a ser a la baja y por dos años (1+1). El capitán tiene la sensación de que durante estos tres años ha mandado varios burofaxes a la directiva, el último, definitivo y literal, el pasado lunes. Estalló el Barça y el City ya tenía preparada la chequera.

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