La OCDE prevé una recuperación gradual y desigual de la economía mundial

Que la palabra “incertidumbre” aparezca 28 veces en un informe de apenas 15 páginas da, probablemente, una idea de lo difícil que es hacer una predicción económica con un shock tan fuerte —sin precedentes, otro término reiterado— como el que ha provocado la crisis del coronavirus. Por eso, en su última revisión de las perspectivas económicas mundiales, la OCDE va con pies de plomo y, aunque mejora levemente las previsiones de crecimiento de este annus horribilis pandémico —que aun así siguen en negativo este año, para el que prevé una contracción mundial del 4,5%—, advierte de que la cosa va para largo y que todavía hay muchos factores (“incertidumbres”) que aún pueden hacer bascular las cosas hacia peor (o mejor).

Según las últimas estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), “durante los próximos 18 meses continuará una recuperación gradual de la economía global, pero a ritmos diferentes”. La economía mundial cerrará 2020 con un retroceso del 4,5%. Para 2021 volverá a un crecimiento sólido del 5%, aunque no será suficiente para regresar a los niveles previos a la crisis y compensar el batacazo de la pandemia.

En lo que a 2020 se refiere, se trata de una mejora de 1,5 puntos porcentuales con respecto al último balance, realizado en junio, cuando en el mejor escenario posible, el que implicaba que no hubiera una segunda oleada de coronavirus que volviera a paralizar la vida y la economía planetarias, se preveía una contracción del 6% (-7,6% si había una segunda oleada de contagios). El crecimiento mundial para 2021 sin embargo se prevé ahora algo menos vigoroso (0,2 puntos menos) que hace tres meses.

También para la eurozona las cosas pintan menos malas en esta nueva revisión, aunque siguen sombrías. La economía de los países de la moneda única se contraerá un 7,9% este 2020 (predijo un recorte del 9,1% en junio), para volver a cifras positivas, con un crecimiento de 5,1% (menor que el 6,5% proyectado tres meses atrás) el año que viene. Al ser un informe intermedio entre los dos grandes anuales, la OCDE no revisa todos los países, por lo que no hay una estimación nueva sobre España, para la que en junio proyectó una contracción de 11,1% este año.

“La caída en el crecimiento global en 2020 es menor de lo esperado, aunque sigue sin tener precedentes en la historia reciente. Pero esto oculta diferencias considerables entre los países, con revisiones al alza en China (para la que ahora se proyecta un crecimiento de 1,8%, frente al -2,6% en junio), Estados Unidos (-3,8%, frente al -7,3% en junio) y Europa, pero con resultados más débiles de lo esperado en India, México (-10,2%, frente a -7,5% en junio) y Sudáfrica”, advierte la OCDE en su informe Coronavirus: vivir con la incertidumbre.

El organismo internacional parte del principio de que no volverá a haber confinamientos generalizados a nivel planetario, aunque Israel, ha decidido esta semana que va a reconfinar durante otras tres semanas a su población, lo que demuestra que no se puede descartar nada. Pese a ello, constata que las medidas reforzadas tras los nuevos repuntes en varios países han hecho ya mella en la recuperación global, que desde junio “ha perdido impulso”, especialmente en muchas economías avanzadas. “Los confinamientos localizados, los cierres de fronteras y nuevas restricciones impuestas en algunos países para combatir nuevos brotes del virus seguramente han contribuido a la reciente moderación de la recuperación en algunos países, como en Australia”, indica el informe.

Por ello, además de las perspectivas centrales, que son de las que parte el organismo para todos sus análisis, la OCDE propone dos escenarios más en función de la evolución de diversos factores. Así, si sigue mejorando la confianza del consumidor y de las empresas o si solo se necesitan medidas de contención “suaves” a partir de ahora, el crecimiento mundial en 2021 podría aumentar otros dos puntos porcentuales, hasta llegar al 7%. Por el contrario, si se mantiene la débil confianza y la incertidumbre se profundiza, o si se intensifican los brotes de covid-19, el PIB mundial podría caer entre dos y tres puntos porcentuales.

Ante tanta incertidumbre, la OCDE tiene algo muy claro: “Hay que mantener las ayudas en materia de política fiscal y monetaria para mantener la confianza y limitar la incertidumbre”. No obstante, advierte, el mantenimiento de un apoyo fiscal fuerte “no debería impedir ajustes necesarios para programas de emergencia clave —incluidos los programas para retener el empleo y medidas de respaldo a los ingresos— para limitar los costes a largo plazo de la crisis y alentar la necesaria redistribución de recursos hacia sectores en expansión”.

De hecho, insiste en la necesidad de lograr un “delicado equilibrio” sobre todo en lo que respecta a las medidas para frenar la pérdida de empleos. Sí, hay que seguir impulsando políticas para evitar un paro masivo, reconoce la OCDE, que estima que, en mayo, los diversos programas establecidos permitieron el mantenimiento de 50 millones de empleos en todos los países de la OCDE, “alrededor de diez veces más que durante la crisis financiera global”. Pero también se debe tener “flexibilidad suficiente para una redistribución necesaria entre los sectores a lo largo del tiempo” y “ajustar” las medidas implementadas en lo más duro de la crisis para apoyar empleos, ingresos y empresas.

“Si no se hace, se podría obstaculizar la productividad total y la recuperación económica al quedar los recursos atrapados en empresas y empleos zombis no productivos y al reducir las perspectivas de cambio de trabajo hacia posiciones más productivas y mejor remuneradas”, advierte la OCDE. De lo que se trata, subraya, es de “apoyar a los trabajadores en vez de los empleos”, lo que requiere, insiste, de un “reajuste gradual” de las medidas, que también deben ir acompañadas de un “renovado impulso para implementar reformas estructurales que aumenten las oportunidades de los trabajadores desplazados y refuercen el dinamismo económico, impulsando la redistribución de recursos laborales y de capital hacia sectores y actividades con el mayor potencial de crecimiento”.

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