Para Nadal no hay paréntesis

¿Paréntesis? ¿Alguien dijo paréntesis?

En aproximadamente 20 minutos, Rafael Nadal (doble 6-1 a Pablo Carreño) ya ha cogido calor y esos automatismos que reclamaba en la antesala del torneo de Roma salen disparados de su raqueta. Vuelve el balear a deslizarse y a esquiar, a disfrutar porque habían sido 200 días sin pisar oficialmente una cancha pero para él, amante de la competición y la adrenalina y sobre todo de su querida tierra, han sido algo así como media vida. Reapareció el de Manacor como el niño al que le han devuelto su juguete, hambriento y con ganas de comerse la pista, y su adaptación tardó lo que le costó calibrar y cogerle las dimensiones a la pista: dos, tres, cuatro juegos. No más.

Salió Carreño con alegría, con ganas de estirar esa dinámica tan buena que traía desde el otro lado del Atlántico, pero a la que Nadal rompió a sudar el asturiano fue apagándose y bajando los brazos. No había nada que hacer. Es decir, la vida sigue más o menos igual. La incógnita sobre cómo reaccionaría el mallorquín después 200 días exactos sin librar ninguna batalla se esfumó en cuanto su bola pesada comenzó a ganar efectos. De nuevo, como si no hubiera pasado el tiempo y no hubiera existido pausa alguna, Nadal volvió a recrearse en su superficie favorita. Concedió una opción de break en su primer turno de servicio, pero a partir de ahí, velocidad de crucero.

El segundo lo firmó en blanco y a la que ajustó la mirilla y adquirió temperatura empezó a desenfundar todo su repertorio: sensacional esa dejada de revés cortado, o ese otro cruzado y profundo que le permitió hacerse con su primera rotura del partido, para 3-1; o esos restos largos que botan sobre la línea y atropellan como un tren de alta velocidad al rival; o ese drive diabólico que empezó a sacar de quicio a Carreño, que venía a divertirse y plantar cara y se le hizo largo, larguísimo, el transcurso entre esos primeros cuatro juegos y el resto del choque.

Fino de piernas y pies, con la arrancada intacta y el plan a punto, Nadal siguió al pie de la letra el recetario: restó a cuatro metros de la línea para bombear y ganar pista, devolvió la pelota con plomo y ganado el espacio meció de un lado a otro desde esa posición periférica: tic-tac, tic-tac. Tan simple, tan complejo. Y Carreño, como cualquier otro mortal, acabó desesperado y de los nervios, mirando el reloj y el túnel de salida para a ver si así acababa pronto el mal trago. La tralla de Cincinnati y Nueva York, amén del traslado a Europa, también terminaron pasándole factura al semifinalista en Flushing Meadows.

En la lúgubre soledad de la central romana vacía, el gijonés se llevó otros tres bocados en la segunda manga y solo 1h 14m bastó para confirmarlo: Nadal ha vuelto tal y como lo había dejado el 29 de febrero en Acapulco, cuando levantó su último trofeo. Como una moto. Hizo lo esencial, aquello que aparentemente es sencillo y no lo es: no pensar. Fluir. ¿Qué son 200 días para él?

Este viernes, el número dos se enfrentará al vencedor del duelo que disputan Milos Raonic y Dusan Lajovic. Mientras tanto, Novak Djokovic también intervino el miércoles, con un triunfo sólido contra el local Salvatore Caruso (6-3 y 6-2), y la jornada deparó la sorprendente derrota del griego Stefanos Tsitsipas contra Jannik Sinner, prometedor italiano de 19 años (6-1, 6-7 y 6-2). También la derrota de Aliona Bolsova contra Ana Blinkova por 4-6 6-1 7-6(4). Este jueves, Garbiñe Muguruza se mide a Coco Gauff (hacia las 13.00, Movistar Deportes), tras el Pedro Martínez-Denis Shapovalov.

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